Voces y ecos

Omar Gómez Zuluaga publica sus poemas, escritos que nacieron a lo largo de su vida, en muy largos interválos, desde su juventud hasta la actualidad. El autor tiene la firme convicción de que la poesía se asemeja bastante a la mujer. La considera bella por el solo hecho de serlo, pero su hermosura resalta más si luce todas sus galas y atuendos. Este considera que la poesía, cuando realmente lo es, no necesita ni de métrica ni de rima.

 

Oración por la paz
En nuestro cielo pronto resplandece,
oh sol sublime de la PAZ sagrada,
sin ti exhausta y cansada desfallece
el alma mustia de la Patria amada.

Si nos niegas tu lumbre entenebrece
el odio con su sombra ensangrentada
el cenit de Colombia que fallece,
de este flagelo víctima agobiada.

Danos tu luz de unión y de concordia
y del amor el fraternal destello
que extinga en nuestro pecho la discordia.

Lava ya, PAZ, del crimen nuestras manos
y sígnanos a todos con tu sello
para vivir por siempre como hermanos.

Los cisnes
De la húmeda orilla tras flexibles juncales
donde solo las auras acarician su nido,
las delgadas cervices levantaron, triunfales,
y lanzaron al aire su profundo graznido.

Desplegaron, ufanos, nacarinos cendales,
de su veste sin macha de plumaje mullido,
y expandiendo sus alas con la luz en raudales,
un celaje fingieron por el éter perdido.

Contemplolos el cielo como copos de nieve
que recorren veloces la infinita distancia
al hacer, arrogantes, de sus galas alarde.

Y al mirar que desciende la volátil y leve
muchedumbre de cisnes con sutil arrogancia,
hasta el mar va con ellos a posarse la tarde.

Maldita luna
Mamacita, inquirió triste la niña,
quien el pan que me diste me robó?
Pero, dónde jugabas, hija mía?
Quién, dime quién contigo había
cinado el hurto ocurrió?
Te juro que jugando estaba sola…
Ah, tan sola con una…
(y señaló al zenit)
Pues entonces, hijita, solo ella
que parece tan cándida y tan bella
pudo engañarte así.
Pero, cómo, mamita, es que la luna…
Cálmate ya, mi amor, vete a la cuna
y procura dormir…
Muy temprano en la escuela
las niñitas salieron con afán
y en coro maldijeron a la luna
porque la luna les robaba el pan.

¿Por qué el destino?
Decirte adiós, sabiendo que te quiero;
decirme adiós, sabiendo que me quieres,
que con tanta crueldad tú a mí me hieres
con este adiós como con él que te hiero.

Sentir que al despedirme yo me muero;
sentir que al despedirte tú te mueres;
que antes que separarte tú prefieres
cualquier dolor, igual que yo prefiero.

Y sin embargo en el dulzor de un beso
dejar por siempre la esperanza trunca
y hecha pedazos nuestra mutua calma,

cuando con llanto nuestro pacto impreso
no vernos más sin olvidarnos nunca
tomamos la mitad de una sola alma.

Si el corazón cambiara
Oh, quién cambiara el corazón del hombre,
de paz remanso fraternal otrora
donde solo el amor echó raíces
y dio lozanos frutos de concordia,
donde lucieron hermandad y calma
nunca nubladas por la oscura sombra.
Oh, quién cambiara el corazón del hombre
donde funesta la maldad aflora
porque cayó más abajo que los brutos
a que mente natura negó proba,
para hundirse profundo en el abismo
de la crueldad, a la clemencia sorda,
donde el llanto no mueve lastimero
de los hijos, la madre, ni la esposa,
porque a todos en mares de ignominia
la atroz sevicia sin piedad ahoga.
Dueño absoluto, se pasea el crimen
por las comarcas, y ciudades todas,
por las aldeas del ayer tranquilas
en sus nefandas y malevas formas
ave fatal de destructoras garras
que en el alma se hincaron en Colombia
para arrancarle con aleve encono
cuando de noble sus entrañas brotan.
Oh, si cambiara el corazón del hombre;
si éste volviera tras la paz ignota,
otro sería su destino incierto…
La suerte de mi patria…Sería otra!!

Violencia… no!
Ave fatal de destructoras garras,
ciega al dolor y a compasiones sorda,
por qué te ensañas en herir salvaje
con tu crueldad que todo lo devora
a nuestra Patria presa de tu infamia
que más atrocidades no soporta?
Tú que arrebatas de los brazos mismos
de la madre del hilo o de la esposa
a tus víctimas tantas sin que sientas
el llanto y el dolor que los ahoga,
detente ya y deja que vivamos
de tus malvadas alas sin la sombra,
para que vuelva la simiente al campo
libre de la rapiña y la zozobra,
para que crezca plácida y lozana
la dulce paz en las ciudades todas,
para que el hombre sea para el hombre
el hermano, no el lobo que hasta ahora!

Pasión y orgullo
Si alguna vez acaso comprendiste
que el fuego de mi amor en ti fundaba
una ilusión, a la que tu pudiste
corresponder con el amor que ansiaba;

Si alguna vez mi alma sorprendiste
que al brillo de tus ojos se apegaba,
de esos tus ojos de mirada triste
y en ellos su mirada colocaba,

no creas, sin embargo que me urja
dar a mis ansias lo que siempre aspiran
porque mi amor hacia tu pecho surja.

Si hoy mi pasión, frustraba no palpita,
también hay sueños que al nacer expiran,
y en su botón la flor muere marchita.

