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jueves, diciembre 1, 2022

Un paquete de Chitos. 1980

El presente texto hace parte del proyecto “Tras Bambalinas” que pretende rescatar la memoria de los teatros de la ciudad en el período 1980-1999. Se trata de una serie de seis entregas a cargo del Grupo Magdalenas por el Cauca integrado por Gabriel Posada, Marisol Henao, Jorge Mario Palacios, Yorlady Ruiz y Jennifer Uribe. “Tras Bambalinas” fue el proyecto ganador de la Beca de Investigación, Formación o Promoción de Prácticas Asociadas al Patrimonio Cultura en Casa 2020 de la Secretaría de Cultura de Pereira.

Una noche de abril de 1980, Rubén, un compañero de bachillerato en el colegio nocturno Deogracias Cardona, con su noble y vivaracha voz me anunció de una vacante de trabajo en el teatro Comfamiliar, intuí que mi vida cambiaría en ese momento. El trabajo en el que pagaban por horas, de oficios varios, lo había abandonado “un suertudo” que barriendo la sala del teatro se había encontrado una bolsa de chitos con el premio gordo que Jack snacks promocionaba por la época: un viaje a los E.E.U.U. con todo pago -me dije: “ese puesto es mío”- al teatro ya había asistido por el año 1976 con unos amigos del barrio El Jardín que me invitaron a un cine club universitario de la UTP en el que me topé, a la entrada, con la mirada de uno sus miembros , Fabio Ocampo, que no veía desde niño cuando su familia vendió la Droguería Real de la calle 32 con 7ª y se fueron de la cuadra llevándose de tajo mi primer amor, Patricia, una de las hermanas menores de Fabio y Humberto.

Tras esa mirada furtiva y mi cabeza dando un giro de 90 grados por la sala del teatro pensando en ver a su hermanita, las luces se apagaron y vimos una película “de guerra” pero no gringa, era en español y contaba la historia de cómo Fidel y el Ché llegaron al poder, esa noche me sentí raramente universitario y nerviosamente revolucionario y soñé trabajar en ese teatro, al que volví un año después por intermediación de mi papá que trabaja en el Supermercado Comfamiliar lográndome conseguir una entrada para ver un recital poético de Sabas Mandinga, promocionado en una cartelera de la biblioteca pública del segundo piso de la Alcaldía. Por primera vez veía un espectáculo cultural en vivo y llegué a pensar, retraído, que Sabas Mandinga había venido de África como Simón el Africano, el cantante de “Barracuda,” cuando se presentó por televisión en el show de Jorge Barón y soñé en trabajar alguna vez con artistas a los que acompañaría por el mundo en sus presentaciones. Sabas Mandinga era un declamador de poesía negra pereirano que por ese entonces recorría pueblos y veredas con las letras de la memoria negra del mundo y estaba pronto a terminar sus estudios de ingeniería en la UTP.

 

Catálogo obra dirigida por Gustavo Rivera ilustración de Jesús Calle

 

 

 

Meses después, sentado junto a Ochoa, un compañero de 3º. Bachillerato del Rafel Uribe en las bancas de concreto del Lago Uribe viendo pasar muchachas bonitas dando repetidas vueltas al lago con sus bocas magreadas por los helados de la heladería Tropical, le pedí que me llevara al taller de arte del sótano de la Alcaldía donde era alumno del maestro Rubén Jaramillo, allí, además de clases de pintura, también daban películas de cine mudo y se me reveló Buster Keaton, Chaplin y las bañistas (bathing beauties) de Mack Sennet https://www.youtube.com/watch?v=2tDEW30h1Ko en ese momento preferí las películas mudas que la pintura. Por esos días junto a la programación de las películas y la actividad del Sótano de la Alcaldía ví anunciado un concierto de Rafael Urraza, el de un éxito en radio llamado “Caminando” que venía a presentarse a Comfamiliar. De nuevo mi padre intercediendo ante la directora del teatro ya no por una sino por dos entradas, me “colé” junto con una compañera del colegio, la señora del teatro nos entró a hurtadillas porque era un concierto privado, Gabriel Rondón en la guitarra, raramente tocándola con guantes blancos y Rafael Urraza voz y canto intermediando en una corta y vigorosa noche de adolescentes perdidos.

