23.4 C
Pereira
sábado, julio 2, 2022

Tarjetas de Temporada

Es tendencia

El eje roto del alma

Todas las lágrimas

- Advertisement -

Cada Navidad envío a mis amigos y conocidos cercanos una tarjeta con motivo de las festividades de fin de año.

Emulo el ejemplo de mi padre quien expedía docenas de tarjetas con buenos deseos con motivo de la estación.  “Hay que dejarle saber a los amigos, y a todos con quienes uno ha tenido una relación significativa durante el año por cualquier razón, que uno los recuerda, especialmente aquellos que no hemos visto por largo tiempo.” Así decía mientras le ayudaba a organizar todas las tarjetas recibidas el año anterior, guardadas en una caja, a propósito, revisando uno por uno los sobres para saber de quién provenía, tomar la dirección y proceder a enviar las suyas. “Además, para algunas de esas personas la tarjeta puede que sea la última vez que saben de ti.”

En la misma forma he procedido desde que llegue el uso de razón en mi adolescencia, sin importarme si la gente corresponde la atención. No lo hago por mí, sino por todos los que de alguna manera significan algo importante para mí. Frecuentemente algunos de esos amigos y conocidos me confiesan que la mía fue la única tarjeta que recibieron, y ello me hace sentir solidario.

No recibo muchas tarjetas, pero en la misma forma agradezco las llamadas y correos electrónicos.  Entiendo que es una costumbre que ha pasado de moda. Se muy bien que la terquedad es una de las facetas de mi carácter, sin detenerme a pensar si ello es bueno o malo. Por supuesto que varias de esas personas que reciben mis tarjetas devuelven el gesto, por lo cual me considero privilegiado. Hoy en día hay varias maneras de dejarle saber a la gente que uno las recuerda, pero la tarjeta, con el nombre de quien la recibe y el mensaje individualizado escrito con puño y letra, reviste un carácter particular. Ello justifica, silenciosamente, cualquier sentimiento que despierte en quienes las reciben.

La pasada temporada recibí veintiuna tarjetas, el número más alto de los últimos diez años. No quiero pensar que la pandemia tuvo que ver algo en ello. Tampoco el número de las que envié el que sobrepasa el centenar, un numero consistente a lo largo del tiempo perdiendo la cuenta. Son muchos inviernos. Ya no recuerdo.

A medida que llegan en el correo, las coloco sobre la cajonera a la entrada de mi apartamento, conformando una nota festiva, la única pero suficiente desde que vivo solo. El grupo va creciendo lentamente, hasta el día en que parece que no cabe una más. Siempre hay espacio para la última.

Las celebraciones de fin del año pasado fueron sobrias en casi todo lado. En lo personal considero que soy afortunado, cuando en un momento hice el balance de los emprendimientos realizados a lo largo de 2020, no obstante, las circunstancias. Por eso deje las tarjetas expuestas hasta ahora, y espero con optimismo que 2021 será igual de productivo, o mejor.

Con esa satisfacción opté por dejar las tarjetas por más tiempo que el tradicional, y decidí desmontar el arreglo este año el primer día de primavera. 2020 no fue un año perfecto, ni siquiera por defecto, pero igualmente deparó alegrías extraordinarias.

Adjunto una foto de las tarjetas sobre la cajonera antes de bajarlas y guardarlas para siempre en el morral de los recuerdos.

Felix Angel
Washington DC
20 de marzo de 2021
@Felix Angel

Artículo anterior“No turismo ni folklor”
Artículo siguienteCumpleaños

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

Una verdadera reforma

Axioma del cambio

Oasis

- Advertisement -