Cáncer y pandemia

Dr. Juan Carlos Cobo Alvarado

Medico Especialista en Medicina Critica y Cuidados Intensivos

Director Cientifico de la Clínica San Rafael

 

Desde el inicio de la emergencia sanitaria en marzo del presente año, vamos conociendo las devastadoras consecuencias de la COVID-19, siendo los pacientes con cáncer uno de los grupos poblaciones más afectados por las complicaciones mortales de la infección y que expondremos en el siguiente texto.

Por ser la COVID-19 una enfermedad nueva, desconocida y desconcertante, no teníamos antecedentes clínicos respecto a su comportamiento hasta antes de diciembre de 2019. Los primeros brotes en China, Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, nos ha permitido establecer que no todos los pacientes con cáncer se comportan de igual forma, cuando se infectan con el SARS-COV2 (Nombre del virus causante de la COVID-19).

Los pacientes con cáncer de próstata y mama tienen el mismo riesgo de desarrollar complicaciones graves que la población general sin cáncer, pero los pacientes con cáncer de origen hematológico (Leucemias y Linfomas), no tienen la misma suerte y al contagiarse con SARS-COV2 tienen frecuentemente complicaciones graves con una alta mortalidad observada. No hay claridad científica porqué este comportamiento desfavorable, pero lo importante es hacer un llamado a la población con enfermedad oncológica y sus familiares, de salvaguardar su salud, evitando las acciones inseguras para la COVID-19, como lo son la falta de distanciamiento social, mal uso del tapabocas y pobre higiene de manos.

Esta responsabilidad va más allá de los pacientes diagnosticados con cáncer y toca a sus familias y entorno social, debido a que el modo de transmisión en un 90% se da por reuniones familiares y de amigos, sin las medidas básicas y con exposición directa o indirecta a los pacientes con cáncer.

Los pacientes con cáncer que han sido contagiados y han desarrollado la COVID-19 y han ingresado a Unidades de Cuidados Intensivos por complicaciones generalmente pulmonares, tienen una mortalidad superior al 90%, cifra muy superior a la mortalidad de personas sin cáncer y COVID-19. Este comportamiento desfavorable se observa en todas las edades del paciente oncológico, donde los pacientes menores de 30 años sin cáncer tienen una mortalidad por la COVID-19 baja (menor al 1%), pero esta situación cambia dramáticamente en los pacientes oncológicos, dejándolos al mismo nivel de mortalidad de pacientes COVID-19 positivos mayores de 80 años.

La reflexión es para todos, pero en especial para las personas y familias que padecen cáncer, no hay una segunda oportunidad en la mayoría de los casos, es la prevención efectiva y continua la única opción que previene desenlaces tan sombríos como los que acabamos de describir. No hay una vacuna efectiva en el futuro inmediato, lo que nos obliga a todos y cada uno de los ciudadanos con nuestro comportamiento social el contribuir a que la población vulnerable a las complicaciones mortales de la COVID-19 (no sólo pacientes con cáncer, sino también diabéticos, obesos, hipertensos, mayores de 60 años) tengan una baja tasa de contagio por SARS-COV2

Los pacientes con cáncer que han sido contagiados y han desarrollado la COVID-19 y han ingresado a Unidades de Cuidados Intensivos por complicaciones generalmente pulmonares, tienen una mortalidad superior al 90%, cifra muy superior a la mortalidad de personas sin cáncer y COVID-19. Este comportamiento desfavorable se observa en todas las edades del paciente oncológico, donde los pacientes menores de 30 años sin cáncer tienen una mortalidad por la COVID-19 baja (menor al 1%), pero esta situación cambia dramáticamente en los pacientes oncológicos, dejándolos al mismo nivel de mortalidad de pacientes COVID-19 positivos mayores de 80 años.

La reflexión es para todos, pero en especial para las personas y familias que padecen cáncer, no hay una segunda oportunidad en la mayoría de los casos, es la prevención efectiva y continua la única opción que previene desenlaces tan sombríos como los que acabamos de describir. No hay una vacuna efectiva en el futuro inmediato, lo que nos obliga a todos y cada uno de los ciudadanos con nuestro comportamiento social el contribuir a que la población vulnerable a las complicaciones mortales de la COVID-19 (no sólo pacientes con cáncer, sino también diabéticos, obesos, hipertensos, mayores de 60 años) tengan una baja tasa de contagio por SARS-COV2