Rubén, al día siguiente de su anuncio en el colegio Deogracias me presentó y recomendó con doña Norma Montes la directora del teatro que ya sabía de mí y cuando entré a su oficina se me vino a la memoria las clases de acordeón que tuve de niño en ese mismo sitio en 1970 y cómo tuve mi primera presentación pública junto a mi profesor y dos alumnas mayores en la inauguración del Salón Auditorio de la Caja de Compensación Familiar de Risaralda, aquel día interpretamos “Doce Cascabeles” y “Cielito Lindo”, tanta gente viéndolo a uno chiquito tocando un acordeón chiquito fue toda una novedad social y para mí toda una frustración hasta el punto que no volví a las clases y le devolví el acordeón a mi hermana mayor que era la destinataria para aprender música, ella tampoco lo logró, tiempo después la familia tuvo su recompensa musical, su hijo hoy es un excelso músico de la banda del municipio de Pereira, José Gentil Flores Posada.

En 1973 se inauguró el teatro Comfamiliar y su primer director fue el fotógrafo e intelectual Antonio Gallego. De él me hablaba con cierta nostalgia de tufo don José Suárez, el proyeccionista del cine, me contaba “que el Dr. Gallego era una excelente persona y que a hurtadillas se metían sus tragos de cuando en cuando en la cabina de proyección y por ello las directivas le buscaron la salida, ya que le tenían muchas ganas por ser comunista”. Don José me enseñó a manejar las máquinas que en ese entonces la luz que proyectaban se hacía a partir de barras de carbón https://www.youtube.com/watch?v=MfRrKg4bo10 hasta que un año después llegaron las lámparas de xenón.

 

Grupo musical La Gaitana del frente cultural Bertolt Brecht foto del album familiar de Juan Guillermo Gil García

 

 

 

Fui feliz en mi primer trabajo, doña Norma vendía boletas para el cine y yo de portero las recogía, cuidaba la sala, cerraba el teatro, nunca miré al piso buscando el sueño americano porque ese sueño me robó muchos amigos de infancia y lloré junto a mi hermana la partida de mi padre a ese país en el año 74 cuando perdió su empleo en la multinacional Papeles Nacionales por negarse a transportar a su jefe español un día festivo que lo tenía programado como todos los festivos para ir a pescar.

El teatro Comfamiliar en ese entonces era el epicentro cultural de Pereira, por allí pernoctaban artistas que llegaban a la ciudad de diferentes partes del país y del departamento o errantes de otras culturas, recuerdo que acompañé manejando las luces (un caja de madera con perillas para 6 bombillas de colores) la obra “Historia del Silencio “del grupo de teatro Acto Latino de Armenia, de Juan Monsalve y la hoy icónica y fallecida artista y precursora del performance en Colombia María Teresa Hincapié en escena.

Allí por vez primera vi el magnífico teatro colombiano y regional como “La Panadería” de Bertold Brecht adaptación de Gustavo Rivera. También tengo presente como si fuera hoy la potente imagen del maestro Santiago García presentando su adaptación del “El Diálogo del Rebusque” de Quevedo, bromeando sobre la cantidad de trapos que colgaban en escena, decía que eran adquiridas de la rancia y putrefacta burguesía bogotana. Por allí pasó “I Took Panamá”, la hermosa Laura García dirigida por Ricardo Camacho del Teatro Libre de Bogotá con “La Balada del Café Triste” de Carson McCullers y Edward Albee donde actuaba César Mora y Germán Jaramillo. También para un cumpleaños de Comfamiliar se trajo “Quién le teme a Virginia Wolf” de Edward Albee del teatro Nacional dirigida por César Campodonico actuando en ella Fanny Mickey, Luis Eduardo Arango, Consuelo Luzardo y Kepa Amuchástegui, este último barría en sintonía en la TV colombiana como el Inquisidor Juan Mayorga en la tele novela “La Pezuña del diablo”. El TEC de Cali de Enrique Buenaventura pasó por aquí con “La Ópera Bufa”.

 

Juan Carlos Velásquez 80s Comfamiliar
Foto de José Fernando Marín

 

 

 

Las Alianzas entre instituciones que en el presente se han ido perdiendo, permitían presentar, por ejemplo, con la biblioteca Pública Ramón Correa dirigida por Julián Serna Arango, un concierto clásico cada mes con unas introducciones magistrales de Eduardo López Jaramillo, presidiendo los conciertos de Rafael Puyana que cargaba su propio clavecín, o del pianista Harold Martina, sólo por citar dos nombres. Las alianzas con la Sociedad Amigos del Arte dirigida por Eduardo López traían recitales poéticos como los inolvidables de Eduardo Carranza, Fernando Charry Lara, Germán Arciniegas, Andrés Holguín y un muy asiduo poeta de estas tierras como fue Luis Vidales a quien se le profesó una empatía social muy importante en la ciudad realizándole múltiples homenajes en vida. En la Casa de la Amistad Colombo Cubana del médico y activista Santiago Londoño Londoño existió el taller literario Luis Vidales, Casa de la Amistad donde también en los 70s y 80s se programaba cine en 16 milímetros.

