Juan Marsé, una memoria con vida propia

Alberto Antonio Berón Ospina

A Juan Marsé (1933-2020)
En su mirada, a través de los años, aún persiste el desprecio frente a la fama y el reconocimiento; aunque de ambas disfrutó luego de publicar Últimas tardes con Teresa (1966) una novela extraordinaria de las letras españolas del siglo XX, como bien lo afirma Javier Cercas. Aprendiz de joyero y apenas bachiller, estuvo históricamente vinculado a un grupo literario de intelectuales catalanes, vanguardistas de “alta cuna”, como Carlos Barral o Jaime Gil de Biedma, quienes supieron reconocer en él, un compañero de generación, proveniente de la entraña popular e inigualable creatividad de novelista.

Marsé fue hijo biológico de un taxista, quien tras la muerte de su esposa entrega aquel niño en adopción a una pareja que políticamente resultó más próxima a la II República derrotada, que a los vencedores franquistas. La extrañeza y la distancia con la clase de los vencedores, continuará presente medio siglo después, cuando es observado y rodeado en Madrid, durante el año 2008 al recibir el premio Cervantes. Se revela en él un gran nerviosismo e incomodidad al ofrecer su discurso oficial, perplejidad cuando reconoce su imagen en la exposición fotográfica acerca de su vida, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Barcelona ha sido asociada a los nombres de dos contadores de historias, el uno cantor y el otro narrador, ambos tan catalanes como Las ramblas: joan Manuel Serrat y Juan Marsé. Las canciones del uno, así como las letras del novelista, cuentan historias de vencidos, pero sin exaltaciones resentidas o pendencieras; por el contrario, motivadas por la certeza estética, que la existencia de los perdedores resulta más sublime que el devenir de quienes han alcanzado la cúspide del triunfo.

En 1987 Joan Manuel Serrat hizo de “Los fantasmas del Roxi” un tema musical, inspirado en un relato de Marsé que reconstruía la memoria urbana de cómo tiempo después de la demolición de un teatro reemplazado por el Banco Central, un vigilante nocturno juraba haber visto un trasatlántico cruzar la sala de clientes, reconocer los fantasmas de Clark Gable, Glenn Ford, rubias platinos, Humphrey Bogart, toda la mitología de Hollywood. EL Roxi fue un viejo teatro, donde se proyectaban “amores imposibles y pasiones desatadas y violentas” Un local de medio pelo con “gallinero” incorporado, como los que sobreviven en los barrios antiguos de las ciudades.

Tres grandes temas definen su lenguaje: el anarquismo, el sarcasmo y el folletín. Cuatro son los fenómenos ideológicos que subyacen como objetivos de desmitificación de sus novelas: la Guerra Civil, el marxismo, las luchas reivindicativas de los estudiantes universitarios y el peso de la moral católica utilizada por el franquismo. Sus ecenarios lo componen barrios emplazados en las periferias y extramuros de la ciudad habitados por modestos empleados y obreros, confrontados a los barrios de los ricos. Sus novelas Encerrados con un solo juguete, Si te dicen que caí, Un día volveré contienen las memorias de aquellos años de luchas encarnizadas por motivaciones ideológicas, proyectos políticos fallidos, conspiraciones, clandestinidad y amores fallidos. Todos estos, estructurados en un lenguaje poético y experimental que le separa del realismo social de la generación anterior de escritores.

En una novela como Últimas tardes con Teresa conviven, recordando un comentario de Vargas Llosa, el sucio ambiente del barrio y los veranereaderos de una burguesía catalana hipócrita, egoísta y prejuiciosa. Su gran personaje: el pijoaparte Manolo Reyes, llegó de la pobre región de Murcia, al sur de España a escasos 14 años; convirtiéndose con el paso del tiempo en un hábil y vulgar ladrón de motos. El ambiente proletario de Manolo Reyes contrasta con el entorno burgués de la líder estudiantil Teresa Serrat, su novio y amigos. La familia de Teresa pertenece a una sociedad acomodada que a mediados de los años cincuenta experimentó una enérgica reactivación económica beneficiada por el aislamiento político y social del franquismo.

Uno de los planteamientos recurrentes en la obra de Marsé, considera que el único paraíso del cual no podemos ser expulsados por voluntad es la memoria; una memoria fruto de años de plomo, de dictadura, de resentimiento y humillación; poblada por memorias expurgadas y saqueadas. En este sentido, una de sus últimas novelas Esa puta tan distinguida (Lumen) 2016, aborda de manera directa el tema. Es el año de 1982, momento trascendental para España que regresa a la democracia, donde el narrador se permite indagar sobre el crimen de una muchacha al interior del cine Delicias, en tiempos de la dictadura.

Las memorias a las que se refiere, corresponden a los derrotados de aquella Guerra civil, a sus ideales revolucionarios extraviados entre la represión del fascismo y la renuncia a ideales altruistas, tal vez porque no existían en quienes lo pregonaban o porque prefirieron limpiar su pasado políticamente incorrecto o simplemente porqué se cansaron prefiriendo apostar al juego de quienes marchaban en la carroza de los triunfadores. Es así como “La memoria no suele ser fiel, tiene vida propia y se mueve”, lo afirma en la novela.  Al poder le molestan recuerdos incómodos, prefiere intervenirlos, transformarlos haciendo de estos propiedad de quienes mandan.

Finalmente, leer y releeer a Marsé, es acercarnos a nuestros propios teritorios vedados, poblados de familias desmembradas, carentes de imagen patriarcal. Caminar al lado de sus personajes arquetípicos como Manolo Reyes el pijoaparte, ese rufian apuesto, es ir de la mano de quien rompe el velo de las imposturas intelectuales y las apariencias de la comodidad.El ejercicio literario del novelista Marsé, nos recuerda que la memoria se hunde en las aguas espesas del lenguaje; puede ser una puta que se acomoda y reproduce los intereses al mejor postor, la flor que envenene a quienes frecuentan su olor, pero también resulta ser el antídoto creativo contra los olvidos impuestos, los silencios provocados, las historias elaboradas a la medida de quienes se enriquecen siempre con las guerras.
Pereira, julio de 2020