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domingo, marzo 3, 2024

Atrapados en la tragedia sobrevivieron 

Estos son relatos inspiradores de personas que han superado tragedias en esta región, destacando su resiliencia y determinación en medio de desafíos naturales y sociales.

Cada sismo o temblor reaviva la tragedia que dejó una marca indeleble en el cuerpo y dividió la vida de Salua Malvina Rhenals, como lo fue el de enero 25 de 1999. Cuatro años antes ella llegó al Eje Cafetero con la esperanza de mejorar su vida, como madre soltera, decidió emigrar desde la costa caribeña para brindarle a sus dos pequeños hijos, uno de 5 años y la menor de 1 año, la oportunidad de un futuro mejor.

Salua Malvina Rhenals vivió una tragedia en 1995 durante un terremoto que le arrebató las piernas a ella y a su pequeño de 5 años. En entrevista, Salua compartió detalles impactantes y dramáticos sobre aquel fatídico día.

En 1995, Salua regresaba de Medellín tras visitar a su hermano, planeaba mudarse con sus dos hijos a Pereira. Sin embargo, su destino dio un giro inesperado cuando un terremoto golpeó, cambiando el curso de sus vidas.

Salua, se encontró atrapada en la tragedia, cuando también sobre su hijo Manuel cayó el aquel muro, que suspendió las piernas de ambos cuerpos. Ella sólo escuchaba la voz de dolor de su hijo, vivió momentos angustiantes, suplicando ayuda mientras estaban entre escombros.

No obstante, la solidaridad de la comunidad y el apoyo de los organismos de socorro fueron vitales. Manuel fue llevado al hospital San Jorge, mientras Tatiana, su hija, recibía atención en la Clínica Risaralda en ese momento; la niña quedó ilesa pero fue entregada a su tía quien la crió y formó.

A pesar de la pérdida de sus piernas, luchó por sobreponerse. El proceso de adaptación fue desgarrador, pero la fuerza interior la llevó a recuperarse y buscar una nueva vida.

La tragedia no solo marcó la salud de Salud sino también la estructura familiar. Manuel, fue trasladado a Bienestar Familiar, pero esta valiente mujer recuperó a su hijo, el cual se convirtió en un pilar crucial. Salua, enfrentando la pobreza extrema, encontró fuerzas para reubicarse provisionalmente con la ayuda de la Red de Solidaridad en Salud.

A pesar de la adversidad, Salua se reconstruyó, se formó como Trabajadora Social y se involucró en proyectos comunitarios. Su lucha contra la mendicidad se tradujo en vender agua y luego en empanadas, demostrando una determinación inquebrantable.

La vida de esta madre cabeza de hogar se entrelazó con trabajos ambientales, recuperación de parques y programas de alfabetización. Su persistencia la llevó a ganar proyectos importantes que mejoraron la calidad de vida de su comunidad.

Finalmente, Salua continuó luchando por los derechos de las personas con discapacidad. Manuel, su hijo, se convirtió en un ejemplo de superación. En la entrevista reveló la fuerza y resiliencia, un recordatorio conmovedor de cómo, incluso en medio de la tragedia, se puede encontrar la luz y la esperanza.

Desde su adolescencia, Julio César Bonilla Cubillos se entregó apasionadamente al fisicoculturismo, y exploró el boxeo y la lucha libre. A los 14 años, la práctica deportiva se convirtió en más que un hábito; se erigió como un estilo de vida que, sin saberlo, sería su salvación en los desafíos venideros.

Los momentos previos al terremoto pintaron una escena cotidiana: Julio regresaba del gimnasio que administraba, compartía el almuerzo con su madre y se dirigía a clases. Pero ese día, el segundo piso de su casa se desplomó, llevándose consigo a su madre y dejando a Julio con lesiones, aunque su físico musculoso le otorgó cierta resistencia.

Este fatídico 25 de enero de 1999, el terremoto que sacudió a muchos quindianos dejó una marca indeleble en la vida de Julio. Ese día, no solo perdió a su madre, sino también su movilidad y su proyecto de negocio. Sin embargo, la tragedia no quebrantó su espíritu; al contrario, de las grietas y heridas, renació una versión de Julio más fuerte, compasiva y segura de sí misma.

Al finalizar el terremoto, la solidaridad vecinal y la pronta respuesta de la Cruz Roja fueron cruciales. A pesar de estar días perdido y no hallar a su familia, Julio fue trasladado a la clínica Rafael Uribe Uribe en Cali, donde se sometió a operaciones. Fue en ese trayecto que descubrió la identidad de la mujer fallecida a su lado en el carro: su madre.

La percepción de la vida tras estos eventos fue un vaivén entre la planificación de su nueva realidad en silla de ruedas y la depresión al conocer la muerte de su progenitora. Superó la adversidad con el apoyo de familiares, amigos, y la profesora María Eugenia, quien lo motivó a retomar su rol como entrenador de porrismo.

Las personas clave en su proceso de duelo y superación incluyeron a Arben Tobar, Fernando Panesso, su profesora, amigos como Gloria Zaraza y Diana, y sus cinco hermanos, quienes le brindaron fuerza y apoyo.

El aprendizaje más destacado fue comprender que el valor humano reside en la esencia y no en posesiones materiales. Julio resalta la importancia de ser buenas personas, ya que la adversidad puede arrebatar posesiones, pero la bondad perdura. Este relato es un testimonio de resiliencia y la capacidad de renacer incluso en los momentos más oscuros de la vida.

 

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