Los borrosos recuerdos se develan

Gabriel Posada

Sentados sobre una escalera de madera que daba a la casa principal de mi abuelo adoptivo, papá y mamá miraban a hurtadillas por la puerta entreabierta que daba a la sala principal, embelesados, como embelesado estaba el mundo, la centelleante luz de un televisor a blanco y negro que transmitía en vivo y en directo la borrosa llegada del hombre a la luna. Con mis hermanas, nos unimos desde los bajos de la casa con cierto miedo al festejo -sin televisor propio- para mirar los nuevos rituales de la imagen en movimiento. Papá con una buena venta que hizo de zapatos de la fábrica de calzado Confort donde trabajaba, nos llevó a todos al cine que quedaba a escasas tres cuadras de la casa, al teatro Centenario donde presentaban la película mexicana “Viruta y Capulina “en la que actuaba Tin Tan (Germán Valdez, el hermano de don Ramón Valdés), mi hermana Carmen se quedó dormida en plena función como solía quedarse dormida en misa y tuvo una pesadilla tal que nos hizo salir a todos del cine. Mi madre diez años antes también salió de allí apurada por la fuente de la vida que mi hermano Carlos Alberto apuró para su nacimiento, el eco de Libertad Lamarque cantando “Duerme” de la película “Si volvieras a mí” acompañó su parto.

Ese año -el año de la luna violada- yo pasaba diariamente por el teatro Centenario para ir a estudiar a la escuela Uribe de la calle 27, allí eventualmente nos llevaban a ver cine de interés escolar, la luneta del teatro, en el primer bloque de sillas se inclinaba un poco hacia arriba, hacia la pantalla, dando siempre la sensación, cuando apagaban lentamente las luces- de ir uno en despegue como en el Apolo 11. Nunca pude entrar a las noches del Centenario, fantaseaba con las estriptiseras vagabundas a las que exhibían en fotos promocionando sus encantos en grandes carteleras afuera del teatro.

Entrados los años 70 junto a papá vimos todas las películas domingueras, especialmente las que presentaban en el teatro Caldas, sobre todo eran de vaqueros, grandes nombres aparecieron ante nuestros ojos: John Huston, John Ford, John Wayne, Clint Eastwood, Franco Nero, recuerdo cuando papá estuvo en el 76 en Los Ángeles (California) trabajando indocumentado; en una de sus llamadas a casa, le dijo a mamá que me dijera que había conocido a John Wayne en una gasolinería de los Ángeles, que era igualito a como lo habíamos visto en la películas con sombrero vaquero, unos jeans sucios y botas puntiagudas. Mi hermana mayor Gloria Inés me pedía que la acompañara a ver películas de terror en el Consota, sus favoritas eran las de Drácula: “El Poder de la sangre de Drácula”, “El Conde Drácula”, “Sangre para Drácula”, “Las cicatrices de Drácula”, “El gran amor del Conde Drácula”, etc. Publicitadas siempre con ataúdes a la entrada, todas protagonizadas por Christopher Lee, sus ojos rojos y sus colmillos sangrantes no me dejaron dormir en muchas de mis noches solitarias. Cuando ya tuvimos televisor propio, mamá era poco aficionada a sus emisiones, pero había una serie llamada “El Santo” que le encantaba, su protagonista era Roger Moore que encarnaba un personaje llamado Simón Templar y fue tan grande su éxito televisivo que lo llevaron al cine, en el teatro Nápoles pasaron la película y fue la primera vez que fui con mamá a cine solos. El Teatro Colombia era muy lejos y nunca fuimos, al Capri lo inauguraron en 1970 con “Oliver”, un musical del Reino Unido que recibió varios premios Oscar en el 68. El teatro Capri para mí era fantástico, lleno de cortinas amarillas mate, elegante, alfombrado, el más cómodo con un hall espaciado antes de entrar a su sala y dos salidas de emergencia a sus lados donde resaltaban como oro las carteleras con los afiches y las fotografías de los próximos estrenos. El Capri entró a competir hasta su cierre con el teatro Consota, ambos tenían las mejores máquinas para proyectar cine y por allí pasaron los más fantásticos efectos sonoros y de imagen, claro, con las tragedias como eje central. Allí vimos “Terremoto” de Mark Robson, los parlantes gigantescos que pusieron en la sala para sentir su sonido Sensurround fue escalofriante para los sentidos. También allí en el 79 volvimos todos en familia como en el 69 ya para ver “Chanfle” de Enrique Segoviano con todos los actores del Chapulín Colorado y el Chavo del 8, aunque mi hermana Carmen volvió a dormirse, esa vez no tuvo pesadillas.

