El origen histórico y constitucional de la posesión presidencial el 7 de agosto

Por Daniel Fernando Loaiza*

Hace un par de semanas un alumno me preguntó: “profesor, porque los presidentes se posesionan el 7 de agosto”, la respuesta es tanto jurídica como histórica.
Comencemos con la jurídica. La primera Constitución Política que dispuso señalar de manera expresa la fecha de inicio de las funciones presidenciales, fue la neogranadina de 1832 conocida originalmente como Constitución Neogranadina de 1832. Su artículo 100 señaló: “El Presidente y Vicepresidente electos entrarán en el ejercicio de sus funciones el día primero de abril, prestando el correspondiente juramento, que se les exigirá por el Presidente del congreso a presencia de él (…)”. La Constitución anterior de 1821, sólo establecía la duración del periodo y la prohibición de su reelección. Pero, ¿por qué el primero de abril?
En enero de 1811, don Jorge Tadeo Lozano encabezaba el denominado Colegio Constituyente y Electoral de la Provincia de Cundinamarca, y se encargó junto con Manuel Camacho Quesada -Presidente del Estado de Cundinamarca en 1812-, Luis Eduardo de Azuola -firmante del Acta de Independencia de 1810- y el cartagenero hijo de migrantes españoles José María del Castillo y Rada, entre otros, de la redacción de la Constitución de Cundinamarca. Para muchos, la primera constitución del mundo hispánico.
Aunque lleva por fecha el 30 de marzo de 1811, no está claro si se redactó íntegramente ese día, o si se culminaba su redacción. Pero puede afirmarse que gran parte de su contenido fue redactado por Jorge Tadeo Lozano, se promulgó el 4 de abril de 1811 y su decreto de promulgación lo firmó el mismísimo Tribuno del Pueblo José Acevedo y Gómez.
La tesis más aceptada, es que la escogencia de ese primero de abril al que se refiere el artículo 100 de la Constitución Neogranadina de 1832, correspondería a la data de la Constitución de Cundinamarca de 1811. Igualmente, porque el 1° de abril fue escogido don Jorge Tadeo Lozano como primer Presidente del Estado de Cundinamarca.
Desde la época, los presidentes de la República se posesionaron el primero de abril sin que existiera más explicación, que el hecho anteriormente relatado.
La Batalla de la Humareda de 1885 fue el último gran combate en la guerra civil colombiana de 1884 y 1885. Ocurrido el 17 de junio, con esa batalla culminó formalmente el radicalismo que dio camino al período de la Regeneración. El 10 de septiembre de 1885 el presidente Rafael Núñez afirmó desde el balcón del palacio: “La Constitución de 1863 ha dejado de existir”. Vino así la convocatoria del Consejo Nacional de Delegatarios que llevó a la Constitución Política de 1886, antípoda de la de 1863. De una Constitución liberal, laica, federal, se pasó a una conservadora, autoritaria, clerical y centralista. La batalla que terminó por hundir al radicalismo se produjo en aguas del río Magdalena.
El 5 de agosto de 1886 se posesionaba el presidente José María Campo Serrano. A él le correspondió sancionarla. El 7 de agosto en una alocución presidencial dirigida al Ejército, dijo: “¡Compatriotas! La obra de vuestros leales y abnegados esfuerzos ha sido coronada. La República, sedienta de paz y estabilidad, que colocó en vuestros brazos las armas, está de nuevo constituida; y en esta fecha, que recuerda la más brillante de las glorias de Colombia, comienza el primer periodo presidencial de la era de Regeneración que vosotros tan eficazmente contribuisteis a abrir”. El título XXI sobre las disposiciones transitorias, incluyó el artículo A bajo la siguiente literalidad: “El primer periodo presidencial principiará el día 7 de agosto del presente año”, algunos afirmarán que la norma tuvo por objeto conmemorar la batalla de Boyacá, pero la norma no dijo nada el respecto.
Pero, ¿si la Constitución Política de 1886 fue derogada por la actual de 1991, porque la posesión presidencial sigue teniendo lugar, el 7 de agosto de cada cuatrienio? La respuesta se traslada al denominado Régimen Político y Municipal contenido en la ley 4 de 1913, si bien una norma con más de un siglo de vida, es desconocidísima por políticos, autoridades, abogados y hasta profesores. Sin modificación alguna hasta la fecha, su artículo 270 señala: “El período de duración del presidente será de cuatro años, a contar del 7 de agosto de 1910. Lo propio se dice de los ministros y de los demás empleados del despacho ejecutivo”.
La Constitución Política de 1991 no señala cuando debe tomar posesión el Presidente de la República. Sobre el particular sólo señala ante quien debe tomar posesión, la duración de su periodo, la prohibición de su reelección, sus faltas absolutas y temporales, entre otros aspectos, pero no establece la fecha de inicio de su periodo presidencial. Para ello, debemos consultar la centenaria ley 4 de 1913.
Revisemos ahora la respuesta histórica.
El 7 de agosto de 1819 constituye uno de los puntos de inflexión más importantes de la historia política y militar de Hispanoamérica. Desde una perspectiva historiográfica, esta fecha no debe entenderse únicamente como el día en que se libró la Batalla de Boyacá, sino como el momento en que el proyecto de independencia de la Nueva Granada adquirió viabilidad política, estratégica y posiblemente institucional. En términos estrictos, el 20 de julio de 1810 marcó el inicio del proceso emancipador; el 7 de agosto de 1819 aseguró su éxito.
