Un regreso que pesa históricamente para la región. El próximo siete de septiembre cumple sus noventa años y está tan lúcida y vigente como nunca.
Luis Collantes
“La pájara pinta, la mujer libre, la andariega del mundo, la escritora secreta, la caminante, la rebelde, la Scherezada criolla, la extranjera perenne, la madre de miles, la inagotable, la cantante, la chica de la moto amarilla, la andrógina, la “tan feminista”, la que no es del montón, la mujer infinita, la que escribió como le dio la gana, la que vivió, también, como le dio la gana, la que ha entendido la vida y la escritura como una sola cosa, la que ha buscado siempre su lenguaje y su verdad, su auténtico lenguaje, la galáctica, la chamana, la guitarrista que solo sabía tocar tres notas, la mujer de múltiples destinos, la que no ha tenido miedo, la que cruzó montañas con la sola fuerza de sus alas, la inclasificable, la posmoderna, la que nunca se despojó de su propio ser, la que entregó la vida a la escritura, la que abrió caminos, la que no dejó que ellos la convirtieran, la que dice que entre todos sus epítetos se quedaría con la desvirolada de Pereira, Aihtara, Arathía, Albalucía Ángel, Albalú: bienvenida a casa”.
Con estas hermosas palabras, de la escritora pereirana Juliana Javierre Londoño se inició el pasado sábado 20 de junio , a las 4 de la tarde, en el centro de servicios sociales de Comfamiliar Risaralda, de Santa Rosa de Cabal, la bienvenida por décadas esperada, de nuestra querida novelista Albalucía Ángel Marulanda, palabras que nos conmovieron profundamente, y nos llevaron a un éxtasis poético, dónde se configuró la memoria, la historia, la admiración y la belleza de una vida libre, sincera y llena de luz, entregada totalmente a la literatura y al amor. Unido al mantra preliminar que Albalucía nos invitó a realizar, todos tomados de la mano, repitiendo yo soy paz, somos paz, inhalando y exhalando, “es como si respirara el corazón” nos repetía en medio de una tarde donde la serenidad se depositó como una primavera de palabras y sueños realizados.
La escritora Albalucía Ángel quien desde 1964 decide viajar a Europa, embarcándose en Cartagena con la ayuda de Alejandro Obregón, y decidida a llegar a Italia, lugar que nunca llegó, porque decidió a última hora quedarse a vivir seis meses en Barcelona, Albalucia nos entregó una tarde donde su voz y su manera de hablar errante como su vida, nos llevó por sus historias, por la memoria de momentos fuertes de nuestra realidad, por su resiliencia ante la discriminación, ocultamiento e indiferencia y de todo un sistema ante su significativa obra.
Encuentro soñado
Juliana Javierre fusionó de una manera magistral un encuentro por ella soñado desde los doce años, dónde agradeció ese diálogo que había iniciado Juliana hace mucho, pero a través de sus libros.
Este evento que hace parte de la promoción oficial de la Feria del Libro de Pereira 2026, quedará guardado en los corazones y el alma.
Agradecimientos a Juliana Javierre, a la Cámara de Comercio de Pereira, a Claudia Morales y a Mauricio Ramírez por este sueño por todos esperado.
Nos quedamos con las palabras de una mujer adelantada a su tiempo, que comprendió que tenía alas, que sigue escribiendo, que este próximo siete de septiembre cumple sus noventa años y que está tan lúcida y vigente como nunca, que tiene más de treinta libros inéditos, entre ellos dos de poesía, pero queda en el aire una de sus frases, que es toda una línea versal, y que nos la repitió “nací cantando y moriré escribiendo”.
Larga vida andariega.
Albalucía Ángel, la cherezada criolla
Franklyn Molano Gaona
El corazón de Juliana Javierre Londoño, latía a mil. Desde muy joven, desde los 12 años, cuando un profesor en clase, le dio a leer a Juliana, la obra de la escritora Albalucía Ángel , un extraño hechizo y una fría magia, cayeron sobre Juliana, que hasta el día de hoy, las novelas y los escritos de Albalucía, la acompañan.
El lati r incansable de Juliana l legó al momento de mayor emoción, cuando las dos, A lbalucía Ángel y Juliana, que no se conocían, se vieron por primera vez y ese pase mágico de verse fue real. Ambas cruzaron un par de palabras, sonrieron leve, se tomaron las manos por segundos y de inmediato, la conversación las hizo cómplices de la escritura, la literatura y la vida.
“Yo te hablo desde el corazón, ahora Albalucía y pienso ahora, en ese corazón, que como de decías, está latiendo a mil, porque sueño con este momento desde los doce años”, dijo Juliana con su voz entrecortada. La cita de ese encuentro fue el sábado 20 de junio en el cuarto piso de una sede de Comfami liar Risaralda en el municipio de Santa Rosa Cabal a 30 minutos de Pereira (Risaralda), donde cerca de 200 personas asistieron a escuchar, para muchos, por primera vez a Albalucía Ángel , una de las escritoras más importantes de Pereira y de Colombia.
En el auditorio, se sentía la alegría y la expectativa. Los ojos de los asistentes se fijaron en Albalucía y Juliana. Las dos tomaron asiento y de ésta manera, Juliana presentó asi a A lbalucía:
“La Pájara Pinta, la mujer libre, la andariega del mundo, la escritora secreta, la caminante, la rebelde, la cherezada criol la, la extrajera perenne, la madre de mi les, la inagotable, la cantante, la chica de la bota amari l la, la andrógena, la tan feminista, la que no es del montón, la mujer inf inita, la que escribió como le dio la gana, la que vivió también como le dio la gana, la que ha entendido la vida y la escritura como una sola cosa, la que ha buscado siempre su lenguaje y su verdad, su auténtico lenguaje, la galáctica, la chamana, la guitarrista que solo sabía tocar tres notas, la mujer de múltiples destinos, la que cruzó montañas con solo la fuerza de sus alas, la inclasi f icable, la que nunca se despejó de su propio ser, la que entregó la vida a la escritura, la que abrió caminos, la que no dejó que el los la convirtieran, la que dice que entre todos sus epítetos, se quedaría con éste: ‘ la desvirolada de Pereira’. Aitana, A ratía, A lbalucía Ángel, A lbalu, bienvenida a casa”.


