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martes, agosto 9, 2022

Un amor de cada día

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Es lunes y es un día frío, la luz es tenue alguien se acerca y abre la puerta de mi habitación, enciende la luz y abre las ventanas, esta persona es mi madre que me da un beso de buenos días tan tierno y amoroso como siempre, me toma tiempo levantarme de la calidez de mi cama; las cobijas y almohadas me retenían para seguir en un sueño profundo, desde lejos observo a mi progenitora, una hermosa mujer con una cabellera dorada, ojos cafés y una sonrisa que enamora, ella preparaba su almuerzo y murmuraba sobre cómo las clases que tiene en la universidad este día eran las más pesadas, en su cara se notaba el agotamiento por cargar con tantas responsabilidades a la vez, por momentos mi madre se pierde en sus pensamientos, pero después de un rato me recuerda con su cálida voz que me debo duchar para asistir a la guardería.

Ella me ayuda a escoger mi ropa y a ponérmela, me dice con frecuencia que por mí lucha todos los días, después de un rico desayuno que los dos compartimos nos dirigimos a la parada del bus, un lugar solitario y con poca gente a esa hora del día, a lo lejos observo ese curioso bus de color amarillo que tenía un gran número y que me recordaba a una jirafa que dibuje, en ese instante mi madre saco una tarjeta de color verde con la cual los dos pasamos a sentarnos, atrás de nosotros venia una señora muy curiosa que me sonreía y en algunas ocasiones intento acariciar mi cabello sin éxito alguno, después de un rato llegamos a la estación principal, un lugar inmenso lleno de sonidos y murmullos que no lograba entender muy bien, mi madre me tomó la mano y nos bajamos del bus, caminamos algunos metros y nos subimos a otro bus pero esta vez ella no saco esa curiosa tarjeta para poder sentarnos, en cuestión de segundos muchas personas abordaron con nosotros, pero mi madre iba excepta de lo que pasaba alrededor ella me abrazaba y solo miraba por la ventana con esa mirada perdida tan característica, mientras yo solo pensaba en las aventuras que me esperaban el día de hoy, durante el trayecto escuchaba a la gente hablar sobre sus trabajos o como era estar en la universidad, muchos tenían una expresión de adormecimiento en su cara y se notaban cansados, sin embargo otros sonreían y en su mirada se notaba la emoción que tenían, muchas de estas personas eran jóvenes parecidos a mi mamá con aspiraciones y sueños, yo seguía observando todo a mí al rededor un poco hipnotizado pero feliz, el bus hizo la tan esperada parada mi madre agarro mi mano nuevamente y nos dispusimos a bajar juntos, cruzamos una calle y comencé a ver muchos árboles y flores, canchas muy verdes con gente que corría alegre, todo esto me llenaba de felicidad así que le pregunte a mamá donde estábamos, ella me miro y sonrió tiernamente, me dijo que estábamos en su universidad y que me iba a dejar un momento mientras ella estudiaba que no me preocupara y disfrutara con ella el camino hacia la guardería, durante el viaje a ese lugar observe perros, edificios muy grandes con números de un color rojo que atrapaba, pero lo que más me gusto fue el recorrido por un sendero que estaba cubierto de muchos árboles, donde se sentía la cálida brisa de la mañana y se veía como las hojas caían lentamente sobre nosotros, mientras caminábamos la gente nos decía buenos días y nos sonreía con amabilidad.

Después de esto un agradable señor con uniforme nos dijo buenos días, mi madre saco una nueva tarjeta y pasamos una baranda metálica, en ese instante observe un edificio de color blanco y verde, se sentía un poco triste, pasamos por un gran portón donde nueva mente un señor nos dio la bienvenida, mi madre me tomo de la mano, mientras caminábamos entre personas y edificios se acercó y me dijo que me debía portar bien, que me iba a dejar en muy buenas manos y que al final del día volvería por mí, y así fue como llegamos a un lugar que ella llamaba Utepitos, un edificio de color blanco que se encontraba al lado de una cancha de color azul, también veía como unas cajas verdes pasaban encima de nosotros todo esto me causaba algo de miedo, pero mi madre toco una puerta y una hermosa mujer nos dio la bienvenida, este lugar era diferente y agradable tenia muchas figuras y colores, también habían muchos juegos y observaba más niños iguales a mí, estaba totalmente inmerso en este lugar, pero el momento no fue tan agradable, mi madre me dio un abrazo tan fuerte que me hizo sentir todo el amor que tenía por mí y me dijo que se debía ir, yo quería irme con ella pero su respuesta fue no, se limitó a mirarme y darme un último beso de despedida, me quede observando cómo cruzaba esa puerta y la perdía de vista, en ese momento me asuste y comencé a llorar, pero alguien toco mi brazo y me dijo que si quería jugar, era un niño con una chaqueta amarilla que sostenía en su mano un carro azul y me sonreía, después de pensarlo acepte tímidamente y comencé a jugar con él y con los demás niños, al rato una señorita me dio de comer una galleta que sabía a chocolate, mientras me enseñaba a escribir los números, también me llevaron a un parque de juegos con muchos colores y árboles, donde jugué tanto hasta terminar exhausto, al caer la tarde escuche una voz muy particular, era mi madre que entraba por la puerta y me sonreía, en ese momento supe que mi travesía en este lugar había terminado y que ahora si podría acompañarla,  me despido de mis amigos y emprendo mi camino a casa de la mano de mi mamá. Mientras voy en el bus sentado en sus piernas, repaso cada momento de mi día. Le cuento a mi mamá todo lo que había hecho y como esperaba con ansias el próximo día para volver a Utepitos.

Crónica realizada por: Julián David Álvarez.

Universidad Tecnológica de Pereira.

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