Agüeros populares

Con las novedades de este año como la espiga con mercado y la oración protectora. Mezcla de religión y paganismo.

Ángel Gómez Giraldo

En los últimos días de este 2019 el mercado va a llegar a casa no en canasta, ni en costal de fibra ni bolsa plástica sino en la tradicional espiga que por estos días se lleva para que haya prosperidad y no le falte nada a la familia durante el transcurso del nuevo año.
Asi es pues que la novedad que se puede ver en las postrimerías de este 2019 en cuanto a los agüeros la tradicional espiga dorada de trigo que contiene una muestra del mercado familiar representado en mínimas unidades de pan integral, café molido, papa San Félix, maíz de buen corazón, fríjol bola roja y hasta “toallitas húmedas” para que la mujer cabeza de hogar o el jefe de familia se seque el sudor del salario mínimo.

Y así el ingenio de los que distribuyen estos agüeros como la superstición de quienes los adquieren se juntan como las ganas y ambos quedan esperando a que suene la flauta.
Esto porque para creer en lo que nos depara el futuro se requiere, en verdad, tener el optimismo en lo más alto del mástil que mide el tamaño de nuestra personalidad.

Mercado
Los herbolarios como las ventas de yerbas, ramas, y además sahumerios para la buena suerte, exhiben las tradicionales espigas ahora y que como le dijo un ocasional comprador al propietario de uno de estos puestos en la calle, “con eso no solo se lleva la buena suerte a la casa sino el mercado completo y así los que más tienen para freír son quienes hacen sonar las cacerolas en las marchas a las que nos tiene acostumbrados y mamos, “Fetrancones”. Y agregó el ocasional crítico: “A buen entendedor pocos cacerolazos”.
Mas lo verdaderamente positivo de estas ventas de yerbas, riegos e incienso y mejunjes es que perfuman la ciudad, aroma que perdura hasta entrado el nuevo año.

Son los mismos que ofrecen incensarios, imitación plata, pues hay gente pudiente que no se contenta con quemarlo en ordinarios tarros.
Rodolfo Zapata es hombre sobrio en cuestión de agüeros pero dice ofrecer los incensarios más finos que distribuye al precio de 20 mil pesos por unidad.

El incienso es una resina que se quema en las ceremonias religiosas y de lo que se aprovecha la feligresía que no se baña para oler bueno y reanimarse espiritualmente.
También es limpieza, aleja la gripa y enfermedades endémicas.
Lo único que no cura es el mal de amor, afortunadamente de este pocos son los que mueren.

La uva
La ciudad en estos días y por culpa de las constantes lluvias está hecha una uva. En todos los mercados abundan.
Y es bueno pasarlas con champaña en el rebellón, o fiesta nocturna del último día del año.
Cómo será la fe que le ponen las personas al ritual de consumir uvas mientras se bebe la champaña que hasta ahora no se sabe de alguien que haya muerto atragantada con una fruta de la vid.

Papas en julianas que se ponen debajo de la cama para que no falte changua al desayuno en la casa.
Billetes en el bolsillo para que no escasee el dinero durante ningún día del año por venir. Granos con todo el hierro de las lentejas es nuestro mejor deseo igualmente.

Almacén de santos
En un almacén de santos, camándulas y demás artículos religiosos me llenan de pánico y me obligan a salir corriendo con la lectura de la oración por la prosperidad del creyente:
“Santa cruz del padre Benito, sea mi luz, no sea el dragón, sea mi guía, y apártate de mí satanás”.
Y eso que hay otras de texto tan terroríficos que no aguanta rezarla.

Llama la atención el sahumerio para la limpieza del áurea pero no sabía que una personalidad que brilla como el oro y que resplandece como el sol en el poniente se puede perder y al mismo tiempo recuperar con esa calidad de incienso.
En cuanto a los baños son buenos hacerlos en la casa y el negocio para que salga todo lo malo y entre todo lo bueno. Afortunado el que los ve salir y entrar, digo yo.
Hasta se ofrecen santos sin rostro como es el caso de palo santo, llegado del Amazonas o del Caquetá no en alpargatas sino en astillas.

Es tan sabido como que el pan sale del horno caliente, que el color del año viejo es amarillo. Y es el de los calzones como ropa íntima de las personas que ya cambió de nombre, Kukos en la mujer y Bóxer en el varón.
Kukos con K de kilo ya que se venden pesados, por ser de tan bajo precio, en baratillos y almacenes de remate. Y si no me creen vayan al “almacén agáchese”, donde las chicas de minifalda al hacerlo los muestran y no se apenan.

De otras parte hay gente tan maleta que la carga el 31 de diciembre antes de la media noche pensando en que la darle la vuela a la manzana donde reside y abrirla luego va a encontrar los pasajes para un viaje internacional.
Se ha dado el caso que una vez quemado el año viejo, algunas personas viajan pero sin retorno.

Certeza
Amanda Suárez, una pereirana que ya no puede vender supersticiones en la calle porque como ella misma sostiene el cambio hormonal propio de la mujer la volvió obesa, se lo pasa ahora en la casa predicando esta máxima: “Lo que no se vende en la calle es lo que no se saca”.
De otra manera no tendría a sus dos hijas vendiendo ramas de eucalipto que en muchas casas queman con el incienso.

A pesar de todo lo dicho anteriormente, existen personas escépticas.
“Hoy en día ni siquiera preguntan pa’ qué sirve esto”, me dice con evidente desánimo don José mientras señala el surtido de yerbas, espigas y bebedizos para evitar males del alma y del cuerpo.
Hasta los integrantes de la agrupación musical “Los amigos”, hombres de costura vieja sentados en su pasado allí en la carrera 7 entre calles 22 y 23, sugieren que si los más jóvenes no creen en el diablo, mucho menos en los agüeros.
Algunos muchachos están entre la verdad y la duda, pues Luisa de apenas 17 años al ser consultada sobre los agüeros respondió que, “no”. Luego de pensarlo unos segundos añadió que apenas se echa al bolsillo unos granos de lentejas el 31 de diciembre para no carecer de dinero.

¡Ay la suerte! César el emperador romano la deseó para él y sus soldados gritando con todo optimismo: “La suerte está echada”, frente al Rubicón. Lo que no se sabe es si pronunció la frase antes de pasar o después de haber vadeado el río.

El éxito
Finalmente, si nos preguntamos qué es el éxito personal, podríamos responder con el asesor de cabecera que “es subjetivo y es lograr un balance entre lo personal y lo espiritual; el que sabe cuál es el logro que se quiere alcanzar”.