Nada importante, al parecer, se logró en la llamada cumbre de gobernadores y congresistas del Eje Cafetero, realizada la semana anterior en el Capitolio con la Directora de Planeación Nacional, con el propósito de analizar la participación de los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío en el Plan Nacional de Desarrollo que está a estudio del Congreso.

Decimos esto porque, para empezar, ni siquiera asistieron a la reunión todos los senadores y representantes supuestamente elegidos por estos departamentos, y segundo porque la posibilidad de que las cifras incluidas en el proyecto se puedan mejorar, especialmente en lo que tienen que ver con Risaralda, es prácticamente ninguna.
La cifra asignada a Risaralda ni siquiera se acerca a la media nacional y dista mucho de lo que correspondería si se analizara desde el punto de vista de la distribución per cápita de los recursos del presupuesto general de la Nación. Bajo esta óptica nuestra región no ocuparía los últimos lugares, tal vez sólo superada por el olvidado Departamento del Chocó, que ocupa hoy en la asignación de los recursos para inversión de que va a disponer el país en lo que queda del actual gobierno.

Con la excepción de la Plataforma Logística del Eje Cafetero y el Paisaje Cultural Cafetero que ya está priorizados en el Plan Nacional de Desarrollo y que pueden entrar a hacer cola en la larga lista de compromisos del Gobierno, el resto de los proyectos que necesitan y esperan los municipios, y sobre los que este gobierno generó tanta ilusión, tienen para ser prácticos, una posibilidad muy remota.

Cuál es la razón para que esto pase, para que un departamento que ha acompañado siempre al actual partido de gobierno y, claro está, al actual mandatario, sea tan mal tratado en la principal herramienta para el desarrollo de la región y en la única posibilidad de financiar las obras que necesita el departamento; por supuesto no la sabemos, pero se nos antoja que la falta de gestión y el divorcio entre la clase parlamentaria, tienen mucho que ver.
No se necesita mucho para saber que la Costa Atlántica, o que Antioquia, o que el Valle y aún que Caldas, obtienen lo que quieren porque dejan en sus tierras todas las diferencias políticas y personales que pueden tener y se van a Bogotá en bloque monolítico a exigir lo que consideran es un derecho de sus regiones.

En cambio, en nuestro departamento es un imposible hasta sentar en la misma mesa a todos los congresistas, a los mandatarios y a los dirigentes políticos y gremiales a discutir los proyectos que más necesita Risaralda y para los cuales se va a pedir en bloque el apoyo nacional.

Aunque difícil, todavía hay posibilidad de conseguir un mejor trato para Risaralda en el Plan Nacional de Desarrollo que está en discusión. Se necesita eso sí, una acción conjunta y coordinada de todas las fuerzas del departamento y una voz recia en el Congreso que se haga sentir y hacer valer nuestra representación parlamentaria. De lo contrario, le tocará a la región seguir esperando que algún presidente más grato se acuerde de Risaralda.

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