Tregua, juicio, condena y muerte de Sebastián de Benalcázar. 1547-1551

Walter Benavides Antia

Entre 1540 fecha de su primera fundación, y 1691, la actual ciudad de Pereira se llamó Cartago.

1547

Después que Gonzalo Pizarro vence al virrey Núñez Vela en la batalla de Añaquito (enero 1546), envió al General Pedro de Hinojosa a Ciudad de Panamá, con 22 naves, para impedir la llegada de tropas del Rey. Pedro de La Gasca, enviado por el Rey, llega a Panamá y convence a Hinojosa a la causa, logrando hacerse con la armada rebelde que conducía Hinojosa, al que se sumaría más adelante a sus propósitos, a Lorenzo de Aldana. Enero. Miguel Díez de Armendáriz, como Visitador y juez residenciador de Sebastián de Benalcázar, se posesiona el 17 de enero en Santafé. Febrero. Al saber que La Gasca busca de aliado a Benalcázar, Armendáriz, le escribe advirtiéndole que Benalcázar no es de fiar. La Gasca lo tranquiliza, y le ordena no viajar a Popayán, ni Ciudad de Panamá, pues ante el acoso, teme que Benalcázar tome el bando de los rebeldes de Gonzalo Pizarro. Junio. La Gasca, al llegar a las costas del Perú, anuncia la derogatoria de las Nuevas Leyes (1542), que habían originado el descontento al ordenar la abolición de las encomiendas; proclama perdón a los rebeldes que respeten su autoridad, y les permite conservar sus empleos y rentas. Igualmente, convence al Rey que está en Zaragoza, qué para ganar a Benalcázar a la causa, es necesario le escriba en señal de amistad y confianza. La Gasca le escribe: “el emperador y yo tendremos memoria de os hacer merced y gratificaros lo que en éste y en los demás (servicios) que esas partes se ha ofrecido nos habéis servido y serviréis, conforme a la calidad de vuestra persona y servicios”. El Teniente de Gobernador de Popayán Luis de Guevara, justifica la conducta de Benalcázar, de no haber dado respuesta inmediata a las peticiones de auxilio de La Gasca, primero porque se encontraba al norte, en Pereira (Cartago), después de haber ajusticiado a Jorge Robledo, y segundo, porque ya conoce de la llegada del Juez Armendáriz a Santafé, que lo viene a residenciar.

Julio. Benalcázar, sale de Pereira (Cartago) y se dirige a Caly, donde recibe cartas de Armendáriz y del futuro Felipe II, y se tranquiliza. Comprometido, viaja a Popayán y saca 64 mil pesos de la Caja Real para alistar una fuerza militar. Publica el estado de guerra contra el Perú del rebelde Gonzalo Pizarro, y da inicio al aprovisionamiento. Los vecinos de Pereira (Cartago) aportan para esta nueva guerra, 8 mil pesos, además de soldados, indios y caballos. De Armendáriz se impacienta, y pide permiso a La Gazca para viajar a la Gobernación de Popayán, y abrir el Juicio de Residencia a Benalcázar. La Gazca le contesta, “que, de momento, le parecía imprudente que pasara a Popayán”. Octubre. Gonzalo Pizarro vence las tropas del inexperto La Gasca, en el campo de Huarina. El bando del Rey experimenta un golpe terrible y Benalcázar se valora.

Diciembre. Benalcázar logra reunir 300 soldados, (la mayoría a caballo), con los que parte presuroso hacia Quito. Cruza el llano de Añaquito, y se tranquiliza, pues conoce que los más afamados capitanes acuden a luchar en el bando de La Gasca. Piensa (con enorme ingenuidad), que nadie le reclamaría (con esta ayuda) el haber ajusticiado a Jorge Robledo y que lo perdonarían. No imagina siquiera que es una simple tregua para utilizarle, pues las autoridades no han pensado anular el Juicio de Residencia pendiente. Simplemente lo han aplazado, por conveniencia.