Para comprender la trascendencia de Boyacá es indispensable situarla en el contexto de las guerras de independencia hispanoamericanas. Tras la crisis de la monarquía española ocasionada por la invasión napoleónica de 1808, las élites criollas de distintos territorios americanos comenzaron a constituir juntas de gobierno bajo el argumento de preservar la soberanía en ausencia del rey Fernando VII. Sin embargo, aquellas primeras manifestaciones autonomistas pronto derivaron en movimientos claramente independentistas.
Reconquista
En la Nueva Granada, el proceso iniciado en 1810 estuvo lejos de ser lineal. Las provincias recién emancipadas no lograron consolidar una autoridad común y quedaron divididas por profundas diferencias políticas entre federalistas y centralistas. La ausencia de unidad debilitó el nuevo orden y facilitó la ofensiva militar emprendida por la Corona española a partir de 1815 bajo el mando del general Pablo Morillo. La denominada Reconquista Española restableció temporalmente el dominio colonial mediante una política de severa represión contra los dirigentes patriotas. La ejecución de figuras como Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y Policarpa Salavarrieta simbolizó el propósito de restaurar plenamente la autoridad imperial.
No obstante, la derrota militar de los primeros movimientos independentistas no significó el fracaso definitivo del proyecto emancipador. Por el contrario, obligó a sus líderes a replantear su estrategia. Fue precisamente en ese escenario donde Simón Bolívar desarrolló una de las concepciones militares más innovadoras de toda la guerra de independencia americana.
La campaña de 1819 fue concebida sobre un principio clásico de la estrategia militar: sorprender al enemigo allí donde considera imposible un ataque. Mientras el mando español esperaba un avance por las rutas tradicionales, Bolívar decidió conducir a su ejército a través de los Llanos Orientales durante la temporada de lluvias y posteriormente cruzar el Páramo de Pisba, una de las regiones más inhóspitas de la cordillera Oriental.
El ejército patriota enfrentó inundaciones, temperaturas extremas, escasez de alimentos, enfermedades y la pérdida de hombres, caballos y equipos. Sin embargo, el costo humano de la travesía fue compensado por el extraordinario efecto estratégico de la sorpresa. Los mandos españoles jamás previeron la llegada de un ejército por aquella ruta.
Pantano de Vargas
En la Batalla del Pantano de Vargas librada el 25 de julio de 1819, las fuerzas patriotas estuvieron cerca de ser derrotadas. La célebre carga de los lanceros comandados por Juan José Rondón permitió evitar el colapso del ejército de Bolívar y preservar la iniciativa estratégica. Sin aquella victoria, Boyacá probablemente nunca habría ocurrido. Dos semanas más tarde, ambos ejércitos convergieron en las inmediaciones del puente sobre el río Teatinos, en la provincia de Tunja. El ejército realista, comandado por el coronel José María Barreiro, pretendía llegar rápidamente a Santafé para asegurar la capital del virreinato. Bolívar entendió que debía impedir esa unión antes de que los españoles consolidaran su posición.
Barreiro marchaba con sus tropas divididas entre una vanguardia y el grueso del ejército. Bolívar identificó esa separación y ordenó ataques simultáneos dirigidos por Francisco de Paula Santander sobre la vanguardia y por José Antonio Anzoátegui contra el cuerpo principal. La maniobra impidió que ambas columnas realistas pudieran apoyarse mutuamente y produjo el colapso de su dispositivo militar en apenas dos horas de combate.
Desde el punto de vista estrictamente militar, Boyacá no fue una batalla especialmente sangrienta si se compara con otras campañas napoleónicas o americanas. Las bajas fueron relativamente reducidas. Sin embargo, la importancia histórica de una batalla no depende necesariamente del número de muertos, sino de sus consecuencias políticas. En este aspecto, Boyacá fue decisiva.
La captura de Barreiro a manos de un niño de 11 años conocido como Pedro Pascasio Martínez, y la destrucción del principal ejército realista en el interior de la Nueva Granada dejaron prácticamente indefenso al virreinato.
Cuando el virrey Juan de Sámano recibió la noticia de la derrota, abandonó precipitadamente Santafé y huyó hacia Cartagena. La capital quedó abierta al ingreso del ejército libertador, quien entró el 10 de agosto de 1819 sin encontrar resistencia significativa.
La ocupación de Bogotá transformó radicalmente el equilibrio de poder. Los patriotas obtuvieron el control de la administración pública, de la hacienda colonial, de los arsenales, de la imprenta oficial y de las principales fuentes de financiación del Estado. Dichos recursos permitieron sostener las campañas militares posteriores que conducirían a la liberación de Venezuela, Ecuador y Perú. La batalla de Boyacá no puso fin inmediato a la guerra, pero sí alteró de manera irreversible el curso del conflicto.
El 7 de agosto de 1819 representa el triunfo de una nueva concepción del poder político. La victoria patriota significó el debilitamiento definitivo de la legitimidad de la monarquía española en el norte de Suramérica y abrió el camino hacia la construcción de Estados republicanos inspirados en los principios del constitucionalismo moderno: soberanía popular, representación política, separación de poderes y ciudadanía.

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