De héroes, alcaldes y caballos

PICARESCA. No solo Simón Bolívar está desnudo en la historia de Pereira, también hubo un alcalde tan conservador como nervioso que huyó a media noche montado en su caballo en paños menores.

Ángel Gómez Giraldo

Desde el 20 de noviembre del año 1961 la plaza principal de Pereira tuvo nombre de héroe y plaza de Bolívar.
Dos años después, en 1963 fecha del centenario de fundación de la ciudad apareció el Padre de la Patria mostrando que el pudor lo dejó para los de a pie, pues su creador -el escultor antioqueño Rodrigo Arenas Betancurt- considerando que un constructor de cinco repúblicas no tenía nada que ocultar al pueblo y que la verdadera belleza del arte está en lo que se desnuda, lo concibió sin ropa.

Así fue entonces como el artista colombiano dejó en la mera almendra a Bolívar en su taller de México y lo envió a Colombia por mar hasta Buenaventura y de aquí a Pereira como carga de mulas, exponiéndolo a que los vientos del Pacífico le produjera la misma afección bronquial que terminó quitándole la vida el 17 de diciembre de 1830.
Bolívar y su caballo llegaron en piezas como de descuartizados y armado luego cual rompecabezas en plena celebración del centenario de la Perla del Otún.

Y como la ciudadanía estaba informada del hecho, acudió a recibirle a la plaza con más morbo que curiosidad.
Pero entre más se acercaban al gran monumento, más frustradas quedaban las personas ya que el autor de la escultura tuvo la gentileza de darle la más mínima expresión a sus partes, las menos nobles pero las más escandalosas, y las mimetizó con el pelaje abundante del caballo negro.

Así, el montaje de la estatua en su peana florecida fue novedad de mucho peso.
Tan así que el fotógrafo oficial para el Bolívar Desnudo fue el señor José Manuel García que en ese tiempo contaba con el mejor objetivo y enfoque.
Su actitud dizque hágase de cuenta el del fotógrafo de una película porno, que caracteriza imágenes por delante, por detrás, por encima y por debajo.

Hasta se vieron “biatas” y “biatos” observadores desprendidos, mostrando gran gazmoñería y santiguándose de lo que pensaron verían en el Libertador pero que a la hora de la verdad no pudieron ver porque la gloria de los héroes es plana.
De otra parte, los más escandalizados con la noticia del Bolívar Desnudo en plena plaza, volvieron a respirar tranquilos al ver con sus propios ojos que Arenas Betancurt había desnudado al Libertador tan solo para enseñarle a las gentes de Pereira que la gloria de nuestros libertadores no es para hoja de parra o taparrabo.

Esto prueba de que Pereira desde sus comienzos ha sido pueblo liberal aunque de Ave María y bendición. Abierta a todas los ritmos, ideologías y tendencias. Masona en secreto. Nada de cacerolazos pero sí con la filantropía de los huevos revueltos. Y como si todo esto fuera poco, tolerante como lo es la abuela con los nietos.
Contribución grande para que los pereiranos terminaran aceptando la desnudez de la obra con la que se le dio nuevo nombre a la antigua Plaza Victoria.

Otros
Pero me vería yo obligado a investigar la razón por la que un habitante de la Plaza de Bolívar, mirando de frente al gran hombre , alcanzó a decir para que otras personas lo escucharan: “ Y Pensar que Pereira ha estado viendo alcaldes desnudos desde el año de 1885, siendo ella apenas una niña”.

Inquieto consulté con la historia y de esta manera supe que el llamado habitante de la plaza de Bolívar, hombre que se lo pasa todo el día pensando en cómo tener lo que no tiene y diciendo, para que lo oigan: “qué hay p’a mí”, no estaba mal informado.

Se refería dicho hombre al siguiente episodio histórico, pues según el capítulo denominado “Los primeros alcaldes”, que aparece como una de las crónicas del capitán Asnoraldo Avellaneda Aguilar, y publicadas en un libro editado por la Academia Pereirana de Historia, recientemente, en este mismo año de 1885 Pereira tuvo un alcalde que montó a caballo en paños menores o sea casi desnudo.

Lo llamativo del caso fue que el mandatario local no era liberal, ni masón. Ni siquiera era un novedoso eufemismo porque por esos tiempos no existía la palabra, sino godo recalcitrante, tanto que mixionaba cloruro de metileno.
Su nombre era Marciano Rivera y estando desempeñando el cargo, durante una noche de poca luna se le salió la ideología a cuatro liberales quienes consumían licor en una cantina del pueblo y empezaron a cantar el himno nacional y a hacer algarabía con trapo rojo.

El alcalde Marciano Rivera quien ya se había entregado al sueño y que como se dijo antes era bastante nervioso y por lo mismo consumidor de agua aromática, pensando que se le venía una asonada encima a la autoridad para derrocarlo, se lanzó de la cama en calzoncillos y sin pensarlo dos veces montó a pelo su caballo y huyó a Cartago que era su ciudad de origen.
Godo pero avispado, el alcalde que había dejado la ciudad que se le había entregado para que la defendiera a garrote si fuera el caso, regresó al día siguiente escoltado por cuatro lanceros negros portando banderas azules los que en el camino dejaron un muerto.
Posteriormente se supo que el escándalo protagonizado por los cuatro liberales radicales, no pasó a mayores y mucho menos a asonada, por lo que una mera algarabía de ebrios, sin consecuencias graves, quedó registrada en la historia de Pereira como “pronunciamiento flaco”.
A este lo sucedería, don Francisco N. Rivera un raizal pero también conservador, tan recio que fue llamado “El domador de Pereira”.

Mas el que dio ejemplo de verdadera autoridad e imparcialidad fue un alcalde de apellido Alvarez. Para ello prohibió por decreto la presencia de menores de edad en las calles durante la noche y le tocó enviar, sin pararse en sentimiento alguno, a su propio hijo a la cárcel por desafiar a la autoridad municipal.
Recuérdese que los hombres en los tiempos del alcalde Alvarez hasta los 21 años llevaban pantalón corto aunque tuvieran mujer.

Después de esto fue nombrado como alcalde un pereirano raizal de nombre Francisco N. Rivera, como el anterior de ideología conservadora y temperamento nervioso.

Es necesario subrayar que fueron los alcaldes godos los que impusieron en la trasnochadora y morena el consumo del agua aromática, especialmente la de limoncillo. Llamado también zaquete de limón y pajete.
Y fue hasta que empezando el siglo XX el general Valentín Deaza llegó a Pereira como rezagado de la guerra civil de 1861, seguramente a caballo, para ser tres veces alcalde: 1906, 1907, 1908.

Aunque liberal radical y anticlerical, se apersonó de la reconstrucción de la catedral que había sido semidestruida por un terremoto en el primer año de su mandato. Se dan cuenta, así son los liberales de avemaría y bendición…