Lo verde en Cien Años de Soledad

Moro Manzi

Me aventuro a escribir sobre las plantas que menciona el autor de esta novela clásica porque me llama la atención la manera como aparecen los nombres de cada una de las matas sin alteración alguna. Cada especie vegetal la nombra como se la conoce. No dirige su opinión de autor imaginativo en desviar el sentido natural para el cual ha sido creada. Los vegetales cumplen su función produciendo sus tallos, ramas, hojas, flores y frutos de acuerdo a su esencia orgánica de crecer y tener vida in situ.

Para iniciar esta lectura vegetal he reunido todos los ejemplos aparecidos en el libro e irlos describiendo desde el plano botánico por su composición, desarrollo, adaptación y sus posibilidades nutritivas, adivinas y medicinales. Ejemplos:

“ < …Úrsula y los niños se partían el espinazo en la huerta cuidando el plátano y la malanga, la yuca y el ñame, la ahuyama y la berenjena >”

Partimos de unos productos que tiempo atrás tuvieron su origen en el sudeste asiático y en el África del oeste, y hoy siglos después se adaptaron a América cuyo trópico les sienta demasiado bien. Estos productos se reproducen por tubérculos o rizomas o cormos: la malanga, el ñame y el plátano; la yuca por estacas, y la ahuyama y la berenjena se prolongan por semillas. Es muy curioso que la lista de estos vegetales guarden mucha relación con la acumulación de almidones de alto valor alimenticio; ricos en hidratos de carbono y azúcares. La ahuyama o calabaza o zapallo es una planta herbácea trepadora de tallos volubles, flores pequeñas, hojas grandes y de raíz carnosa y comestible. Y finalmente la berenjena, solanum melongena, cuyo fruto comestible es una baya de colores diversos según la variedad. Se puede observar que todos estos vegetales contribuían enormemente a la alimentación hortelana de la familia de Úrsula; era un complemento calórico y nutritivo para mantener vigoroso los diferentes temperamentos.

“<…Un patio con un castaño gigantesco, un huerto bien plantado…>”
No pudieron escoger mejor escampadero para José Arcadio Buendía que el castaño gigantesco de treinta metros de altura a cuyo tronco de dos metros de circunferencia lo ataron como medida preventiva o definitiva; de ahí en adelante este árbol sería su refugio hasta su muerte. José Arcadio Buendía debió alimentarse en época de fructificación de las agradables castañas o nueces ricas en carbohidratos y grasas y proteínas. Sus hojas grandes y de consistencia de cuero debieron caer sobre su cuerpo en época de desprendimiento por su naturaleza caducifolia.

Galeno decía sobre las castañas: < engendran ventosidades, hinchan y restringen el vientre, se digiere con dificultad, provocan apetito venéreo…>

Y el Marqués de Sade: en su libro La flor del castaño: “… que la flor del castaño posee efectivamente el mismo olor que ese prolífico semen que la naturaleza tuvo a bien colocar en los riñones del hombre para la reproducción de sus semejantes”.

“ < Úrsula ordenó construir un largo corredor protegido del resplandor del medio día por un jardín de rosas, con un pasamanos para poner macetas de helechos y tiestos de begonias >”

Úrsula conserva la tradición de lucir en el corredor las plantas ornamentales como las rosas, aquellas matas que ofrecen infinidad de variedades, flores, colores, aromas, simetrías, arquitectura, en fin, son las flores mas apetecidas por la humanidad. Debieron ser unos helechos inmensos casi que recién venidos a este mundo, cuyas frondas forman espesura. Y las begonias, que se distinguen algunas por su atractivo follaje más que por sus flores. Es posible que en dicho corredor prevalecieran las begonias por sus hojas de forma de un corazón para deleite de tanta alucinación y despiste.

“< De la antigua aldea de José Arcadio Buendía solo quedaban entonces los almendros polvorientos, destinados a resistir a las circunstancias más arduas…>.”

El almendro es un árbol de hojas caducas que resiste el clima seco y se adapta fácil a merced del viento y a la escasez de agua del cielo. Su presencia errática por callejones y caminos olvidados hacen de este árbol un centinela que se opone al sol y brinda a la vista el desprendimiento lento de sus hojas coriáceas que vuelan al golpe del viento; hojas que al pisarlas producen un ruido crocante.

“< El aire había muerto en los cipreses del patio, en las pálidas colgaduras de los dormitorios, en las arcadas rezumantes del jardín de los nardos >. < Se murió de un mal aire que le dio al cortar una vara de nardos >:”

Al referirse al ciprés, conífera de estatura alta, porte piramidal y hojas perennes muy pequeñas, alineadas en parejas y opuestas y decusadas; vistas desde arriba, forman un aspa o cruz. Se dice que con su madera se construyó el Arca de Noé y parte del Templo de Salomón. La ausencia de aire en estas circunstancia afectó tanto a los cipreses como a los nardos. El aire al ausentarse, retarda el desarrollo y apertura de los botones florales del nardo; mas allá del vapor de agua que ofrece el aire, otros elementos de su composición los arruina en su vigor. El patio sembrado de nardos no debió ser tan grande puesto que su manejo cultural es dispendioso y requiere dedicación especial. Esos nardos blancos, rosados y rojos debieron crear en el patio y en su entorno una fragancia exquisita de extraña recordación. El nardo o vara de san José.

“< Cuando llevaron a la mesa el atigrado racimo de banano que solían colgar en el comedor durante el almuerzo, arrancó la primera fruta sin mucho entusiasmo>”.

El banano cultivado por la United Fruit Company era de la variedad gros michel que en su plena madurez se llena de pecas o lunares cafés o negros y dan la ilusión de semejanza a la piel del tigre. Este banano es de un sabor muy agradable y de buen tamaño. Infortunadamente esta variedad resultó ser susceptible al hongo fusarium que con el tiempo exterminó todas las plantaciones de banano, incluidas las siembras en el pacífico colombiano, especialmente en la región de Tumaco.

“< Meme no olvidaría jamás la noche en que entró en la casa masticando rizomas de regaliz…>”

La raíz del regaliz es uno de los condimentos más antiguos y tiene un sabor anisado y agridulce. La planta alcanza un metro de altura y sus raíces estoloníferas se extienden horizontalmente para luego rebrotar y propagar la planta. Seca la raíz, se mastica y sirve para enmascarar el mal aliento.

“< Una mañana mientras podaban las rosas, Fernanda lanzó un grito de espanto e hizo quitar a Meme del lugar en que estaba…>”.

Interesante costumbre la de podar las rosas para rejuvenecer la planta y estimular su crecimiento; al podar, la luz penetra y el aire circula libremente ayudando a la aparición de nuevos brotes de las que saldrán flores nuevas.

El jardín de la casa de Úrsula debió ser muy atractivo por cuanto estaba sembrado de muchas plantas cuyas flores de muchos colores exhalaban aromas y perfumes al ambiente. Se podían admirar las rosas, las begonias, las petunias, las trinitarias o veraneras, las camelias, los nardos, las orquídeas, las naranjas silvestres, la pimienta, el comino y el laurel, especies que intercambiaban sus universos florales para estimular el amor y la magnificencia del espíritu.

Deja un comentario