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jueves, octubre 6, 2022

“Directoras del Nuevo Cine Alemán: Talentosas, radicales y proscritas”

Gustavo Valencia Patiño

Un aspecto tan importante como interesante de analizar, sin parangón en la historia del cine alemán ni mundial, y que obtiene el mismo ostracismo al que fueron condenados los pioneros del NCA, es el relacionado con el cine dirigido y escrito por mujeres.

Este capítulo muy especial y único en la historia del NCA, del cine europeo y del cine mundial, no se corresponde con el gran desconocimiento de su inmensa obra, la variada temática, sus diversos componentes y formas de abordar el arte de hablar con las imágenes en movimiento. Al igual que con los firmantes del Manifiesto, de Oberhausen, muchas de estas directoras, también, por sus muy radicales planteamientos políticos y feministas, no fueron promocionadas en su momento y con el paso de los años, se les cubrió con un pesado manto de olvido y desconocimiento, y en el mejor de los casos, de tergiversación y adulteración. Cine vetado. Condenadas así al ostracismo y desconocimiento en su propio país, lo son mucho más fuera de sus fronteras.

Es imposible deslindar campos o señalar hasta dónde va lo ideopolítico y dónde comienza lo feminista, dado el carácter que reviste el movimiento feminista en Alemania y en concreto en estas primeras pioneras que acuden al medio fílmico. Por fortuna, son fronteras inexistentes y que van, en sus inicios, muy entremezcladas, aunque algunas directoras tengan presente que acuden a plasmar sus ideas, antes que nada, por su compromiso político que femenino, y como es de suponer, otras de ellas van a invertir los términos haciendo hincapié en las tesis de reivindicación feminista, hasta cuando el movimiento merma en sus actividades y lucha, y a la par, la industria del cine desvaloriza lo uno y lo otro, para simplemente entregar películas dirigidas por mujeres y que producen, claro está, buena taquilla.

Con sus realizaciones en el aspecto de lo social y laboral, presentan la explotación económica y pobreza que vivieron algunos sectores de la población en una Alemania que había logrado hasta el momento crear la imagen a nivel internacional del llamado “milagro alemán” y que por tanto, por los años setenta se supone que era una pujante y poderosa sociedad, que se encontraba lejos de situaciones de pobreza y desigualdad social. Estas directoras contradicen todo esto, además de analizar otros aspectos y facetas sociales y culturales con mucha claridad ideológica y política y saben plasmarlo en sus realizaciones con gran acierto y talento. Como era de suponer, esto no gustó en diversos estamentos sociales y círculos políticos y produjo, por las tesis feministas que plantean e impulsan, un choque directo y abierto a las estructuras patriarcales.

Si bien al principio existe una que otra realización donde sólo predomina el discurso reivindicativo y la calidad fílmica no es la mejor, a partir de esto se tomó la parte por el todo, haciendo carrera el mito, la falsa creencia existente al respecto de que este primer cine femenino es sólo panfletario y mal hecho, un simple discurso ideologizante sin mayor valor fílmico. Aunque resulta todo lo contrario, son directoras con un gran sentido de lo cinematográfico, de lo visual, y de experimentar con la misma estructura narrativa dentro de todo este conjunto fílmico pleno de innovaciones, cada una expone a su manera y según el relato mismo de la película, sus respectivos puntos de vista tanto reivindicativos como femeninos. Por eso mismo es que se habla de directoras de cine, no de panfletarias o de simples y esquemáticas transmisoras de ideas.

Contrasta con el hecho de que unas dos o tres décadas después, es decir, para los años finiseculares y principios de este siglo, e independiente de quien dirija, si hombre o mujer, comienza a tener una inusitada importancia lo que se quiere narrar, sin importar el cómo y olvidándose del medio a través del cual se expresa; hace carrera la tesis de que lo que importa es la historia que se va a relatar y nada más. Ahí sí que se cae en el panfleto cuando lo único que interesa es el “mensaje” y el cómo se va a expresar pierde importancia, o sea, en este caso el medio fílmico pasa a un segundo plano. Así se vuelve más panfleto y, por ende, mal hecho. Eso es lo que más se ve hoy en día, la degradación de lo fílmico en aras de que lo que importa es la historia. Nadie habla ahora de panfleto. Irónicamente esa preocupación sólo apareció cuando las mujeres se colocaron detrás de las cámaras a plasmar el mundo como lo ven y lo sienten ellas, a través del mundo de las imágenes en movimiento, y además con mucha creatividad y talento visual.

Estos son los aspectos predominantes en aquel cine de mujeres, es decir, temas de choque y debate, de discusión acalorada e incluso de calificativos peyorativos, de confrontación y cuestionamiento de conductas; elementos más que suficientes para poder entender, aunque sea someramente, el porqué del ostracismo al que fue condenado este movimiento y la mayoría de su producción fílmica: no por malo (ese es el mito), ni por deficiencias técnicas (aunque las hubo) o por panfletario (ese es el estigma), sino por controvertir y poner en tela de juicio con criterios políticos a un estado todavía con fuerte presencia nazi y de extrema derecha, además de confrontar y querer subvertir el orden patriarcal existente y como si fuera poco, atacar las ideas y creencias sobre comportamiento sexual femenino y presentar otras opciones, lo cual ya fue escándalo de orden moral. Sí, se convirtió rápidamente en un cine proscrito.

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