25.4 C
Pereira
miércoles, julio 6, 2022

Una novela con acento risaraldense, sobre el abandono y la violencia

Es tendencia

- Advertisement -

Alberto Rivera

Esta es la historia de Emilia, una adolescente que vive con su madre y su abuela en una casa humilde en Sopinga, un pueblo rivereño que se lo ha tomado una plaga de moscas. Los habitantes de Sopinga han comenzado a enfermarse de diarreas y vómitos a causa de las moscas, y Emilia está segura de que una mosca, que sin querer tragó, inoculó huevos en su cuerpo, y es la razón por la cual siente que una criatura crece en su vientre. La vida de Emilia está inevitablemente entrelazada con la de Sopinga, un pueblo abandonado por el Estado, entregado al monocultivo de caña de azúcar y asolado por las plagas: primero, por la plaga de moscas que un laboratorio liberó para exterminar a una plaga de gusanos que estaba comiéndose el monocultivo de caña, y luego por la plaga de sapos que las autoridades traen en el pueblo para comerse a las moscas.

Con un estilo económico y una estética realista donde sucede más de lo que se dice, Plaga (Editorial Seix Barral) se ocupa de una realidad poco representada en la literatura: la de una mujer, adolescente, de provincia, humilde, negra, que trata de darle sentido a una realidad enormemente injusta y violenta.

Juliana Javierre (Pereira, 1993). Estudió Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá. Ha publicado el ensayo Cultivo una rosa blanca: Martí desde su epistolario (Klepsidra Editores, 2017), la novela Siete veces Lucía (2018), con la que obtuvo el Premio Nacional de Novela Aniversario Ciudad de Pereira, y el libro infantil ilustrado Pecuecienta: historia de un desencantamiento (con ilustraciones de Juan Carlos Salcedo Ante), ganador de la Beca para Creación de Libro Infantil Ilustrado de la Convocatoria Municipal de Estímulos 2020.

¿Por qué Sopinga y, en especial Emilia, de 15 años, en esta historia? ¿De dónde salen sus personajes?

Inicialmente yo quería escribir una novela sobre el miedo, sobre la infancia, sobre ser niña en un país como Colombia, en el que la violencia se ha legitimado históricamente desde el discurso hegemónico, donde la violencia se ha normalizado. Sabía que esa historia ocurriría en La Virginia, un pueblo al que estoy vinculada por el lado de mi familia paterna y que ha padecido, como tantos otros, el abandono estatal, la explotación del territorio, el abuso.

La historia del cuerpo perturbado, roto, marcado, de la protagonista, era también la historia del territorio. La Virginia, que antes era Sopinga (el nombre que se le da en la novela, como una forma de tributo a esa memoria silenciada), había vivido un proceso similar al que vivía la protagonista. Sopinga pasó de ser un lugar en el que encontraron refugio los negros cimarrones y los indígenas que consiguieron librarse de quienes los esclavizaban a convertirse en un territorio explotado por los terratenientes blancos que encontraron en el Valle de Risaralda la posibilidad de aumentar sus riquezas mediante la creación de monocultivos de caña de azúcar.

La historia de Emilia y la historia de Sopinga están atravesadas por las mismas heridas. Por eso “Plaga”: no solo porque se trata de un ser vivo que daña, que perturba a otro, sino porque acá se entiende también como una herida abierta: la violación deja esa herida, una memoria que duele, que no cicatriza, una herida como la que se hace en la tierra para extraer el carbón, para desviar los ríos, para enterrar a un muerto: por momentos Emilia siente que su cuerpo se ha convertido en tumba. Esos conceptos, el de tierra-mujer, tierra-propiedad, mujer-propiedad, son el eje de la historia.

¿Cómo llega a Seix Barral una autora tan joven como usted?

