Cuentos para niños indígenas, obra de Víctor Zuluaga Gómez

La primera edición del libro fue publicada en 1995 con el apoyo de la Facultad de Educación de la Universidad Tecnológica de Pereira. La Coordinación Editorial de la edición en el año 2019 estuvo a cargo de María Paz Gómez Gaviria y Patricia Granada Echeverri. Ilustraciones: Antonio Isaza. Secretaría de Cultura de Pereira.

Con el título de Cuentos para niños indígenas, acaba de publicar un libro de mi autoría y del cual quiero compartir la razón que en su momento me animó a publicarlo: “En alguna ocasión cuando me encontraba en el internado indígena de Purembará (Mistrató), realizando unos talleres para maestros indígenas del Chamí, algunos estudiantes me preguntaron sobre cuáles estrategias podrían utilizar para la enseñanza del español entre sus alumnos, teniendo en cuenta que no era su lengua materna. Pensé entonces en la utilización de algunos cuentos cortos, para abordar la lectura y la escritura.

Al revisar la biblioteca que existía en la escuela, pude percatarme de la existencia de una abundante literatura infantil, pero ninguno había sido escrito pensando en una población indígena. A partir de ese momento inicié la escritura de algunos cuentos sencillos que tuvieran como fuente las situaciones muy particulares de su medio y que permitieran al mismo tiempo reforzar su acervo cultural condensado en sus mitos y leyendas.

Con frecuencia nos quejamos los maestros por la falta de interés que tienen nuestros alumnos para leer y escribir, pero en la gran mayoría de los casos se debe a la utilización de estrategias inadecuadas, que hacen de la lecto-escritura una experiencia aburridora y traumática. Aburridora, porque si es lectura sin ningún tipo de contexto, no tiene ninguna motivación. Entonces solicité a cada uno de los profesores que escribiera un cuento corto para luego revisarlo en grupos pequeños y después a nivel de toda la clase. Se trata de que cada uno vaya corrigiendo sus errores con la ayuda del grupo y lo vaya haciendo más complejo, en la medida que introduzca nuevos personajes y maneje el tiempo y el espacio adecuadamente.

El tiempo hace alusión a las horas, días o meses durante los cuales se desarrolla la narración y en el cual debe haber concordancia. El espacio tiene que ver con los sitios en los cuales se desarrollan los hechos: una casa, el río, la vereda, el resguardo, el pueblo, etc. Un buen ejercicio es pedirles a los niños que relaten una historia por medio de unos dibujos que tengan secuencia y les coloquen algunos leyendas cortas. Muchas de estas sugerencias pueden utilizarse en otras asignaturas.

Antes de iniciar un tema, tenga en cuenta los intereses de los alumnos, las inquietudes, los interrogantes que puedan tener sobre determinado tema. Es muy posible que los niños no estén interesados en saber cuál es la estructura de la miel, pero sí por ejemplo comprender cómo hacen para construir un panal. En gran medida, el aprendizaje de los estudiantes va a depender del interés que el maestro les despierte por el tema.

Los cuentos pueden convertirse en una herramienta eficaz que permita a los niños la apropiación de unos saberes en el campo de la escritura, la cultura, además de estimular la imaginación por medio del estudio de la lengua castellana sin recurrir a la tediosa tarea de exigirles la conjugación de los verbos en todos los tiempos y la escritura de una palabra mil veces, cuando no la escribieron con la ortografía correcta.

 

Las Picardias de la Ardilla

Cerca de mi tambo vivía don Antonio con su familia Yo era pequeño, y mi papá me mandaba a traer leña del monte pero cuando estaba haciendo mucho calor, primero me bañaba en el río San Juan.

En la época de cosechar el maíz, yo observaba que una ardilla salía del monte y principiaba a comerse las mazorcas tiernas que don Antonio tenía en la roza. Como tenía que pasar por el sembrado de maíz, para ir a bañarme, cada vez que yo la veía, la espantaba y ella salía corriendo a esconderse en el monte. -”Buenos días, Rodrigo, me dijo un día don Antonio, cuando yo venía del río. -Buenos días don Antonio, le respondí yo. -”¿Vio algún animal en la roza?” -Sí señor, vi la ardilla, pero la espanté. -”Esa ardilla me tiene con rabia, porque se come el maíz”. -Entonces póngale una trampa para cogerla, le dije. -”No, esa ardilla es muy astuta y no cae en la trampa ya lo he ensayado”.

