Lo que abruma al teatro

Que esta ola humana llamada teatro en medio de tanto ruido nos guie hacia el lugar donde está el antídoto para curar tantas heridas, el teatro como el corazón de las mujeres y los hombres erizará las conciencias y acompañará el sendero

Alonso Marulanda Álvarez

Muy seguramente no será un navío perdído, porque el teatro ha soportado muchas tormentas, ningún vendaval lo deprime, su coraje, su corazón es valiente.
Encogido pero sigue esbelto, vestido de paño, herido, orgullo, pero siempre recupera el aliento.
Es viejo y tiene como costumbre pasar tragos amargos, es como un bello viejo de cabellos grises, con mirada de acero como un modesto hombre de pueblo; encantador continúa recordando las cifras de lo bueno y lo malo que le acontece a nuestra sociedad, continúa revelando la presencia de lo inhumano con su voz severa, exigiendo acelerar la irreverencia y terminar con tanta paciencia.

Va por la vida el teatro esperandose olfatear nuevos aromas, aspirando que tanta sumisión cotidiana se termine.
Que suavemente se pose sobre él algo merecido y poder con todos compartirlo; que para siempre se aparte del pueblo está mueca de dolor.

Sin miedo
Quiere el teatro que por su boca brote el fin de la duda, que muera el miedo, que la desolación no vuelva para que la bendita mujer y hombre levanten al caído y sus frases no vuelvan a ser de piedras que maltratan, que las puertas no sean tan estrechas, que estás sean amplias para que entremos todos y todas, que podamos sentirnos dueños de la ciudad sin privilegios, todos sentados en un mismo banco, con una precaución razonable, donde aportemos el valor antiguo de ser útiles colectivamente, sin torcerse todas y todos caminemos en rojas sandalias de manera igual, sólo así llegaremos muy lejos sin lastimarnos, sin soltarnos de nuestros brazos, juntos iluminando el camino, con nuestra emisión como equipaje, donde la oscura tristeza sea desechada y coloquemos en nuestros hombros la dulzura, blancos y finos cantos, caminar por ardientes calles donde gritemos nuestros sueños y utopías para colocar fin a tanta desenfrenada locura, donde el gesto de la fatalidad no vuelva jamás, suavizaremos las palabras con la sabiduría hecha de nuestra experiencia, pescaremos alas para alcanzar un alto vuelo, todos los ojos, los oídos no serán jamás separados y sabremos todo el uno del otro.

Nuevas esperanzas
Expondremos al sol para que nuestras heridas cicatricen por fin, ellas se secarán sin molestar a la luna, respiraremos por fin, olvidaremos a quien ha causado momentos de dolor, lanzaremos al abismo frío, porque más vale no hablarle al pasado doloroso, que todo esto se desvanezca, para que nos fatiguemos pero de edificar confianzas, esperanzas nuevas, que el futuro que elaboremos esté repleto de buenos deseos, escuchemos con sinceridad un corazón colectivo, porque siempre será bueno que mujeres y hombres, niños y jóvenes no se sientan solos.

Pongamos fin a este duelo de todos para que florezca un nuevo día extinguiendo las mezquindades solapadas, y así pueda llegar al pueblo una colecta edificante, proactiva, muy fuerte, convertida en muralla, esperando alerta y tranquilo, pensando que es posible un sol que nos inunde una danza humana, que sea eterna, que guíe nuestros pasos y los agite poco a poco hacia la gratitud, para no carecer de la dulzura.

Otro tiempo
Que la presencia de ayudas aparezcan haciéndose presentes la solidaridad y la ternura, que esté entre nosotros algarabía de voces que conduzca hacia lugares lejanos la ignorancia, teniendo claro que es otro tiempo el que nos acontece; cantaremos en los patios indicando otros caminos nuevos, alertando una ruta sin ausencia del pasado, con voces que no sientan vergüenza y con presencias sensibles para que avance con nosotros la sombra de la dignidad, y podamos crecer con armonías, entendernos con la mirada, caminar al compás de la lealtad y abandonar la marcha lenta de una sociedad esclava, decir adiós a la guerra, para que florezca la primavera, mezclarnos con afecto indios, mestizos y negros.

Decir juntos al dios del mercado y del consumo que nuestras ansias están controladas, que se aleje para siempre, que est no es su escenario adecuado para que así el ritmo sea otro, no malgastarnos, que un mar de voces y muchas miradas y nuestra frente pura devore cualquier mala intención y mal propósito por insignificante que sea debe ser reflexionado y corregido para que nuestros habitantes reformen con sapiencia sus esclavizantes costumbres, para que el eco, el llamado de las mayorías se grabe en las piedras, en el interior de cada ciudadano, como el agua el poder para todos y todas.

Justicia y libertad
A favor de una corriente justa y libertaria, consciente de que falta por recorrer largas distancias, pero podemos precisar y juntar alientos, sin falsas cortesías, para que todas nuestras manos sean protectoras y que todas nos brinden alivio, ya que nuestras miradas encerradas, enjauladas, ante tanta ingenuidad, surjan gestos liberadores para derrotar la impotencia; la toma de decisiones está en nuestro interior, demos fin a este ayuno, no podemos prolongarlo más.

Ya no hay nada seguro, tenemos todo para ganar, nada por perder, estos rostros nobles nada nos han heredado, disolvamos tanto miedo, que esta ola humana llamada teatro en medio de tanto ruido nos guie hacia el lugar donde está el antídoto para curar tantas heridas, el teatro como el corazón de las mujeres y los hombres erizará las conciencias y acompañará el sendero, con su gesto habitual de compromiso sobre las ciudades, conquistará y cumplirá su papel, tejerá los lazos que van a servir de unión entre los nuevos anhelos ya que una intensa luz nos espera, para una nueva puesta en escena.