Francisco Javier López Naranjo
Recientemente se realizó con éxito el viaje tripulado de la nave Orión alrededor de la Luna como parte del programa Artemis que busca preparar una expedición a Marte. Coincidió este evento con la amenaza de Trump de borrar con sus misiles una civilización. Al respecto, el gran poeta, ensayista y escritor colombiano William Ospina escribió en su artículo “Martes de luna negra”, del periódico El Espectador:
“… Y qué extraño que esta semana el mismo poder que con una mano suspendía el horror de su amenaza sobre el mundo con la otra estuviera alcanzando la cara oculta de la Luna. Las dos cosas parecen los dos extremos de la condición humana, su barbarie feroz y su ambición sublime, pero en realidad ambas pertenecen al peor costado del hombre: su prepotencia casi sobrehumana. Ambas se alzan para no dejarnos ver la cara oculta de la tierra, este mundo donde el creciente irrespeto por lo humano sigue siendo más visible que la capacidad humana de reaccionar”.
Por su parte el también columnista del periódico citado, Gonzalo Mallarino Flórez, en su artículo “Artemis II: los cabellos de la locura”, del 15 de abril, opina: “… Para mí, eso ha sido esto de la misión Artemis II a la luna. Un extravío de la humanidad. Un apartar los ojos de la humanidad de donde deberían estar –en los horrores y las injusticias y la degradación del género humano, que distinguen a estos tiempos–, para posarlos en un juguete extravagante, innecesario, vano, que nos proporciona la falsa sensación, la falsa idea de que estamos yendo hacia adelante en la historia de la humanidad, hacia el progreso, hacia la concordia y la convivencia y la justicia y la preservación de nuestros mejores rasgos, aquellos que nos distinguían de la barbarie y la animalidad más irracional, mientras la realidad nos muestra que es todo lo contrario”.
Decía la periodista Tatiana Duplat Ayala: “Quizá la verdadera meta no sea conquistar la Luna, sino merecer la Tierra”.
Sobre la prepotencia casi sobrehumana, de la que habla William Ospina y de la animalidad más irracional, a la que se refiere Gonzalo Mallarino, hoy te invito no a una expedición a Marte sino una expedición a amarte, que me parece fundamental para el bienestar sicológico de la especie humana. Qué nos ganaríamos con conquistar a Marte y otros planetas si llevaríamos allí nuestros egos con sus ambiciones, odios, fanatismos y conflictos. Por lo que urge amarnos a nosotros mismos: ver en forma objetiva en nuestra sique qué nos falta y qué nos sobra para hacer un mundo mejor, más humano. Lo que requiere de una autoobservación sicológica objetiva, un viaje constante a nuestro interior.
Son dos expresiones que suenan casi lo mismo a pesar de ser tan diferentes: te invito no a una expedición a Marte, que en la mitología romana representa el dios de la guerra, sino una expedición a amarte. ¡Y no nos cuesta ni un dólar!
*(Imagen de Chat GPT: “Viaje al interior del alma”)
¿UN VIAJE A MARTE?, ¡NO!, ¡A AMARTE!
Te invito a un viaje a la raíz del ego,
de nuestras sombras, miedos y egoísmo.
¿Quieres surcar lo hondo de ti mismo
y trasmontar el odio y el apego?
¿No navegar ya más sin faro o ciego
ni naufragar en el oscuro abismo
de la inconciencia, angustia y fatalismo?
Te invito a hallar la fuente del sosiego.
Esa que mana luz, paz y armonía
de nuestro Ser Recóndito Interior.
¿Para qué un viaje al belicoso Marte?
Quiero, más bien, que brote la alegría,
como un benigno astro o riente flor.
¡Viajar contigo para amar y amarte!