Yo me puse a pensar cómo asustar a la ardilla y le dije a don Antonio que colocara un espantapájaros en el centro de la roza. “Muy buena idea. Ahora mismo voy a hacer un muñeco”, me respondió don Antonio.

Y así fue. Buscó una camisa vieja, un pantalón y los rellenó con hojas secas de plátano, le hizo una cabeza con una totuma y le colocó un sombrero. Luego enterró un palo en la mitad de la roza y en la punta del palo amarró el espantapájaros, de tal manera que se podía ver desde muy lejos.

Al otro día por la mañana, don Antonio me llamó para que fuéramos hasta la roza para ver qué iba a pasar cuando llegara la ardilla. Nos escondimos detrás de unas palmas de chontaduro y al rato llegó el animal. Nosotros estábamos seguros que cuando la ardilla viera el espantapájaros, saldría corriendo. Pero no fue así. La ardilla se quedó mirándolo, luego principió a comerse el maíz, comía y miraba al espantapájaros, comía y lo miraba Don Antonio, con rabia, me dijo: “Voy a matar esa ardilla”.

Pero cuando salló a coger un palo, hizo ruido, la ardilla salió corriendo y se volvió a perder en el monte. Ese mismo día por la tarde cuando yo iba a bañarme al río, se me ocurrió una idea: colocarle unas mazorcas tiernas en las manos al espantapájaros y luego echarle brea por todo el cuerpo.

Como la ardilla no le tenía miedo al muñeco, entonces subiría a coger las mazorcas se quedaría pegada. “Vamos a ensayar eso”, me dijo don Antonio, muy contento.

Esa misma tarde dejamos el muñeco listo y al otro día por la mañana nos escondimos en el mismo sitio para mirar qué pasaba cuando llegara el animal. Al llegar la ardilla, miró las mazorcas que tenía el espantapájaros, se fue acercando, se le subió y le dijo “Deme las mazorcas”.

Como el muñeco no podía hablar, volvió la ardilla a decirle: “Me da las mazorcas o le pego”. Cuando la ardilla le pegó con la mano derecha, ésta se le quedó pegada al espantapájaros. “¡Suélteme o le pego con la otra mano!”, le gritó la ardilla. Y así fue; le pegó con la mano izquierda y también se le quedó pegada. Ya la ardilla estaba furiosa y le tiró una patada y también se quedó pegada.

Así sucedió con la otra pata. En el momento en que nosotros vimos que la ardilla se encontraba atrapada, por la brea, corrimos, y don Antonio la cogió del cuello y le dijo: “Al fin te atrapé. Ahora te voy a cocinar”. Nos fuimos para el tambo de don Antonio y mientras él la amarraba en un palo del corredor, yo entré a la cocina y le dije a su señora que pusiera a calentar agua para cocinar a la aradilla.

Al rato entró Don Antonio y nos pusimos a contarle a su familia la manera como habíamos atrapado a la ardilla. El agua demoró mucho rato para hervir y cuando estuvo lista, salió Don Antonio al corredor, cogió al animal que estaba amarrado y lo metió en la olla, Pero, no era la ardilla ¡era una zorra!

Don Antonio la sacó rápido con un palo, antes de que se muriera ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba la ardilla? La zorra nos contó lo que había sucedido:

-”Pasaba por la casa y vi que la ardilla me hacía señas. Me le acerqué ella y le pregunté por qué estaba amarrado. -“Es que estoy jugando”, me dijo. – Y ¿cómo es el juego?, le pregunté – – “Muy fácil, usted me desamarra y yo salgo a buscarle comida pero yo la tengo que amarrar”.

Yo le creí, la desamarré y dejé que ella me amarrara. La ardilla salió corriendo y luego ustedes me metieron en la olla con agua caliente. Así pasó. Otra vez, la ardilla se había burlado de nosotros y de la zorra.

