El miércoles pasado la movilidad en la ciudad y en el vecino municipio de Dosquebradas colapsó por causa de la protesta de los taxistas de estas dos ciudades que cerraron el Viaducto y sus principales vías, e hizo prácticamente imposible pasar de una población a  otra.

La razón de la protesta fue la misma que hace rato vienen esgrimiendo los prestadores del servicio de taxi y es la afectación que les generan las plataformas digitales y el, según ellos, muy poco control por parte de las autoridades a los vehículos que bajo esta modalidad compiten con ellos.

Por supuesto, el gremio de los taxistas tiene todo el derecho a protestar por lo que consideran es una competencia ilegal y a reclamar de las autoridades una acción más fuerte para controlarlo. Pero a lo que si no tienen derecho los dueños de los “amarillos” es a paralizar la ciudad de la manera que lo hicieron esta semana y a causarle un perjuicio a los ciudadanos como el que le causaron con el bloqueo que hicieron.

Hay muchas formas para que los taxistas puedan manifestar su malestar por la competencia que están teniendo y que ellos consideran ilegal, o por la poca atención a sus quejas que les están dando las autoridades locales; antes que taponar las principales vías de la ciudad y obstruir la movilidad de los pereiranos.

Por qué razón van a tener los ciudadanos comunes y corrientes, que sufrir los perjuicios de un problema que no es de ellos, ni tienen velas en ese entierro y mucho menos la posibilidad de solucionarlo. Bloquear la ciudad de la manera que lo hicieron el miércoles, no solo es una actitud equivocada, sino que merece el rechazo y la condena de todos los ciudadanos.

En este espacio hemos sostenido varias veces que la existencia de plataformas como Uber, es el resultado exclusivo del mal servicio de los taxistas, de sus altos costos, del pésimo estado interno de los vehículos y de la mala educación y poca cordialidad de quienes están al frente del timón.

Una persona que toma un taxi y se encuentra con un conductor que no responde el saludo, que se va madreando a todo el mundo, que maneja a los trancazos, que cobra lo que le parece y para completar con un vehículo sucio, que huele maluco y con un radio a todo volumen; y luego aborda un Uber y se topa con una persona que saluda, que le pregunta por donde se quiere ir, que consulta si le molesta la emisora que tiene sintonizada, que conduce con cuidado y que cobra lo justo y que para rematar con carro limpio y en perfecto estado, estamos seguros que no vuelve a utilizar el servicio corriente de taxis.

Nos parece, pues, injusto con los pereiranos, por decir lo menos, el paro de los taxistas y el bloqueo que hicieron de la ciudad el pasado miércoles. Esta no es la forma de hacer oír sus peticiones, mucho menos si en el fondo no los asiste la razón y son los responsables de que las personas estén prefiriendo otras opciones.

 

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Peaton

Y lo peor, no hubo multas, comparendos ni grua que llevara los taxis a los patios. El alcalde de Pereira y las autoridades se hicieron los locos. Que pasaria si los que hicieran el bloqueo fueran los motociclistas?. Averiguen el por que?.

Jose Hernando Bermudez

Los cupos de los taxis están congelados hace mucho rato, las ciudades han crecido en extensión y población y el transporte informal está amparado en el Derecho Fundamental AL TRABAJO consagrado en la Constitución Nacional; es necesario impulsar un plebiscito para preguntarle a los colombianos si están de acuerdo o no con el transporte informal y de ahí en adelante que se empiece a Legislar sobre su adecuación. ESO SI ES JUSTICIA.