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sábado, noviembre 26, 2022

Tres poemas de Teresa González

José Miguel Alzate

Teresa González ha publicado dos libros de poesía: “Viajera de la vida, del amor y de la muerte” (2009) y “Viajera universal” (2017).

Nacida en Neira, la suya es una voz que ha encontrado eco en la poesía caldense por la calidad de sus versos.
Cuando el crítico Roberto Vélez Correa fungió como profesor en el Instituto Neira, conoció de su inquietud literaria. Entonces le sugirió que siguiera escribiendo poesía porque encontró en sus versos a una mujer con una voz sentida, que expresaba su inquietud por la vida. Sin embargo, se demoró para publicar su primer libro. Cuando este vio la luz pública, la crítica lo acogió sin reservas.

Su tercer libro, que está listo para su publicación, se llama “Arden las venas de mujer”.
En sus poemas está la voz de una mujer que demuestra sensibilidad social, amor por la naturaleza, miedo a la soledad, respeto por la palabra, temor por la muerte, alegría de vivir, duda ante la existencia de Dios, compromiso con los desposeídos.

TE AMO ASÍ
No es tu risa
huracán de alegría
en mi pena.
Ni tu voz
cayendo de la tarde
en mi silencio.
Ni tus pasos
en mis huellas
temblando en la nostalgia
de neblina oscura.
Ni tu sombra
cicatriz de amor,
veleta de tenues luces
en mi camino.
Ni tus ojos,
ráfaga de fuego
en mi piel.
Ni tu boca
de humo y viento
en mis besos.
Ni tus dedos
tejido de astros
en mi carne.
No es tu canción
de colores y de nubes
en mis sueños:
Es solo la ilusión,
manantial
siempre escondido
que atosigue mi corazón
en agonía,
socavando el olvido
y la desesperanza
de la muerte.

LA MÚSICA DE LOS SONIDOS
El viento tiene alas grises
de cigarras y gaviotas,
el mar murmullo
lastimero de río,
canto de ballenas
serenata de cardúmenes;
envolvente explosión
de vida la tierra.
Atronador silencio
la soledad.
Luces temblorosas
en el cielo
océano de sombras
de seres inconclusos
de fantasmas y de sueños
que mueren con el día:
Es el tiempo de la noche.
En el aire
mariposas
música de libertad
de caos y de muerte.

PARA QUÉ LA ESPERA.
Si no llevas mi neblina
entre tus venas
¿para qué tu brisa
en mi desierto?

Si la luz de tus estrellas
no cae entre las sombras
de mi puerto,
para qué tus ojos
en mi ocaso?

Para qué tu risa
si están ausentes
tus besos en mi piel?
Para qué tus huellas
si no conoces mi camino?

Para qué tu palabra
si tu voz ausente
no llega en la sombría soledad?

Para qué tus sueños
si no anida
tu húmeda espiga
en el fondo de mi tierra?

Para qué tus manos
de relámpagos,
cerradas de repente,
yo,
mendigo suplicante?

Para qué las sombras
de tu errante caminar
si no se enredan
tus raíces
con mi esperanza?
Para qué el paraíso
si ya te has ido?

Para estar informado

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