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viernes, agosto 19, 2022

Sopinga y La Virginia, la obsesión de un autor

Jorge Calle nació en Belalcázar (Caldas) y desde pequeño fue llevado al pueblo. Dirige el Instituto de Electrónica y Computación.

 

Alberto Rivera

El rigor y la disciplina por ahondar en el pasado del terruño donde vive y por aclarar las zonas grises y aseveraciones no fundamentadas en la historia de La Virginia, llevaron a este autor a imponerse la tarea de conectarse con las fuentes documentales para conducir a los lectores de manera pedagógica hasta las más recientes intervenciones urbanísticas del Puerto dulce.

Esto es lo que lo ha forjado como un auténtico historiador gracias a este interesante libro: “485 años. Sopinga y La Virginia. Historia y urbanismo”, un título que nos habla de la seriedad de su investigación y nos invita a convertirlo en un texto de consulta obligatorio para los académicos y demás lectores interesados en la historia de la región. Entrevistamos a su autor, Jorge Calle.

 

 

 

 

 

 

 

– Esta cruzada le llevó 19 años de investigación rigurosa e histórica. ¿Cómo empezó todo?

Para el año de 2002 leyendo las escrituras de la casa de mi abuelo Daniel Calle, donde pasé parte de mi vida al lado de mis hermanos y mis padres.  Encontré que el lote de esa casa fue vendido por el señor Francisco Jaramillo Ochoa, situación que me generó curiosidad por encontrar el origen de dicho predio, saber más hacia atrás. Inicie entrevistas con adultos muy mayores (ya fallecidos), del municipio de La Virginia, Belalcázar y Cartago, que narraban sus historias y con las cuales mis preguntas e inquietudes por saber más, se acrecentaban.

– ¿Por qué La Virginia y no Sopinga, quienes fueron realmente sus verdaderos y primeros habitantes?

Entre las entrevistas realizadas encontré que unos contradecían a otros, que algunas historias tenían varias fechas y varias causas, y en todas me fue difícil encontrar un apoyo que determinara la verdad, un documento que demostrara los hechos, fue así como inicié una investigación tratando de encontrar documentos y con ellos fui tejiendo sucesos cronológicos y adentrándome hasta reunir una cantidad de hechos que pudieron estructurar la obra.

Es así que, con el tiempo y los avances tecnológicos, apoyado en algunas tesis de grados dedicadas al estudio de la región, me dieron luz para incursionar en prestigiosas bibliotecas de España, Colombia y las más cercana, la de la Casa del Virrey en Cartago, Valle, donde encontré valiosa información que sirvió de sustento a mi investigación.

– Su interés por descubrir el verdadero origen del poblamiento lo lleva a encontrar respuestas no conocidas. ¿Qué ha encontrado?

1. Que en 1539 Jorge Robledo en uno de sus viajes descubriendo el río Cauca, naufragó en un punto conocido como los rápidos de Sopinga, punto que luego fue relacionado en los mapas como El Salto, donde se pierde la navegación y que hoy lo ubico exactamente pocos kilómetros después de La Virginia, en un sitio muy conocido como Los Chorros.

2. Que hubo dos pueblos en épocas diferentes que se llamaron Sopinga. El primer pueblo Sopinga fue la de nuestros aborígenes miembros de la Nación Quimbaya, referenciado a partir de 1539 por los escribanos españoles. El segundo pueblo Sopinga fue iniciado como palenque por los negros cimarrones para antes de 1826.

3. Que no es cierto que el año de fundación de hecho para La Virginia sea 1888, como oficialmente se le reconoce. Los documentos exhiben un poblado con casas dispersas y más de 200 habitantes para antes de 1826, además de una carta que encontré en la Gaceta Nacional número 440 del domingo 22 de noviembre de 1829, registrando al recién ascendido a Coronel del Ejército para la Libertad Fermín Vargas, quien manifiesta al General José María Obando tener en Sopinga dispuestos 200 negros preparados para la guerra.