El Tío Gallo

El tío gallo es un animal muy pícaro, porque se burla de los demás animales feroces que hoy en el monte. Un día se reúnen el jaguar y el perro de monte y hacen una apuesta para ver quién de los dos atrapa al tío gallo para darle una golpiza. Como tío gallo, cada vez que se siente atrapado, vuela, entonces ellos tienen que pensar cómo se pueden acercar a él haciéndole creer que son amigos.
-”Yo voy primero”, dice el perro de monte. -”No, tú vas después que yo lo haya golpeado”, le responde el jaguar.
Tanto el jaguar como el perro de monte piensan que quien lo encuentre primero tiene la ventaja, porque si logra golpear al tío gallo, ya en la segunda ocasión está prevenido y puede huir. Los dos animales siguen discutiendo y no se pueden poner de acuerdo sobre quién va a ser el primero que principie a buscar al tío galio para golpeado y ganar la apuesta.

Lo que no saben los dos animales que se encuentran discutiendo es que tío gallo está escondido detrás de un árbol oyendo la discusión. -”De manera que me piensan golpear”, dice tío gallo, en voz baja. “Ya verán ese par de pillos lo que les espera”, continúa diciendo tío gallo, al mismo tiempo que se aleja.

Después de mucho discutir el perro de monte y el jaguar, llegan a un acuerdo: el jaguar irá primero a buscar a tío gallo. Sale aquel en busca del animal y lo encuentra sobre un tronco, cerca de un tambo, y con la cabeza escondida debajo de una de sus alas. -”Tío gallo, ¿cómo estás?” le dice el jaguar. Tío gallo saca su cabeza y responde: “Muy bien”. – ‘’¿Tú me puedes enseñar cómo haces para esconder la cabeza debajo del ala?”, le dice el jaguar en tono amistoso. -”Claro que sí tío jaguar. Primero tienes que acostarte en este tronco y te haces el dormido”.

Entonces el jaguar se encarama en un tronco grande que está en el suelo y finge que está dormido. De inmediato tío Gallo le hunde una de sus espuelas en un ojo del Jaguar y éste sale gritando: “Ay, ay, ay”, no veo no veo por mi ojo”.

Tío Gallo aprovecha y sale corriendo y burlándose del jaguar. El perro de monte, que se encuentra observando desde lejos lo sucedido, se acerca al jaguar y le dice: -”Vas a perder la apuesta. Yo sí voy a golpear a tío Gallo”. -”No creo. Ese es un animal muy pícaro”.

Sale entonces el perro de monte a buscar a tío Gallo y después de caminar por el monte un largo rato, lo encuentra cerca de una quebrada, tomando agua. Se le acerca despacio y le dice: -”¿Cómo estás tío Gallo? Yo sé que tú te has burlado de tío jaguar Me alegro mucho lo que le has hecho, porque el jaguar hace muchas maldades”, le dice el perro de monte. -¿Tú eres mi amigo?”, le dice tío Gallo -”Sí yo soy tu amigo” le responde el Perro de Monte -”Entonces te voy a decir dónde hay una cueva en donde vive un animal muy sabroso para que te lo comas” -Gracias Tío Gallo, le dice el perro de monte. – Voy a hacerle creer que soy su amigo, me como el animal y luego le doy la zurra”, pensó el perro de monte.

Salen los dos caminando y cuando negar a una cueva grande, e1 tío Gallo le dice: “Entra a esta cueva y adentro encontraras el animal que te digo” le dice Tío Gallo.

El perro de monte entra a la cueva pero se llevó una sorpresa el animal que vive en la cueva es un oso grande y fuerte y entonces el perro de monte sale de le cueva gritando: ‘¡Socorro socorro, socorro!”. El tío gallo, cuando el perro de monte entra a la cueva, se esconde detrás de un árbol y luego cuando lo ve salir gritando se aleja del lugar, riendo.

Ni el jaguar ni el perro de monte ganan la apuesta: otra vez el Tío Gallo se burla de ellos.