1548

Enero. El Visitador Miguel Díez de Armendáriz rescata como testigo protegido, a Doña María de Carvajal Mendoza, (la viuda de Robledo). Le envía mil pesos de la Real Hacienda para que regrese al Nuevo Reino de Granada desde Santo Domingo, donde se encontraba. De regreso, se instala en Tunja desde donde escribe al Rey una carta en la que pide nuevamente justicia, “para que tan gran atrevimiento no quede sin castigo”. De Armendáriz, le entrega para su sustento una encomienda en Sogamoso. También desde Santafé, De Armendáriz organiza una partida de 200 soldados que salen para el Perú al mando de su sobrino Pedro de Ursúa, pero al llegar a Tocaima, y conocer de las tropas que van en camino al Perú, regresan a la capital. Mientras tanto, Benalcázar cruza el reino de Quito y se les une en Lluamanga, donde es recibido con gran camarería. Las tropas del Rey (La Gasca) cuentan con 400 jinetes, 500 piqueros, 700 arcabuceros y 6 cañones. La Gazca ordena avanzar preparados para el combate, pues esperan encontrar las tropas del rebelde Gonzalo Pizarro al llegar al Río Apurimac, el que cruzan sin dificultad, e inician la marcha hacia Cuzco. Al frente del ejército de La Gasca marcha el general Pedro de Hinojosa. Febrero. Gonzalo Pizarro confiando en su poder militar, no escucha los consejos del clérigo Francisco de Carvajal, quien le aconseja refugiarse en Charcas o huir a España. Pero está cansado de traiciones (la de Hinojosa) y piensa que nada consigue con alargar la situación y hay que enfrentarla. Decide entonces presentar batalla, pero comete el error de abandonar Cuzco, situándose en el llano de Jaquijahuana, (a 20 kilómetros de Cuzco), y se prepara para la batalla. Abril.  A los 9 días, los dos ejércitos se encuentran. Benalcázar de 58 años, comanda un escuadrón de caballería con 150 hombres. Tras una descarga de artillería se produce una deserción en masa de los hombres del rebelde Gonzalo Pizarro, siendo capturados, él y sus capitanes. Solo se reportan 20 muertos y algunos heridos. Tras la victoria, La Gazca convoca una junta que la integran los obispos y los capitanes Benalcázar, Pedro de Hinojosa, Rodrigo Rojas, Alonso de Alvarado, y Pedro de Valdivia (Gobernador de Chile), para decidir la suerte de los traidores. La junta decide, se haga justicia en el campo de batalla, y evitar conducir los presos hasta Cuzco. El Maese de Campo Alonso de Alvarado, y del Oidor Andrés de Cianca, declaran traidor a Gonzalo Pizarro y le condenan a morir decapitado, “y que su cabeza se pusiese en el rollo de la ciudad de Los Reyes y sus casas se derribasen y sembrasen de sal, y para perpetuar memoria se pusiese en ellas un letrero que declarase su delito”. Es también decapitado, Francisco de Carvajal, el llamado “Demonio de los Andes”. La Mariscala se instala en la encomienda asignada por el Juez visitador De Armendáriz, donde sin perder tiempo, es pretendida por Capitán Pedro Briceño y Verdugo (1475-1522), con quien se casa, a petición de su protector De Armendáriz, “para calmar las pasiones y celos masculinos”, “y evitar habladurías”, tal como le escribe el 6 de junio desde Tunja, De Armendáriz al Emperador. Mayo. Normalizada la situación política del Perú, el Presidente La Gazca agradece a Benalcázar sus servicios, y le da licencia para regresar a su Gobernación de Popayán, sin sospechar siquiera, que el Juicio de Residencia en su contra, continúa vivito y coleando, y que ningún funcionario o militar saldrá en su defensa, salvo tímidamente La Gazca, quien en un acto de benevolencia, evitó lo realizara, el ya nada imparcial juez Visitador De Armendáriz, escogiendo para residenciarlo, al Licenciado Francisco Briceño Gasco, quien conocía el caso desde 1547, por quejas de la Mariscala.