Réquiem por Martha Traba y Ángel Rama. 1983
Para esta época el teatro contaba con presupuesto para eventualmente programar presentaciones especiales para la comunidad cultural de la ciudad y en noviembre entró una llamada a la oficina de doña Norma en la cual le ofrecían la presentación del cantante argentino Atahualpa Yupanqui, aunque Atahualpa ya había estado en Pereira en 1979 en el club del Comercio, presentarlo en el teatro constituía un honor a sus 75 años. La llamada era del propio Atahualpa que no andaba con empresarios ni intermediarios para sus presentaciones, venía solo (no conocí nunca un cantante así, libre, acompañado sólo de su guitarra). Recuerdo me encomendaron ir por él al aeropuerto, me encontré con un hombre grande que inspiraba un respeto gigante pero muy humilde al tratarlo, vestido de traje negro, lo llevé a la hostería Los Frailes donde se hospedó y en el camino me preguntó por el poeta Luis Carlos González, que tenían una cita para almorzar.

Con doña Norma que tenía cercanía con la familia González Mejía fuimos al almuerzo, el maestro Luis Carlos andaba delicado de salud y fue un encuentro muy bello y conmovedor, hubo foto, en la oficina de doña Norma estuvo colgada durante toda su administración. Luis Carlos le regaló a Atahualpa el libro “Poemas” que dos meses atrás el presidente Belisario Betancourt le había llevado hasta su casa junto a la Cruz de Boyacá en el grado de Caballero. Lamentablemente el poeta de la tierra no pudo asistir al concierto, donde oficié de luminotécnico y sonidista y recuerdo que hasta de conserje porque al tercer timbre y el teatro colmado, la gente empezó a aplaudir y Atahualpa no salía, bajé desde la cabina de sonido y entré al camerino que quedaba un poco distante del escenario, Yupanqui se encontraba embebido leyendo el libro de Luis Carlos González y no había escuchado los timbres. Terminando el concierto pidió un minuto de silencio mientras tocaba con su guitarra el réquiem de Mozart “Lacrimosa” en homenaje a sus íntimos amigos Martha Traba y Ángel Rama, muertos en un accidente dos días atrás en Madrid.

Homenaje a Lennon
La actividad cultural de Comfamiliar llamaba a toda una juventud a ejercitarse en diferentes áreas, vi muchos ensayos de noveles grupos musicales, declamadores, bailarines, cantantes, performistas y vi cómo se ejercitó una publicación literaria llamada El Elefante Rosado liderada por los jóvenes Juan Carlos Velásquez y Alberto Verón, este último junto a Jorge Enrique Osorio dirigieron un cine club juvenil que se llamó Cineclub Comfamiliar donde fueron llegando nombres como César Augusto Zuluaga, los Hermanos Juliana y Francisco Gallo Mejia, asesorados todos por el “Flaco Marín” quién era su referente. Se me viene a la memoria una conversación que tuvo por esa época doña Norma con el rector del colegio Salesiano, donde estaba por terminar bachillerato Alberto Verón, el rector interpelaba a doña Norma por el activismo que Verón estaba ejercitando en Comfamiliar y que probablemente por ello estaba en peligro su graduación.

Alberto junto a Juan Carlos Velásquez y el combo del cine club juvenil quisieron hacerle un homenaje a Lennon a dos o tres años de su muerte y promover la publicación de El Elefante Rosado, como doña Norma les exigió no meter grupos de rock, el concierto lo llamaron “Latinoamerica canta a Lennon” y contrataron grupos de música andina, armaron toda una programación con “Gitanos de los Andes” de Manizales, “Los Q SON” de Cali, “Canto de los Andes” y “Canto Rodao” de Pereira, entre los que me acuerdo. La taquilla según me cuenta Juan Carlos Velásquez fue un fracaso y estuvieron a punto de cancelar porque el dinero no alcanzaba para pagar los grupos. Finalmente se llegó a un acuerdo y el “Homenaje a Lennon” se realizó.
Los cuatro años que viví en Comfamiliar fueron para mí toda una ´formación emocional inigualable y hace parte de una vida que he forjado a través de las prácticas artísticas y de gestión cultural que me han acompañado hasta el presente con la ciudad.

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