 

El Conejo y el León

Soy el conejo. Vivo en un bosque, cerca de la Inspección de Policía de Puerto de Oro. Para protegerme del hombre y de otros animales, hice un pequeño túnel, que me sirve de vivienda y de refugio. Me alimento de hierbas frescas y cuando éstas escasean, entonces me como algunos cogollos de maíz, de la rozas que tienen los indígenas de la región. Desde muy pequeño aprendí a correr a gran velocidad, porque el hombre me persigue para alimentarse. En la región también vive un león que acostumbra comerse a los pequeños terneros de las pocas vacas que un colono tiene en su finca.

Más de una vez han tratado de darle cacería, pero siempre termina devorándose los perros antes de que lleguen los cazadores y luego se desaparece como por arte de magia. Por culpa del león he tenido que pasar muchas hambres, porque cuando los cazadores principian a rodear el bosque, debo mantenerme en la guarida, en algunas ocasiones, hasta varios días.

Para evitar que el león me devore, he tenido que inventar muchas historias para engañarlo. Estas son unas de ellas. Me encontraba un día saboreando un pasto tierno, cuando de pronto sentí sobre mi espalda una enorme pata con garras. Cuando me di vuelta para ver quién era, pude apreciar al león, lamiéndose el hocico con la lengua. Ya me tenía atrapado. – “¡Señor león, por favor, no me comal”, le dije, muerto del susto. “Yo conozco un animal muy grande, que es muy fácil de atrapar. Si usted me perdona la vida yo lo llevo hasta donde está él”

El león, que estaba muy hambreado, ante la posibilidad de tener una suculenta comida, sin mayores esfuerzos, me respondió: -’’¿Dónde está ese animal y cómo se llama” -”EI animal se encuentra aquí cerca y se llama burro ¡Vamos a buscar el burro!”, me dijo el león con tono intimidatorio.

Mientras caminábamos, le expliqué al león, que cuando se le acercara al burro, éste iría a rebuznar y que eso significaba, que el burro se rendía, que no iba a oponer resistencia. Al llegar al sitio en donde se encontraba el burro, éste tan pronto sintió nuestra presencia, principió a rebuznar. Yo le dije entonces al león: -”¿Se dio cuenta?, ya se rindió”.

Entonces el león, muy confiado se fue acercando al león, y tan pronto iba a mandar sus garras sobre él, el burro principió a darle patadas, haciendo que el león rodara por una pendiente. Yo, inmediatamente salí corriendo y me escondí con la guarida, salvándome de una muerte segura.

No había transcurrido ocho días, cuando al salir de mi cueva, me encontré frente a frente con el león Como un relámpago me taponó la entrada y quedé a merced de él. -“¡Tú tienes uno deuda pendiente conmigo’’’, dijo, enfurecido.

Yo temblada del susto y pensaba que de esa sí no me iba a poder escapar. “¡No me mate señor león, no me mate!”, le decía yo mientras pensaba en cómo poder escapar. Se me ocurro entonces una idea y le dije -“Señor león yo sé dónde se encuentra la cueva del oso hormiguero”. -”¿Cómo voy a confiar en usted, malintencionado conejo, si ya me engañó una vez?” -’Señor, lléveme de la mano, para que vea que no tengo intenciones de escaparme”.

Mis palabras fueron tan convincentes que el león accedió a acompañarme hasta la cueva del oso hormiguero. Cuando estuvimos en la boca de la cueva le dije al león que se quedara allí mientras yo entraba a 1a cueva y convencía al oso de que saliera. Tan pronto lo hiciera el león lo devoraría.

El león aceptó, así que sin perder tiempo me introduje en la cueva y encontré al oso en el fondo de ella -”Amigo oso, el león nos quiere devorar. Nos está esperando a la salida de la cueva”, le dije al oso. -No te preocupes, dile que introduzca sus garra en la cueva para que me atrape, y ya verá la sorpresa que se va a llevar.

Le grité entonces al león que ya tenía atrapado al oso y que solo faltaba que con sus garras, lo pudiera sacar. El león metió sus filosas garras y el oso las llenó de hormigas arrieras que principiaron a picar al león, sin misericordia.

Tanto el oso como yo, aprovechamos que el león se encontraba dando gritos y sacudiéndose las hormigas, para huir a toda velocidad de lugar. Así pude salvarme por segundo vez.