Cuerpo moreno, café negro

Ambiente urbano. Una bebida que está en el ADN del pueblo colombiano. Voltaire consumía 50 tintos a diario.

Ángel Gómez Giraldo

Tres mujeres jóvenes y un muchacho moreno con un airón, copete rubio teñido igual al mechón de plumas levantadas que tienen ciertas aves en la parte superior de la cabeza, llamaban la atención de las 3:00 de la tarde en la plaza de Bolívar de Pereira. El parecía ser persona tan facilita como ellas por una actitud tan suelta como la gelatina.

Las mujeres exhibían un maquillaje propio de carnaval. Además, y vestidas con cicatería, dejaban poco a la imaginación de los varones y así brindar las mayores facilidades para la desnudez.

Con los traseros sobre la reja que proteje las raíces del mango que se levanta cerca a la esquina de la calle 20 con carrera 8, tal vez uno de los primeros que plantó allí en el año de 1881 el ciudadano Juan María Marulanda Arango.

Estos jóvenes parecían coincidir en los mismos deseos puesto que al pasar los varones cerca a ellos los miraban con llamarada de fogata y se pasaban la lengua por los labios.
Con estos mensajes sexuales como que le echaban más candela al lugar, prestando a la vez el servicio de bronceado a los funcionarios de la Secretaría de Gobierno del Municipio de Pereira, encargados de controlar lo que ya no tiene control como lo es el espacio público de la Capital del Eje. No les temen, por el contrario los ven, es cierto, sobre todo a los más jóvenes, como chontaduro precocido.

Rechazo
A los únicos hombres que no les hacen caso es a los que conducen los carritos del “tinto”. “¡Tan despreciativas!” podrían pensar quienes las observaban manera de vecinos curiosos. A lo mejor en sus hogares se queman la boca sacando café caliente de la cocina, el café que una vez fue llamado maravilloso licor de la Meca, a donde llegó de Kaffa luego de ser descubierto y terminar en una bebida llamada café.

Lo extraño
Más interesante es saber por qué estos jóvenes no le ponen el interés a la bebida nacional que se ofrece en la calle siendo que el precio nadie lo discute: 500 pesos.
Y son los “tinteros” como se les llama en la plaza principal de Pereira, un número de 10, y hasta más, dependiendo del clima del día: frío son muchos más, caliente menos.

Estos personajes -los tinteros- sacrifican buena parte del sueño de la noche y se pierden el placer de dormir la mañana llenando termos con café caliente y sacándolos a la calle, allí donde los ciudadanos, aún antes de despuntar el día, ya están dando los “buenos días”.

Y que nadie ose decir que el café tuvo origen chachafruto, humilde, porque continuando con la historia de su procedencia, por allá en el siglo XVII las damas solían hacerse llevar en sus sillas de mano a los cafés al aire libre de París a saborear la bebida que les era servida por criados.
Más aún, se dice que Voltaire fue el rey de los tomadores de café, es como cierto que cuando tenía 80 años tomaba diariamente hasta 50 pocillos de tinto.

¿La razón?
¿Entonces, a razón de qué los jóvenes a los que me he venido refiriendo le paran tan pocas bolas al café?

“A mí ni me quita el sueño ni me funde, culpas supuestas que se le atribuyen”, es argumento de José Luis Peña, el hombre de Villa Santana que se toma el primer café del día en la Plaza de Bolívar.
No lo pude seguir escuchando porque salió tras del culo de una mujer que se erotizó mirando el Bolívar Desnudo.

El adulto mayor la miraba y trataba de alcanzarla con el mismo deseo que un antioqueño sin almorzar mira una bandeja paisa. Traté de entenderlo, pues el hombre aunque recolector de mucha edad como todos los de su género que en vez de madurar terminan siendo “viejos verdes”.

Verdad ya que un jubilado puede llegar a ser una amistad rentable para una mujer joven pero al mismo tiempo un chicharrón duro de roer cuando pierda toda su vitalidad y claridad mental.

El ADN
Así pues que nadie me venga a despotricar del café como bebida para soñar dormidos y hasta despiertos, con ese aroma de las más bellas flores.
Y es que según un experto catador de Juan Valdez, el café está en el ADN del pueblo colombiano.
El ADN es la sigla del ácido desoxirribonucleico, proteína compleja que se encuentra en el núcleo de las células y es principal constituyente genético de los seres vivos.
Café, bebida que preparada por un buen barista es todo un señor postre.

Es por lo anterior que otros muchachos, los criados con todo el aroma del grano en fincas cafeteras no le sacan el cuerpo a la cocina cuando se trata de disfrutar de una buena bebida y hasta ven en la misma algo que los puede motivar por este negocio, ahora que está en auge su consumo.

Volver
Ahora, volver al árbol de mango de la plaza de Bolívar es necesario para rematar esta historia.
¡Oh sorpresa! Todavía se encontraban allí las tres muchachas y el joven moreno de cresta rubia. Figuras decorativas sobre la reja. Rostros, ojos, voz y sonrisa del árbol de mango.
Cuerpos cual retoños del tronco de un árbol que tiene el peso de la historia de la ciudad.
Me les acerco por segunda vez y de una, sin recato les ofrezco un “tinto” coincidiendo con el paso del carrito que lo ofrece a la gente de la plaza.

Una de las tres muchachas abrió su bocaza encarnada, roja, presumiendo voluptuosidad, y con voz de hilo de seda me respondió: “No tomamos tinto”.
Después de esto me entero, siguiendo al tintero, que no consumen café negro sino licor o marihuana que las estimula sexualmente ya que sobrias, irse con un viejo desconocido así disfrute de una buena pensión, les resulta ser un trago amargo.