L

a indigencia y la situación de calle son uno de los más delicados y, si se quiere, graves problemas sociales que tienen nuestras ciudades. En Pereira, lamentablemente, este par de condiciones no solo son una realidad, sino que han alcanzado una presencia y una dimensión preocupante para cualquier comunidad.

Basta hacer un recorrido rápido por las principales calles de la ciudad para ver de qué tamaño es este problema. Decenas de personas en condiciones físicas y síquicas lastimosas tiradas en las aceras, o recorriendo las vías y esculcando los depósitos de basura en busca de algo para comer o para vender por cualquier cosa, o viendo a ver que encuentran mal colocado para llevárselo, o simplemente buscando que se pueden robar para convertirlo en alguna sustancia alucinógena.

Lo más grave es que estas personas, seguramente bajo los efectos del pegante o de cualquier sustancia que altera las condiciones síquicas del ser humano, son un peligro para la comunidad, porque se tornan agresivas con sus semejantes, porque cuando tienen necesidad de comer o de consumir droga hacen lo que tengan que hacer para satisfacer su necesidad, y porque constituyen una mácula para la ciudad.

Una ciudad que está haciendo un esfuerzo importante por brindar todas las condiciones que requiere un buen destino turístico, un importante centro de negocios y un lugar atractivo para la inversión, no puede ofrecer una imagen y un panorama tan deprimente como el que hoy está mostrando Pereira.

Estamos seguros que nadie querrá volver a una ciudad donde lo que encuentra, además de graves problemas de movilidad, de suciedad, de ruido y de desorden en sus calles, son indigentes por todas partes, tirados en los andenes, o molestando a los transeúntes, o dando espectáculos realmente desagradables para los que están a su alrededor, o, lo que es más grave, generando un ambiente de inseguridad en toda la ciudad.

Todo el mundo sabe, empezando por las propias autoridades de policía, que estas personas roban, o atracan, o matan, o hacen lo que tenga que hacer, para poder satisfacer sus principales necesidades y especialmente su adicción a las drogas o a las sustancias alucinógenas. Por eso, constituyen un peligro para cualquier sociedad.

Alguien, pues, se tiene que interesar por este grave y creciente problema que tiene la ciudad. Pereira no puede dejar que la indigencia, el desamparo absoluto y el abandono público, sumado a una adicción casi que irreversible de estas personas, siga avanzado y convirtiéndose tal vez en su peor lastre.

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