Non Naturus
(Para mi dilecto amigo Carlos Ariel Correa Jiménez en momentos de su dura prueba)

Yo planté la simiente de tu vida
con lo más infinito de mi anhelo
para que fueras sangre de mi herida
y una fugaz estrella de mi cielo.

Mantuve siempre mi ansiedad prendida
impenetrable, inmáculo en tu velo,
y esperé día a día tu venida
con tierra dicha y paternal desvelo.

Más, oh efímero sueño irrealizado,
oh negación, temprana a mi esperanza;
el nido de mi pecho preparado

dejaste, sin venir nunca a su arrullo,
lirio que fuiste flor de mi añoranza
al encontrar la tumba en tu capullo.

Mujer
Obra maestra tú por excelencia
de la creación del Hacedor Divino;
fontana de lo bello, quintaescencia
de cuanto de sublime tiene el sino.

Senda de luz y fuente de existencia;
mar de ilusión, de la verdad camino;
de la eterna bondad clara evidencia,
puesta del hombre incierto en el destino.

Beso de amor o maternal ternura,
piélago de perdón y de consejo,
regazo que redime y que cobija!

En ti yo canto hoy, dulce creatura,
compendio de virtud, de Dios espejo,
a mi madre, a mi esposa y a mi hija!

Invierno y primavera
Del crudo invierno cuando ya no han pasado
despiadados y grises los rigores,
torna el jardín a verse salpicado
de dulce primavera con las flores.

Está el rostro del cielo despejado
y el rubicundo sol en sus albores
deja un matiz purpúreo y sonrojado
de la nube en la faz con sus colores.

También sufrió un invierno el alma mía,
cuando tú, de mi vida luz y guía,
me sumiste en la noche con tu ausencia;

Más hoy renace la apacible calma:
en el cenit ardiente de mi alma
vuelve a lucir la luz de tu presencia.

Fugax Apis
Cual navecilla que arribara al puerto,
cuando ya la jornada se partía
graciosa y bella se posó en mi huerto
una abeja, volátil fantasía.

El cáliz de mis flores tuve abierto
donde sin restricciones le ofrecía
a aquellas joya de volar incierto
cuanto yo supe que en su afán quería.

Hizo del néctar, laboriosa, ufana,
pródiga miel, alivio y lenitivo;
mas, ay de mí, que en frígida mañana

mi huerto dejar quiso abandonado;
y al tomarla en mi mano, persuasivo,
dejome en ella su aguijón clavado.

Macrophylla
(La Cabuya)

De esmeralda cuajada recubrió la natura
cada cóncava hoja, cual enorme saeta,
e hizo de ellas un cofre, do solícita, inquieta,
encerró el filamento de infinita blancura.

En la loma ondulante, o en la mansa llanura
de rodillas hincada, se esparció la silueta;
y miraron los cielos con cariño al asceta
que en sus manos eleva la oración a la altura.

Defensora parenne de minúsculos fundos,
en tupida barrera la cabuya sus hojas
entrelazada alargando como inmensa serpiente.

Y después los escapados, de confín sitibundos,
en las noches calladas de las grises congojas
como lágrimas lloran de su ser la simienta.

Muy tarde
Ya me cansé de golpear tu puerta
con la insistencia propia del mendigo,
pero nunca la vi a mi ruego abierta:
que no hay en ti para mi amor abrigo.

Hoy ya me voy con la esperanza muerta
a ver si lejos mi dolor mitigo;
tras la luz mustia de ilusión incierta
mi enfermo corazón se va conmigo.

Alguna vez cuando la tarde triste
musite mi recuerdo en tu ventana
te preguntas quizá por qué no abriste.

Pero entonces será todo tardío:
solo hallarás, hecho una sombra vana,
mi corazón que se murió de frío.

La tarde y tu
Era una tarde de dulzura tibia;
el sol alegremente salpicada
con manchas de oro el redondel inmenso
donde jugaba, retozona, el agua.
Una sonrisa iluminó tus labios
cuando llegó a tu oído mi palabra,
y en esa tu sonrisa placentera
nació para vivir siempre una esperanza.
Hoy, tras los días y quizá los años,
que traspasaron su frontera larga
te siento cerca, cada vez más cerca,
porque tu alma se metió en mi alma;
te siento mía, inmensamente mía,
porque bien sé que como yo me amas;
y cuando viertes la dulzura tierna
de tus ardientes besos que me abrasan
me apego más y más a tu cariño
y veo que ya nada nos separa,
porque, a pesar de todos y de todo,
el uno al otro nos hacemos falta,
y la dicha es más grande y es más nuestra
en la medida con que el tiempo pasa
uniendo nuestro anhelo en uno solo
y en una sola nuestras mutuas ansias!

El autor
Omar Gómez Zuluaga nació en Aranzazu, Caldas, pero apenas de meses fue llevado a Filadelfia, donde realizó sus estudios primarios. La educación secundaria la tomó en Popayán, de donde muy joven regresó a Filadelfia. Allí optó al título de normalista para desempeñarse luego por espacio de cuatro años en el magisterio, tres en Filadelfia y uno en Manizales. Estudió Contabilidad en el Sena, inicialmente en Manizales, y luego en Pereira, estudio que le permitió después desarrollar allí la labor de contador, en el mismo Sena y en diferentes empresas. Simultáneamente con su trabajo, adelantó en la Universidad Libre estudios para obtener el título de economista. Ha residido la mayor parte de su vida en Pereira, donde con su señora esposa Clementina Calderón, logró dar estudios superiores a sus cuatro hijos, que ahora ejercen, dos como arquitectos y dos como ingenieros.

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