Prólogo al libro “Historias de un pueblo encantado”

Oscar Seidel

El autor de este libro de cuentos es un reconocido escritor y periodista caldense premiado en concursos nacionales, lector de todas las horas, autor de once libros entre historia, novela, cuentos y ensayos, además de columnista de importantes medios nacionales. Si bien aprecio todo el trabajo realizado por este escritor que es considerado como uno de los colombianos que mayor conocimiento tiene de la obra literaria de Gabriel García Márquez (es autor del libro Para conocer a García Márquez), considero importante confesar mi preferencia por su trabajo como narrador porque yo también soy contador de historias. Si bien sus creaciones anteriores se caracterizan por el brillante manejo del idioma, en este libro José Migue Alzate confirma que su fuerte es la ficción. Hay en estas páginas un agradable olor a pueblo paisa. San Rafael de los Vientos, que es una transposición poética de su añorado Aranzazu, es el espacio geográfico donde suceden diez de los trece cuentos de este libro. Es el mismo poblado de arraigadas costumbres paisas donde trascurre su novela San Rafael de los Vientos.

Lo mismo que Gabriel García Márquez, que hizo inmortal a su Aracataca del alma, convirtiéndolo en ese Macondo que es referente de toda su obra narrativa, José Miguel Alzate narra en este libro ficciones y realidades de un poblado fantástico. En “Historias de un pueblo encantado” se descubren cuentos como “La mujer que no tenía nombre”, donde se narra cómo una muchacha de once años llegó a Aranzazu en busca de un familiar que le había contado que allí aparecía en las noches un alma en pena; o “Los muertos del Café Pielroja”, donde un jugador de billar es asesinado por haberse enamorado de una extraña que llegó al pueblo para convulsionar con su belleza a todos los pobladores. En estas narraciones se advierte la influencia de García Márquez en las ficciones de José Miguel Alzate. Hasta un homenaje le hace en el cuento “Monólogo de García Márquez viendo llover desde el cielo”, premiado en el Concurso Internacional de Cuento convocado por la Alcaldía de Aracataca para celebrar los noventa años del natalicio del escritor.

No podían faltar en este libro las historias terribles sobre la presencia de la guerrilla en los pueblos del Eje Cafetero, plasmadas de una manera casi que real en los cuentos “Y huyó del reclutamiento forzado”, “Historia de un niño triste”, “Cuando la guerrilla se tomó el pueblo” y “Parábola del regreso”, historias narradas con verismo, que, aunque en la realidad no ocurrieron en Aranzazu quieren mostrar esa Colombia que ha sufrido un doloroso desangre por culpa de la lucha armada. Escenas, las de estos cuentos, que se han vivido en varios lugares de la patria, y que las victimas nunca olvidarán porque causaron desolación y tristeza en comunidades que nada tenían que ver con el conflicto armado.

En el cuento donde José Miguel Alzate deja reflejada la experiencia de los tiempos en que fue redactor judicial del Diario de la Frontera es en “El día que mataron a Jaime Garzón”. Esta es una de las cuatro historias que no suceden en San Rafael de los Vientos. Sin embargo, el reportero que aparece en el cuento como el amigo que le aconseja al humorista que se cuide debido a las amenazas de muerte que recibe, nació en el mismo pueblo donde vino al mundo el autor de este libro. Lo que comprueba que el escritor mantiene en su obra un hilo visible con el espacio de su infancia a través de su trabajo literario. Esto se advierte en San Rafael de los Vientos, la novela donde un idealista llamado Juvenal Bustamante se enamora perdidamente de Rosalinda Pinzón, una hermosa mujer que llega al pueblo para adelantar como agente secreto una investigación que busca determinar si ese personaje que por leer a Carlos Marx y admirar al Che Guevara el escritor Fernando Ayala Poveda calificó como “un insumiso, un anarquista, un librepensador”, representaba un peligro para la institucionalidad.

Como para un guion de novela en televisión es el cuento “Una rosa sobre la mesa”, donde cualquier parecido con una diva nacional es pura coincidencia. Aquí el narrador no solo muestra cómo es ese San Rafael de los Vientos donde se inicia la historia de amor que, no obstante, el tiempo transcurrido sobrevive en el recuerdo de los amantes, sino el perfecto conocimiento que tiene de “la ciudad luz”, ese París donde un hombre que quiere ser escritor trabaja en una editorial alimentando el sueño de regresar a Colombia para reencontrarse con el amor de su infancia.
Las otras historias: “La niña que encontró una estrella”,” La mujer que pintaba paisajes”, “Juegos pirotécnicos” y “La tortuga Teresa” son relatos donde se descubre la capacidad imaginativa de José Miguel Alzate. Me llama la atención el personaje de “monólogo de un oportunista” por esas exageraciones que me recuerdan relatos populares como “El Putas de Aguadas” o “El Verraco de Guacas”, Esta historia debería haberse ubicado como sucedida en San Rafael de los Vientos. Pienso, al leerla, que el escritor quiso darle una connotación nacional. Lo digo porque un personaje como ese, que en el cuento no tiene nombre, existe en cualquier rincón de Colombia.

Agradezco a José Miguel Alzate haberme escogido para prologar su nuevo libro de cuentos. Fue una oportunidad para compartir la admiración que me ha generado la lectura de sus libros. Puedo repetir las palabras que escribió Fernando Soto Aparicio en el prólogo a “Sinfonía en azul”, el primer libro de cuentos del escritor aranzacita: “José Miguel Alzate es un buen escritor. Lo he leído en numerosas crónicas; es un agudo crítico, al que se le deben unas cuantas de las pocas páginas serias a las que se les puede dar el título de críticas. Y ahora se revela como un ameno narrador de cuentos, que toca esa diversidad de ángulos del gran problema de América Latina: la violencia”. Termino afirmando que el autor que pregona con orgullo haber nacido en Aranzazu es para mí uno de los escritores contemporáneos más importantes del Gran Caldas.

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