El mensaje de Fátima es sencillo y está a la medida de la comprensión de todos

Así nos los confirma el hecho de que fue confiado a tres humildes pastorcitos de 10, 9 y 6 años de edad. No obstante, se necesita mucha humildad, sencillez y valor para acogerlo y vivirlo. Podemos resumirlo en tres palabras claves: penitencia, oración y rosario.

Ante la realidad actual, prosigue el Prelado, el llamado urgente de Nuestra Señora de Fátima a la penitencia, si bien es un llamado maternal, es a la vez es un llamado urgente, claro y rotundo.

La Virgen María vino del Cielo para recordarnos que nuestra relación con Dios es constitutiva de nuestra condición humana, ya que fuimos creados por Él y para Él, y nuestro destino último es el encuentro plenificador con Dios, Comunión de Amor.

En su mensaje de Fátima, María nos advierte que aquello que se opone a nuestra felicidad y salvación es el pecado; que el rechazo y el alejamiento de Dios hunden irremediablemente nuestras vidas en la mentira, el egoísmo, y la infelicidad, y finalmente nos conduce a la muerte eterna, al infierno.

Santa María, nos previene para que no caigamos en el juego del demonio, el pérfido dragón que, con su cola, arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las lanzó sobre la tierra.

Reafirmamos que el llamado a la penitencia del Corazón de María, de hace ciento tres años, sigue siendo actual, no ha perdido vigencia, y sigue resonando con fuerza hoy en día en que constatamos con dolor que muchas personas y sociedades van lamentablemente en la dirección opuesta al mensaje de Fátima.
Monseñor Eguren indicó que la actual pandemia del coronavirus nos está recordando lo que Nuestra Madre nos dijo: De que es tiempo de volver a Dios con todo nuestro corazón, porque sin Él no somos nada, pero con Él lo somos todo.

Además de penitencia por nuestros pecados, y siguiendo el ejemplo de los santos Jacinta y Francisco hagamos también penitencia por los pecados de aquellos que en vez de convertirse endurecen sus corazones y se cierran a la misericordia divina.

El arzobispo también alienta a que nuestras vidas también se distingan por la oración devota y perseverante. Busquemos ser como el Señor Jesús, de quien podemos decir que ‘oraba todo el tiempo sin desfallecer. La oración era la vida de su alma y toda su vida era oración. La oración realiza en nosotros nuestra transformación en otros Cristos”.

La oración es entrar en la Luz Divina, que es calor y vida, así lo describe Francisco, uno de los tres pastorcitos de Fátima, cuando narra su experiencia al verse inmerso en la luz de Dios: ‘Nosotros estábamos ardiendo en aquella luz y no nos quemábamos. ¿Cómo es Dios? No se puede decir. Esto sí es lo que nosotros podemos decir: Dios es una luz que arde, pero que no quema.

Finalmente, escribe el Prelado, hagamos del Santo Rosario nuestra oración predilecta, oración que hoy en día es un tesoro a recuperar. Seamos promotores de esta oración, sobre todo en familia, oración a la vez tan fácil y tan valiosa.

El arzobispo explica que el Rosario es una oración por medio de la cual recordamos al Señor Jesús con María, comprendemos al Señor Jesús desde el Corazón Inmaculado y Doloroso de María, nos asemejamos a Cristo bajo la guía de María, le rogamos a Jesús con María, y anunciamos a Jesucristo, Nuestro Señor, con María.

Bajo su manto, no nos perderemos; de sus brazos y manos vendrá la esperanza, la paz y la salud que necesitamos, y que hoy suplicamos para todos, en particular para los enfermos de coronavirus, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Hoy más que nunca le rezamos la oración que tanto le agrada: el Santo Rosario.

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