Agosto. Conseguida la victoria militar, La Gasca, hizo distribución de premios, entre quienes habían contribuido al triunfo sobre los rebeldes. El reparto de Guaynarima, publicado el 17 de agosto de 1548, buscaba establecer una aristocracia de encomenderos en el Perú, alrededor de los cuales debería girar la nueva sociedad del Virreinato. El gran problema que no pudo resolver, es que solo había 150 encomiendas, y los ambiciosos funcionarios reales, clérigos, y militares que esperaban ser beneficiados, eran más de mil. Además, el reparto del millón 300 mil pesos (como botín), y “odiosas omisiones”, dejó descontentos a muchos de ellos. Frente al erario, aplicó la tasación de tributos para controlar las rentas de los encomenderos, reinventó la Audiencia, y dejó a los Corregidores como instancias del ministerio judicial, organizando una estricta recaudación de las cargas fiscales. Por otra parte, como sacerdote, mostró preocupación por exigir buen trato a los indios, siendo fiel intérprete de las leyes proteccionistas expedidas a instancias de Fray Bartolomé de Las Casas. Octubre. Pero llegó el martes negro. Pedro de la Gasca como Presidente de la Real Audiencia del Perú, firmó la Cédula Real, que ordenaba al licenciado Don Francisco Briceño Gasco, residenciar al Gobernador de Popayán, Don Sebastián de Benalcázar.

1549.

Enero. El capitán Pedro Briceño y Verdugo (esposo de la Mariscala), denuncia, que el Gobernador Benalcázar ha entregado a su hija mestiza Catalina un repartimiento de indios de la Provincia de Antiocha, de los que pertenecían a Jorge Robledo, (por ende, a su esposa la Mariscala). Benalcázar enterado de la orden de su juicio de residencia, no huye. Espera pacientemente en Popayán, que llegue Briceño Gasco, pero se prepara para su defensa. Febrero. De Armendáriz en Santafé, confirma encomiendas, nombra amigos y familiares como administradores y reparte las más prósperas encomiendas, desconociendo los principales vecinos de la capital. O sea que gradúa un importante grupo de enemigos, generando un frente de oposición política que fue minando su credibilidad y provoca su caída, que se pudo comprobar, cuando es nombrado el licenciado Gutierre de Mercado, para residenciarlo. Abril. Mientras se desarrollan los acontecimientos del Perú, el Consejo de Indias, crea el territorio que se conocerá como Nuevo Reino de Granada, gobernado por un Presidente, haciendo parte del Virreinato del Perú. La Audiencia se constituye con los Oidores licenciados, Gutierre de Mercado, Juan López de Galarza, Beltrán de Góngora y Francisco Briceño Gasco. De los cuatro elegidos, sólo llegan a Santafé, Beltrán de Góngora y Juan López Galarza, quien tiene que actuar como Presidente de la Real Audiencia de Santafé, pues Gutierre de Mercado, quien viajaba a residenciar a De Armendáriz camino de Santa Marta muere en Mompós, comisionándose entonces al licenciado Alonso de Zurita. Mayo. Mientras espera al Juez Residenciador, Benalcázar se traslada a La Villa de Caly, populosa y rica, donde existía como en Pereira (Cartago), una Casa de Fundición. El acceso al puerto de Buenaventura, le representó un inusitado desarrollo económico, al permitir el ingreso de mercancías europeas, convirtiéndose la ciudad, en centro comercial de primer orden del occidente, permitiendo además la apertura de una muy importante frontera minera hacia el Chocó, Cauca y Nariño que se consolidará en el tiempo, intensificando el uso de indios como cargueros. Con oro y mercancías de Buenaventura, Cali adquirió verdadera importancia, reconocida por su Gobernador y los envidiosos ayuntamientos de Popayán, Toro, Anserma y Pereira (Cartago).