Más allá de los diferentes factores que pueden influir en que las obras literarias tomen uno u otro camino, al final se trata de una sola cosa: trabajo. Aunque no puedo dedicarme a la escritura de tiempo completo, la he asumido siempre como una prioridad: es el lugar de encuentro conmigo misma y con el otro, donde soy libre, donde siento que existir tiene sentido. Escribo, leo una y otra vez las frases, juego con el ritmo, me arriesgo, y cuando finalmente consigo una primera versión, se la entrego a mi lector de confianza, mi pareja, con quien vuelvo una y otra vez al texto, dejando de lado aquello que, en lugar de contribuir al sentido de la historia, la traiciona. Se trata de no subestimar la palabra ni al lector. No importa cuánto tiempo tome eso, ni cuánto esfuerzo, ni cuántos sacrificios: entiendo la escritura como una forma de mirar, como una forma de vida, no como un oficio que se asume y del que uno se despoja.

Al final, la consecuencia de todo eso, sin importar si los libros se publican o no, seguramente será gratificante para el escritor: asumida así, la literatura por sí misma tiene —pleno— sentido.

Asco es una palabra que va de página en página, frecuente, con sonoridad… ¿Cómo la define usted como autora del libro?

El asco tiene que ver con las costras y las costras con las heridas. Mi búsqueda en la literatura ha sido la de intentar narrar lo inefable: aquello que desborda la realidad y que solo puede expresarse a través de la imagen. En este caso, la de una adolescente de 15 años que debe enfrentar en soledad el temor que le produce pensar que se comió una mosca y que esa mosca está reproduciéndose en su interior. La culpa por haber abierto la boca, por haber gritado. La zozobra de no saber cómo reaccionarán los demás cuando se den cuenta. La impotencia de saber que no habrá nunca justicia: que su cuerpo violentado, roto, invadido, es un cuerpo también abandonado del que ella es ahora prisionera. Este asco tiene que ver con la rabia, tiene que ver con las llagas que, al no poder cicatrizar, se llenan de larvas, como nuestra propia historia, y tiene que ver también con la forma en la que nos resistimos a que quienes pretenden anularnos consigan su objetivo enajenándonos incluso de nuestros propios cuerpos.

Después de leer las 137 páginas queda cierta desazón en el lector. ¿Qué quería causar con el final?

El final es clave para entender la historia. Allí se unen y se resuelven las pistas que se han planteado a lo largo de la obra: los imaginarios que construye la protagonista para explicarse lo que le sucedió, la idea de la violencia y del poder como una plaga, el hecho de que los cuerpos silenciados —en este caso, el cuerpo de Emilia— asuman la palabra y elijan ellos mismos desde dónde contarse. Por otro lado, está también la idea de un final que es, a la vez, un nuevo comienzo: algo que se sugiere con las fechas de las cartas que parecen ir en una dirección contraria al tiempo de la historia. Y la idea, finalmente, de un tiempo cíclico: que vuelve a empezar. Sin embargo, me parece importante que cada lector llegue a su propia conclusión, que lo interprete a su manera.

¿Cuánto tiempo invirtió en la escritura del libro?

Era una historia que quería escribir hace mucho tiempo y que había esbozado antes del momento concreto de la escritura. Sin embargo, podría decir que tardé un año en la construcción del manuscrito y un año más en el proceso de reescritura.

¿Qué espera del libro, vienen más obras?

Ahora estoy escribiendo una novela sobre los fragmentos, sobre la imposibilidad de reconstruir nuestra historia, sobre el absurdo y sobre la forma en la que, estando rotos insistimos en ser comunidad, en resistir, como si nos esforzáramos en armar nuevos cuerpos con los miembros sin rostro que nos llegan desperdigados por los ríos. De Plaga, por lo pronto, que encuentre nuevos lectores y se abra su propio camino.

¿Cómo autora joven, que mensaje tiene para los que esperan publicar?

La publicación es la consecuencia de un proceso y el éxito de ese proceso depende, como decía antes, del trabajo y de la relación que se tiene con la escritura. Les diría que continúen escribiendo, que desconfíen siempre de lo que escriben, que en los momentos iniciales solo compartan sus escritos con lectores que tengan el conocimiento y la sensibilidad necesarios para advertir las caídas de la obra y, por último, que amen lo que hacen: solo así es posible habitar la escritura de forma absoluta, sin importar el desenlace, sin importar si los libros se publican o no.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -