A mi padre Nicanor Ocampo Marín

Corría el año 67, había un café en la esquina de la calle 19 entre novena y décima, allí solían esperar solo para verla pasar un grupo de amigos muy particular, ahí viene gritaba uno, la palmera le decían, me voy a casar con ella, será la madre de mis hijos, estás borracho Nica, le decían sus amigos, podría ser tu hija, pero no lo es, idiotas, y no estoy pidiendo opinión. Mientras tanto ella fingía no darse cuenta de nada, qué va fijarse en mí un hombre tan elegante, tiene pinta de importante, me imagino la familia y no imaginaba mal, era nada más y nada menos que el menor de los Ocampo, y entre el yo creo y yo pienso se les fue juntando la vida por casi 50 años, él abandonó el mar y se vino a tierra firme a vivir con la palmera, él puso la elegancia, ella puso la belleza, él puso la experiencia y ella la paciencia… y qué paciencia… y así surgió la historia de un amor inconcebible, ya no existe el café, tampoco el grupo de amigos, ni el señor elegante, solo queda la palmera, que es mi señora madre, por que sí se casó con ella y sí fue la madre de sus hijos y la abuela de su nieta. En cuanto al hombre elegante, estaría de cumpleaños 86 del alma, el era mi señor padre Nicanor Ocampo Marín. (Por Mónica Ocampo Londoño).