La pandemia, un compañero de viaje (no invitado), en la historia del hombre

¿Es la Pandemia el triunfo de la muerte?

Ricardo de los Ríos Tobón*

La Ira de Dios
Durante más de tres milenios, las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islamismo) consideraron la Epidemia como un castigo de Dios. Y aunque Jesús trajo un mensaje diferente, el de un Dios benévolo, la idea persistió. Lo que era explicable desde el Paraíso Terrenal, cuando se anunció que el dolor y la enfermedad iban a ser el castigo del pecado. Pero, pensando con lógica monoteísta, Dios cayó en la cuenta de que, con el hombre, su gran invento, no valían ni diluvios ni lluvias de fuego; que se necesitaba algo más fuerte. Y envió la Peste, o la epidemia, o sea la muerte, que no se sabía qué era, ni cómo llegaba, ni cómo se evitaba, ni cómo se detenía. Y parece ser que ahora sí, el hombre entendió que con Dios, el asunto iba en serio. Por eso la llamó La Ira de Dios.

Triunfo de la muerte
Ya en la Biblia, una de las llamadas Plagas de Egipto fue la muerte de los primogénitos, que no debió ser algo muy diferente a una epidemia infantil.
La primera epidemia con historia escrita lo fue 430 años antes de Cristo, en Atenas. Y arqueológicamente se demostró que había sido una fiebre hemorrágica.
Pero la que sí hizo historia fue La Peste de Justiniano, llegada (por supuesto!!), de China, en el año 540. Es el primer choque del hombre con la peste bubónica.

En la sola ciudad de Constantinopla mató 300.000 bizantinos. Y en el mundo se calcula que mató, en cerca de un siglo (puesto que los rebrotes fueron frecuentes), cien millones de personas.
Y regresó desde China (¡por supuesto!) en 1346, en el mismo vehículo: una bacteria en las pulgas de las ratas de los barcos, para frenar la cultura occidental y matar cuarenta millones de europeos, la mitad de la población del continente.

La respuesta del hombre fue caminar con flores alrededor de la nariz para que el aire corrompido no entrara (¡un tapabocas hermoso!) o marcar con una cruz la puerta de la casa para que el ángel exterminador distinguiera la casa de los buenos, como en Egipto, cuando las plagas.

Pero como “el que es agradecido, vuelve”, la Peste volvió en 1855 y reinó por veinte años. Primero en Yunnan con 80.000 muertos en un mes, 2.500 en Hong Kong y más tarde con doce millones y medio en India y Pakistan. Aunque no hizo graves daños en Europa.

Pero como ya se estaba en el siglo 20, en 1940 viajó, la Peste, en avión por primera vez, cuando pilotos japoneses bombardearon la ciudad china de Ningbo con pulgas infectadas y con moscas a Changde, según pudo confirmarse.

En 1823 había llegado, desde Asia, el cólera a Europa, vía Constantinopla. En España atacó en 1833, 1854, 1865 y 1885, sumando más de 800.000 víctimas.

Y de España, en los buques, saltó a América. Por eso García Márquez escribió “El amor en los tiempos del Cólera”. Porque sus abuelos habían vivido dicha peste en la Costa.

América ayudó
En 1741 llega a España, en los barcos que vienen de Cuba, el Vómito Negro o Fiebre Amarilla, y repite en 1800, para regarse por toda la costa mediterránea. Hasta 1805 llevaba 100.000 víctimas.
A Barcelona llega en 1821 y muere el 10% de la ciudad. Y repite en 1870, “sólo con 4.000 muertos”.

En 1918 apareció la Gripa Española (que no era española sino gringa, de Kansas) con tres oleadas, una “normal” en 1918; una más fuerte un año después; y otra al año siguiente. Total en el mundo 50 millones de muertos, faltando datos de Asia y África, teniendo, el coronavirus responsable, la oportunidad de haber viajado, para propagarse, no sólo en barco, sino en tren. Por cierto, los gobiernos cerraron espectáculos y colegios, pero no lo hicieron con las iglesias, que eran el sitio de mayor concurrencia en la época. (Podía ser peligroso irritar a Dios). ¡Por cierto, este rebrote en los dos años siguientes, lo pone a uno a pensar en nuestro Covid19!

Avalancha bacteriológica
Antes habrían llegado la Sífilis, con acusaciones entre Europa y América sobre su sitio original; el exótico Sudor Inglés, que sólo afectaba a los jóvenes y que fue una fiebre hemorrágica; la Difteria, especializada en atacar niños, que mataba por ahogamiento; se intensificaría la Tuberculosis o Peste Blanca, especializada en los trabajadores de la Revolución Industrial; y se mantendría la Lepra, que ya llevaba tres mil años de existencia. Y con mayor refinamiento el Sida, el Ébola y las Gripas Aviar y Porcina. ¡El ataque frontal!

Y ahora llega Covid-19, el refinamiento de la mutación, que ha detenido la marcha de un mundo que se consideraba imparable y que parece tener intenciones de vivir entre nosotros (o contra nosotros) un buen tiempo.

¿Será el Triunfo de la Muerte, como en el cuadro de Brueghel, de 1550?

* Presidente Academia Pereirana de Historia. ricardodlrt@hotmail.com