Fruto de un convenio interinstitucional se acaba de presentar un completo estudio sobre el Chocó Biogeográfico Risaraldense. El documento consta de dos tomos: el primero sobre las alianzas estratégicas para el conocimiento y conservación de la riqueza cultural y biológica en los territorios étnicos del alto San Juan y el segundo sobre los territorios colectivos de las comunidades negras de esta zona. Acerca de los hallazgos y la importancia de este documento hablamos con Moisés Mosquera del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico y Jaime Andrés Carranza, docente del programa de Biología de Unisarc e investigador del Grupo de Investigación en Biología de la Conservación y Biotecnología.

¿En qué consiste este estudio sobre el Chocó Biogeográfico Risaraldense?
Moisés Mosquera. En el marco de la gestión que está haciendo el Instituto de Investigaciones Ambientales en el Chocó Biogeográfico, que tiene una parte que le corresponde a Risaralda, hemos hecho una alianza con la Cárder, la Universidad Unisarc y Parques Nacionales. Desde el 2014 venimos haciendo una gestión por la investigación sobre los recursos naturales y la biodiversidad en el Chocó Biogeográfico Risaraldense. De esas investigaciones se han generados unos resultados que se sintetizaron en un documento que estamos poniendo en conocimiento de la comunidad y de los tomadores de decisiones para la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales en dicho territorio.

¿Qué engloba la expresión Chocó Biogeográfico?
M.M. Corresponde a una franja que viene desde los límites con Panamá hasta los límites con Ecuador la cual comprende siete departamentos: Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Risaralda, Antioquia y Córdoba en donde tenemos una gran riqueza cultura y biológica que ha permitido la interacción de las comunidades negras e indígenas para la conservación de esos recursos naturales. La investigación nos muestra especies casi únicas que existen en la zona, en especial aves, anfibios y reptiles.

¿En esa zona que le corresponde a Risaralda?
Jaime Andrés Carranza. Risaralda está subdividida en tres sub-regiones, una de ellas es el Chocó Biogeográfico que incluye los municipios de Mistrató y Pueblo Rico. Son unas 100.000 hectáreas en donde tenemos comunidades campesinas, negras e indígenas, en especial asentadas en la cuenca alta del río San Juan donde están ubicados los territorios colectivos en los que hemos venido trabajando.

¿Cuál es el estado actual de conservación de esta zona?
M.M. El estado de conservación es favorable, pero no es menos cierto que existen amenazas fuertes que puede atentar contra la conservación de esos recursos. La apertura de la carretera es un factor que si no se hace una sensibilización puede afectar el estado de esos ecosistemas estratégicos, también la llegada de modelos productivos no sostenibles que no son consonantes con la oferta ambiental y con las tradiciones de las comunidades locales. Estos estudios son, precisamente para ello, para que los tomadores de decisiones, las alcaldías, las gobernaciones, los directores de entidades descentralizadas que tienen que ver con decisiones en esa área involucren estos insumos en sus planes de acción.

¿El turismo es también un factor perturbador?
J.A.C. Hay una amenaza adicional que es reciente y está empezando a abrirse camino en la región, sobre todo ahora en la época del postconflicto, la cual tiene que ver con el turismo sin control. Es una zona, que como está plasmado en los resultados que están en libro, tenemos una riqueza biológica muy alta en donde confluyen elementos bióticos del Pacifico y de los Andes lo que permite que existan especies de mucho valor para la conservación, las que están amenazadas por el tráfico ilegal y otros factores. Particularmente especies carismáticas grandes, como osos y jaguares y aves que se afectan por el deterioro del hábitat, pero también anfibios y aves pequeñas que son víctimas del tráfico ilegal.

¿Cómo ha golpeado la zona la minería ilegal?
M.M. La minería ilegal fue un factor de disturbio en toda la cuenca del río San Juan. Una acción de la corporación ha atenuado un poco el desarrollo de la minería ilegal en el territorio, pero ésta es un factor determinante para la alteración de esos ecosistemas.
J.A.C. Ahora se practica bastante la minería, pero de tipo tradicional y artesanal, cuyo impacto no es tan grande. Pero eso hace que el sitio esté en la mira de las concesiones mineras.
M.M. Allí hay que resaltar que en esa alianza juegan un papel muy las comunidades locales que son dueñas del territorio, son territorios colectivos que están en manos de indígenas y comunidades negras de los consejos comunitarios.

¿En cuánto a la riqueza biológica, qué encontraron en la zona?
J.D.C. Nos hemos acercado bastante a partir de monitoreos en compañía de los co-investigadores locales, que son gente de la comunidad que se ha venido capacitando en cuanto a identificación de especies y técnicas de campo. Encontramos unas 250 especies de aves en territorio relativamente pequeño y 80 especies de anfibios y reptiles –el grupo de los anfibios despierta mucho interés porque 16 de estas especies son endémicas y únicas en la región y el país-. En el grupo de los mamíferos, en el área de los voladores, el territorio colectivo fue declarado como un área de importancia para la conservación de los murciélagos. En un balance general de los grupos biológicos que se han monitoreado, lo que tenemos es una riqueza excepcional que consideramos que puede ser clave para alternativas de desarrollo económico más sostenible y amigable con el ambiente.

¿Y en cuánto a la flora?
J.D.C. En plantas tenemos una diversidad importante y hasta ahora hemos reconocido unas 350 especies de plantas que incluyen árboles y otras plantas que están en el ecosistema cumpliendo otras funciones: están sosteniendo animales, son alimento de otros animales o aportan a la función del ecosistema. En este campo aún falta mucho por explorar dado que el Chocó es de las regiones del mundo con mayor diversidad de plantas e inclusive hay sitios donde se pueden encontrar hasta 280 especies distintas de árboles por hectárea. Allí tenemos además una transición hacia zona de montaña que hace que sea más especial porque tenemos plantas de los Andes y del Pacífico.

¿Pero se trata de una riqueza que está en riesgo?
M.M. Hay que agregar que una de las cosas que está poniendo en riesgo esa riqueza es que el desarrollo de algunas actividades ilegales, como la minería, la deforestación o la tala del bosque para poner ganadería en áreas que no corresponden, están atentando contra los modelos productivos sostenibles tradicionales dela gente. Esto ha llevado a que en esos territorios se generen problemas de hambruna, la gente tiene problemas de seguridad alimentaria en el territorio y ese es un factor muy perturbador porque la gente para poder asegurar la comida tendrá que ir al bosque a intervenirlo, tumbar un árbol para venderlo por madera para generar algún tipo de ingreso y llevar la alimentación a su familia. Hay que hacer un llamado a que las entidades cuando vayan a identificar proyectos que vayan a las comunidades, las consulten para que no lleven proyectos que la gente no los apropia. Esto ha conllevado a que en medio de tanta riqueza la gente está aguantando hambre.

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