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miércoles, junio 29, 2022

“Verónica resucitada”: historia de luces y sombras

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José Miguel Alzate

Hace siete años el escritor tolimense Carlos Orlando Pardo publicó una novela que es un viaje alucinado por los recuerdos de una mujer de espíritu rebelde que en sus mejores años probó los vientos de la libertad para, al final de sus días, encontrar una pared donde recostar esa soledad que la obliga no solo a buscar a su familia, sino también a hablar sobre su vida en el circo donde trabajó como trapecista. Verónica es el nombre de un personaje femenino que en monólogos donde fluye claro su concepto de la libertad cuenta cómo fue su vida durante esos sesenta años en que vivió alejada de sus dos hijas. Ella es una mujer que, en el otoño de su existencia, viviendo sola en un apartamento, busca el calor de un hogar para poder morir asistida por los suyos.

Verónica resucitada es el título de una novela escrita por Carlos Orlando Pardo, narrador de fina prosa nacido en El Líbano (Tolima). Es la historia de un matrimonio que se acaba cuando la mujer decide vivir un romance con el trapecista del circo donde trabaja. La novela está estructurada en dos técnicas narrativas que el autor maneja con un gran conocimiento de las posibilidades expresivas que ofrece el lenguaje. Por un lado, el narrador omnisciente que va contando la vida de Arturo, el marido abandonado por Verónica, un hombre bueno que encuentra en la lectura de la Enciclopedia Espasa una oportunidad para adquirir conocimiento. Por el otro, los monólogos de la mujer que quiere ver a sus hijas, y que cuenta su vida en el circo desnudando su alma para revelar sus alegrías y sus tristezas. 

En la obra narrativa de Carlos Orlando Pardo se descubre a un escritor que ha bebido en las fuentes clásicas para tejer con mano de orfebre esos monólogos donde el personaje deja fluir la conciencia para cuestionarse sobre lo que ha sido su existencia. Verónica es una mujer con una capacidad asombrosa para narrar su pasado y, al mismo tiempo, cuestionarse sobre su presente. En esa primera persona que maneja un lenguaje pulcro está el alma de alguien que sabe contar su sufrimiento. Como cuando habla sobre el momento en que intenta acercarse a su hija, a quien no ve hace sesenta años. Esta técnica narrativa le imprime a Verónica resucitada un ritmo que lleva encantado al lector hasta la última página, permitiéndole entender el dolor de una mujer que muere sin poder ver al esposo.

¿Por qué la novela se llama Verónica resucitada? Porque Arturo, el esposo abandonado, les dice a sus hijas que la mamá murió cuando ellas eran bebés. Las niñas crecen con la idea de que son huérfanas, y solo cuando ya son personas mayores, con un hogar formado, descubren que la mamá está viva. Inés lo supo la tarde en que recibe una llamada de la clínica donde Verónica es atendida. Sofía lo supo antes que ella, pero había prometido no decírselo. Cuando el personal de la institución de salud le informa que debe hacerse presente para que lleve a la mamá a su casa porque está desahuciada, Inés no entiende el mensaje. Sin embargo, se presenta en la clínica. Su sorpresa es grande cuando descubre el parecido con la mujer que aparece en una fotografía que su papá guarda debajo de su almohada. 

¿Existió en la vida real Verónica? ¡Sí! Fue una trapecista que con sus encantos físicos atraía las miradas de quienes iban al circo para verla hacer malabares en la cuerda. Una mujer que al abandonar a su esposo busca la libertad, que quiere conquistar el mundo con su belleza y que no nació para dedicarse al bordado o a la costura. Una mujer que desde que cursaba tercero de primaria hablaba con franqueza, sin guardarse nada, sin tratar de parecer lo que no era; tan hábil con las manos, que llegó a convertirse en ebanista. Carlos Orlando Pardo explica en la introducción de la novela que Verónica fue en realidad su abuela, a quien creían muerta, que apareció cuando ya tenía noventa años. La historia de su vida la cuenta tanto el narrador omnisciente como ella misma en unos monólogos preciosos.

Verónica resucitada es una novela donde el río del tiempo no detiene su cauce; los testimonios de los personajes sobre sus vidas son como piedras que se mueven en su lecho para explicarle al lector que son seres con virtudes y defectos, que merecen otra oportunidad para expresar sus sentimientos. Para darle verosimilitud al relato, Pardo recurre a la analépsis. Es cuando el personaje central de la historia narrada vuelve atrás en sus recuerdos para explicar por qué quiere encontrar a su hija Inés. La diégesis de la obra muestra a una mujer que tuvo éxito como artista, arrepentida, que ha pagado caro el abandono del hogar. Todo porque el hombre por quien dejó a su familia termina abandonándola. Aunque es una mujer liberada, Verónica entiende que está pagando el pecado que cometió. Y acepta su culpa.

Verónica resucitada es una historia de luces y sombras. Un drama familiar triste y bello al mismo tiempo, llevado a la literatura en una prosa tejida con armonía, trabajado “con la piel del alma en la punta de los dedos, desde una digna distancia, sin arpegios sobrantes”, como escribió el novelista Héctor Sánchez. Las luces de esta historia están en el manejo de una prosa sin asomos de sentimentalismo, sin demostrar el escritor que él lleva la sangre del personaje central, ciñéndose a un canon estético que le exige minuciosidad en los detalles, sin renunciar a un estilo narrativo límpido. Las sombras están en la soledad de unas mujeres que no tuvieron la oportunidad de disfrutar el amor de una madre, porque crecieron sin su compañía diaria. Cuando la encuentran, Verónica es ya una enferma terminal. 

El manejo del tiempo cronológico en la novela le permite a Carlos Orlando Pardo enriquecer el argumento con la mención que hace a los sucesos históricos que durante los años en que transcurre la historia sacudieron a Colombia. La muerte de Monseñor Ismael Perdomo, la hegemonía conservadora, el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, la caída del dictador Rojas  Pinilla, la violencia política de los años cincuenta del siglo pasado, la creación del programa Yo y Tu y el cruce del Océano Atlántico por Charles Lindbergh en un aeroplano son hechos que le proporcionan a Verónica resucitada un atractivo literario adicional, porque pone al lector frente al contexto histórico, refrescándole la memoria al narrarle en forma concisa sucesos que marcaron a Colombia.

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