1550.

Enero. El día17, Alonso de Zurita parte de Santo Domingo a Santa Marta para hacerse cargo del juicio de residencia del Visitador Miguel Díez De Armendáriz, y de Alonso Fernández de Lugo. Llega a Santafé, pero al cabo de los 60 días señalados para el desempeño de su comisión, al comprobar el compadrazgo de Armendáriz con los Oidores, regresa a Cartagena, a donde lo llama para que responda. Marzo. De Armendáriz llega acompañado del Oidor, Beltrán de Góngora, quien lo embarca secretamente para la Isla Española, burlando a la justicia y al Juez Zurita. Abril. Francisco Briceño Gasco llega a Cali a residenciar a Benalcázar.

1551

Abril. Benalcázar, llega a Cartagena de Indias y encontrándose en la Nao Santa Clara que lo transportaba a España, es atacado por fuertes fiebres, por lo que decide hacer testamento el 23 de abril. Son testigos, Urbán De Messina (Piloto), Esteban Belforte, Pedro Caa, Alonso de Aguilar, Diego Mesía, y el escribano Pedro de Olivares. También lo acompañaban, su pequeño círculo de amigos: Fernando Andigno y Francisco Lozano (secretario y mayordomo). Lo esperaba en Cartagena, el Capitán Juan Díaz Hidalgo, vecino de Cali, para acompañarlo en el viaje de su defensa a España. Conservó su lucidez hasta el último momento, como lo demuestran las declaraciones de sus albaceas y escribanos presentes. Fiel a su costumbre de no ser hombre ostentoso, cuando muere sólo lleva, “unas calzas viejas de paño negro, tres camisas blancas y un sombrero pardo”. Su mayordomo Francisco Lozano compra 4 varas de rúan que le costaron un peso y dos reales, y buscó una mujer para que amortajara al Gobernador. Según el relato de Alberto Carvajal, “Benalcázar y otros ensayos. 1924”, la mujer cobró un peso por la caridad. Su amigo, Don Fernando Andigno, pensó enterrarlo en el cementerio de la ciudad, pero no pudo hacerlo, porque el Gobernador, Don Pedro de Heredia, (uno de sus muchos enemigos), exigió enterrarlo con todos los honores en un nicho de la Iglesia Catedral de Cartagena. Además de los argumentos y datos de testigos a su favor por el juicio seguido a Jorge Robledo, Benalcázar llevaba varios documentos para que la Corte ratificara las encomiendas otorgadas por él, a los capitanes Alonso de Fuenmayor (su yerno), y a Don Alonso de Fuenlabrada (Esposo de Doña María de Llanos). Dejó cuatro (4) hijos naturales que llevaban su apellido: Pedro, Alonso, Francisco e Isabel, (casada con Diego López Llanos) y Francisco Belalcázar. Pasado el entierro, inmediatamente don Pedro de Heredia le escribe al Emperador una carta en que le comunica: “Estando escribiendo ésta murió el Adelantado Benalcázar, que había venido de camino para ir a esos reinos, con su residencia, hacía cuatro o cinco días”, y añadía: “pues él (Benalcázar) es muerto y los desta gobernación y yo allí (en Antiocha) gastamos parte de nuestras haciendas y personas y fue poblado por mi industria y trabajo, me haga merced de enviar mandar por su provisión real que sea restituido a esta gobernación, teniendo atención a que ya no hay con quien se deba traer pleito”.

Varias enseñanzas de este relato. En el período de Conquista, hubo justicia. Cuando un gobernante o funcionario real obraba en contra de la ley indiana, las Nuevas leyes, o la iglesia, al acusado, se le asignaba un Juez de Residencia, “juez encargado de realizar la indagación en sesenta (60) días, en un juicio que finalizaba con sentencia que debían informar al Consejo Real”.

Fuente. Historia de Pereira. Cartago en las primeras gobernaciones de Popayán. 1547-1584. antia53@gmail.com

Compartir