Las compañías pueden tener representativas pérdidas por los ciberdelitos

Las organizaciones deben asumir el gran reto de no ser objeto de estafa o perturbaciones en la operaciones comerciales y empresariales; una contante que ha ganado terreno llevando al robo de datos afectando la productividad y estabilidad. Perfiles falsos, la suplantación de identidad, piratería en línea y varios otros abusos pueden ser aplicados por los defraudadores y los estafadores digitales, incluso puede servir de puerta de entrada a las filtraciones y al ransomware.

La pandemia ha acelerado la transformación digital de muchas industrias, lo que ha impulsado consecuentemente el crecimiento del sector del comercio electrónico, con más personas conectadas. Esto ha atraído a los ciberdelincuentes, que buscan oportunidades para operar.

Con más dinero circulando, gente usando Internet y, sobre todo, nuevos consumidores haciendo compras online, los ciberdelincuentes tienen más oportunidades de beneficiarse.

Riesgos digitales que pueden amenazar a los negocios

Perfiles falsos

Se evidencia un aumento de perfiles falsos que utilizan la reputación de grandes marcas para engañar a la gente, además de un mayor número de seguidores de perfiles fraudulentos en redes sociales y mensajeros (Whatsapp), que utilizan marcas sin permiso.

En peligro reputación de las marcas

Malware y Ransomware

Los consumidores inician la carrera de descarga de apps de las tiendas o las comparaciones de precios en busca de las mejores ofertas. Los ciberdelincuentes podrán aprovecharse de ello. Es probable que se vean más infecciones en teléfonos móviles u ordenadores con malware (virus, adware, spyware y troyanos). Sin embargo, los ciberdelincuentes pueden dirigir sus ataques a las empresas, a menudo utilizando falsas ofertas para atraer a los empleados y hacer que instalen un archivo o accedan a un enlace como puerta de entrada a las estafas.

Las empresas deben invertir en vigilancia, para conocer los anuncios antes de que sus clientes sean engañados y sus ventas desviadas.

Piratería online

En este caso, se vende y se entrega al consumidor un producto falso de dudosa calidad o incluso genuino, pero copiado -no autorizado o modificado-. Muchos no aceptarán que han sido engañados y pueden perder la confianza en la marca. Es fundamental que las empresas busquen productos piratas en todo tipo de canales o plataformas de venta y soliciten el takedown, es decir, la retirada de esta falsa oferta.

Phishing

Aquí los ciberdelincuentes utilizan anuncios, correos electrónicos y perfiles falsos para infectar dispositivos y robar datos corporativos. El daño no se limita a los consumidores engañados, sino que la amenaza puede convertirse en Spear Phishing y ser un vector para el robo de credenciales corporativas y estafas digitales, lo que lleva a la pérdida de reputación de la marca, conlleva riesgos operativos y de protección de datos, además de procedimientos legales por parte de clientes perjudicados, pérdidas financieras y pérdida de confianza en la marca.

Anuncios falsos

Este puede ser el delito más común, ya que busca dirigir a la víctima a un perfil falso, a una web de phishing o incluso convencer a alguien de que un producto falso es auténtico. Los anuncios falsos se abordan de forma muy similar a la suplantación de identidad y los perfiles falsos. Es necesario educar a los empleados para que no caigan en llamadas fantasiosas y promesas exageradas.

Fuga de datos

Con el alto volumen de transmisión de datos, los ciberestafadores aumentarán sus estrategias para robar, ya sea para extorsionar a las empresas, aplicar estafas de ingeniería social o monetizar en la dark web vendiendo información. Las empresas deben estar atentas a las posibles filtraciones.

Estafa digital

Esta ocurre cuando se vende un producto, pero no se entrega. Se trata de perfiles o sitios web falsos que dañan la reputación de la marca, por lo que las empresas deben estar atentas a los sitios web falsos, a los dominios similares y a los perfiles falsos que utilizan la marca en la URL o en los contenidos, a la presencia del logotipo y a los términos relacionados con el producto y el servicio, entre otros factores capaces de llevar a los consumidores al fraude digital.

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