Virgen del Tawantinsuyu

 

Fueron tiempos de bárbaros e ilustrados; con sus botas y barbas y libreas, azuzaron los perros y fogonearon mosquetes sobre la carne desnuda del nativo. Invadieron, robaron y raptaron enfebrecidos por entre la floresta, a las vírgenes del sol.

Hasta bien entrada la noche permanecí en el salón a la espera del final de la lectura.
A mi lado, alguien sollozaba inconsolable.
Conmovido me arriesgué a indagar por su congoja.
– ¿Acaso usted conoció a Madame de Graffigny? – Pregunté.
Era una criada ingresada al salón a hurtadillas. Piel morena, lisa y limpia con ojos aún vírgenes como de otras latitudes.

-No. Solamente esperaba algo del testamento. – Me contestó airada en un francés perfecto.
Esta vez el salón no era el escenario habitual de lecturas y debates de enciclopedistas de moda; se trataba del testamento de quien fuera depositaria de la historia de una joven incaica, traída a Paris por un geógrafo de apellido La Condamine, que trasegó por tierras ecuatoriales del nuevo continente.

La mujer aún muy joven había logrado escalar posición social como criada en el salón de Madame Geoffrin.
Su diario, compuesto en quipus y traducido por ella misma, cayó en manos de Madame de Graffigny quien se hizo famosa por cuenta de su tragedia.
– ¿Y qué esperabas de Madame de Graffigny? – insistí.
– Que a su muerte me devolviera el diario.

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*Escritor colombiano. Ha publicado cuento, poesía, crónica periodística y ensayo en periódicos y revistas de su país. Libros: Aconteceres y Nostalgias: poemas extraviados, Amazon Ed. 2017; Resumen total de la melancolía: poemas en contravía, Amazon Ed. 2018. Apuntes críticos sobre una Colombia desdibujada: ensayos callejeros, Amazon Ed. 2019. Ingeniero y Geógrafo. Profesor universitario. Actualmente está dedicado a la creación literaria.

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