En el teatro Karká se me reveló otra cinematografía, yo tenía 13 años y medía más de 1.70 mts y me dejaban entrar a ver las películas catalogadas para 18 años: “Las mil y una noches”, “El Decamerón” y “Los cuentos de Canterbury”, la trilogía de la vida de Pasolini, me iniciaron en un camino que encontré amplio y profundo cuando llegué a Comfamiliar y conocí el Cine Club Universitario.

Cine Club Universitario
Los ecos de un gran acontecimiento cultural ocurrido en Pereira me llegaron a los oídos en 1980 cuando llegué a Comfamiliar, había pasado un encuentro nacional de cine clubes donde el invitado principal era el maestro Hernando Salcedo Silva, padre del cineclubismo en Colombia, aún en las carteleras del teatro quedaban las huellas de la programación y fue lo primero que actualicé al organizar la publicación de la semana. Por vez primera tenía en mis manos fotos y afiches de películas que en las carteleras del Capri veía inalcanzables, el rostro de Geraldine Chaplin en la película “Ana y los Lobos” de Carlos Saura fue la primera caricia a los impresos que llegaban envueltos junto a las latas de las películas que por rollos (5 o 6) de 20 minutos cada uno conformaban una película. “Ana y los Lobos” se soporta sobre tres pilares: la religión, el ejército y la represión sexual como un todo del Estado español dictatorial de Franco. Apenas empezaban mis descubrimientos con el mundo del cine profundo, humano y político y fui su alumno durante 5 años.

En Comfamiliar había un trabajador, Carlos Realpe que eventualmente le daba una mano al teatro cuando lo necesitaran, reemplazaba a don José el proyeccionista cuando este descansaba y si había alguna actividad extra él la suplía. De él aprendí a manejar las puntas de un marcador y a echarle sombras a las letras y hacer avisos pequeños y de gran tamaño. Doña Norma la directora del teatro programaba el cine para la semana y los domingos la matiné. De a poco fui muy metiendo “las narices” en la programación que a veces doña Norma me consultaba.

Los octubres cumplía años Comfamiliar y el teatro hacía de sus galas una oportunidad para presentar una película de estreno, una obra de teatro, y una buena compañía de ballet, vi allí al maestro Jaime Osorio Guerra, precursor del ballet en la ciudad junto a Ana María Mejía. El estreno en Pereira del filme “Con los Ojos Vendados” de Carlos Saura se lo “robamos” al cine club y metí mi primer gol en la programación, severo afiche con la imagen de Geraldine Chaplin emulando las torturas de la dictadura argentina. Alguna vez el programador de Cine Colombia en Cali, donde se alquilaban la gran mayoría de las películas le jugó una broma pesada al teatro, doña Norma quería en las festividades mostrar un estreno para la franja infantil y desde Cali le ofrecieron el estreno de una versión de “Blanca Nieves y los siete enanitos”, obviamente se alquiló esta versión a ojo cerrado. Cuando don José empezó a proyectar la cinta infantil empezaron los gritos y los silbidos por lo que se estaba viendo, nos habían prestado una versión porno de Blanca Nieves. Por fortuna había otra película que aún no se había devuelto a la Casa Distribuidora y se pudo, al menos, proyectar una película “decente”.

El Cine Club Universitario tenía funciones los martes de 6: 30 y 9:00 de la noche, ese día era mi día libre ya que las funciones eran alquiladas por el cine club que en ese entonces lo conformaban Sonia Pachón, Germán Ossa, Jesús Calle, Fernando Maldonado, Henry Sánchez y Gilberto Noreña.
Disfruté de grandes ciclos de países para mí imaginados como Polonia, Checoslavia y los más reconocidos directores de la época: Bergman (El séptimo sello, Persona, Gritos y susurros, Cara a cara, Sonata de otoño, De la vida de las marionetas, Fanny y Alexander), Fellini (8 y medio, Amarcord, La Ciudad de las Mujeres…) Buñuel ( Viridiana,Tristana,El Discreto encanto de la burguesía, Ese Obscuro Objeto del Deseo), Saura ( La caza, La Madriguera, Mamá cumple cien años), Antonioni (La aventura, El desierto rojo, Blow-up, Zabriskie Point) Costa Gavras (Z, La Confesión, Estado de Sitio, Desaparecido), Bertolucci ( El Conformista, Novecento), Coppola (El Padrino 1 y 2, .Apocalypse Now, Hammett)…
Las películas las veía a las 6:30 y a las 9 don José me dejaba pasarlas y el Cine Club me pagaba su proyección.
Hoy, 40 años después, develamos su historia con sus principales protagonistas:

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