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martes, noviembre 29, 2022

Superficies Abyectas Juliana Bedoya

James Llanos Gómez

Curador

Superficies Abyectas de Juliana Bedoya, son una serie que nace, narra y vive, gracias al mundo de la academia y ella es, una investigadora del Acto Artístico desde la pedagogía, lo social, lo familiar, la creación y lo colectivo.

La obra de Juliana es una explosión de color amalgamado en una montaña, unos perfiles que sobresalen de la plataforma, lienzo, cambas o metal, siempre matérico siempre bien potente, unas manos que cuentan a través de su prototipo de vida, unas lamentaciones que dicen de qué está hecho el mundo de la especie humana, animal y vegetal – nada se le escapa-;  una mujer consecuente con las principales situaciones sociales, con las emociones y sentimientos de todo aquel que respira o camina, que igual permiten que la artista en cuestión, haga de su hecho artístico una redacción crónica que pega directo al ojo del espectador.

Su taller de expresión pictórica revuelto con los contenidos de sus discípulos, nos mantiene en duda en el recorrido, uno definitivamente se pregunta ¿de quién es cada cuadro? Y salta a la vista quién es el doliente de cada obra presente, algunas de sus obras que comparten espacio de taller, son de ella, producto de los sobrantes de las paletas estudiantiles, los restos de materia pictórica de cada una de ellas, terminan o llegan a las superficies de Juliana, donde se van alzando horizontes y macizos, una historia construida (tarros, pinceles, trapos, tapas con gestos) que arman recovecos que provocan en el observador un significante.

Estos contenidos luego pasan a la mesa de cirugía de la artista como algo despreciable, para concretarlos en algo contemplable.

“Las siguientes reflexiones sobre la imagen de la abyección aspiran a proporcionar algún criterio para enfrentarse al problema de cómo representar adecuadamente las vidas precarias y los estados miserables que despiertan un justo sentimiento de indignación. Se trata de evitar un uso de las imágenes de esos estados que pueda ser calificado de abyecto porque corrompa, desvíe, el primer deber que tenemos de rechazar –abyectar– tales estados que sólo pueden parecernos intolerables y dolorosos. No es fácil distinguir, sin embargo, entre el uso abyecto y el justo o adecuado de las imágenes que tienen como tema tales vidas o estados precarios.” Antonio Rivera García.

Sigamos: Su habitación con un foco cenital, una mesa rectangular de pared a pared, sostenida por una serie de cajones, donde guarda sus óleos, lápices, hilos, agujas, cuadernos de artista y libros, es un laboratorio que se asocia con su obra, y su mesa, es una escaleta cinematográfica, un guion realizado que representa el dolor de la metáfora o la metáfora del dolor, en el que el orden de la frase sí altera el contenido sin perder el hilo. En una pared lateral de su pequeño mundo habitan una serie de poemas en grafías, donde cuenta a través del color, el lápiz, los hilos, las miradas, las sonrisas, las travesuras agrestes de su personalidad y/o también de situaciones que conmocionan el mundo. En fin, Juliana presenta una obra que nace y recorre una vida complementaria.     

Su Casa Taller y Sala de Exhibición con sus autorretratos en primerísimo primer plano, son detalles, expresiones acontecidas, facetas humanas de personajes que viven en el mundo del recuerdo, que hacen de esta arquitectura un parnaso que yo nunca imaginé que existiera, posee la construcción filosófica de muchos años, convirtiéndose en una deconstrucción paralela entre su ser y su parecer. 

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