4. Que Francisco Jaramillo Ochoa, como representante de la cuarta colonización antioqueña no fue quien adquirió  el terreno y lo haya estructurado como pueblo, pues los documentos demuestran que hubo seis terratenientes antes de él y que la última, llamada Hersilia Sánchez, heredera de su madre Zoila Paz Echeverry, recibe como herencia la totalidad de las tierras a mediados del año 1902, e inicia la venta legal a los negros poseedores por trabajo y algunos vecinos de Cartago y Pereira, conformando así la primera calle y la primera escuela.

5. Que no es cierto que a los negros cimarrones se les despojó de sus tierras puesto que existen los documentos que muestran las escrituras donde ellos compran esas tierras apoyados en una ley que les permitía ser propietarios.

6. Que la señora Hersilia Sánchez heredó esas tierras en el año de 1902 y que no fue ella quien permitió su ocupación para la conformación del palenque, ya que eso ocurrió antes de 1826.

7. Que el terreno denominado Baldío de Sopinga era custodiado por la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Cartago, asignado al corregimiento de Gutiérrez de la misma ciudad y que fue vendido a un exmilitar del ejército de la libertad por medio de subasta pública en la ciudad de Buga, cuya escritura fue entregada en la ciudad de Cartago a los tres días al señor Ramón Antonio de la Peña.

8. Que el nombre de La Virginia le fue asignado en esta escritura al terreno conocido como baldío de Sopinga y fue cambiado por su propio dueño Ramón Antonio de la Peña.

– Sopinga es el nombre certero del municipio, el que debe tener. ¿Por qué lo cambiaron, lo borraron del mapa?

En los mapas siempre apareció el nombre de Sopinga. En 1578 aparece la ubicación del pueblo indígena de Sopinga y luego refiriéndose al río Sopinga, inclusive en un mapa dedicado al varón de Humbolt en 1843, aparece el río con dos nombres, el primero hasta que desciende al valle con el nombre de río Risaralda y el segundo hasta que desemboca en el río Cauca con el nombre de río Sopinga.

Al baldío de Sopinga le cambió el nombre Ramón Antonio de La Peña, nacido en Toro, Cauca. Un exmilitar que además tuvo muchos reconocimientos por valiente y buen estratega, fue miembro de las cámaras de diputados de Buenaventura y Cartago, con ese poder logró cambios a la constitución de su época y con la escritura en mano, hizo respetar el nuevo nombre del terreno “La Virginia”, dándole la orden al inspector del momento. Este hecho está soportado en la novela Risaralda de Bernardo Arias Trujillo, página 89. Y dice:

 

“Un inspector, por orden de las autoridades superiores, ordenó que en lo sucesivo el lugar se llamaría La Virginia, y no Sopinga, un nombre asociado con una inmoralidad de notoria salvajía, con sabor negroide y ninguna significación castellana”.

Así que le cambiaron el bonito y original nombre de Sopinga, un nombre que tiene sus orígenes en la Nación Quimbaya y no africano.

Como pueblo fue reconocido no solo por las encomiendas de los españoles, sino por una gran obra escrita por el General Antonio de Alcedo en 1788 en cuatro tomos; Diccionario Geográfico Histórico de las Indias Occidentales o América, encontrando en el tomo III, el nombre de Sopinga definido como pueblo de indios.

– El regente del valle de Sopinga en 1826 hizo destruir 48 tabacales clandestinos, lo cual corrobora la presencia de mulatos, negros y pobladores. ¿Cuál es la historia de este suceso?

El palenque de Sopinga logra sobrevivir por el comercio clandestino hacia Cartago incluyendo pescado, plátano, yuca, maíz y mucho tabaco que también salía para Anserma y Antioquia. El 28 de julio de 1826, Juan Francisco Bueno, Guarda Mayor de la Renta de Cartago, registra una de muchas visitas a varios palenques como los de El Palo, Güengüe, Tuluá y Toro, destruyendo 48 tabacales solo en Sopinga, lo que demuestra que para ese año Sopinga contaba con muchos habitantes, que se requerían para la manutención de tantos cultivos.  Este contrabando de tabaco que tiene sus registros desde 1821 hasta 1848, tuvo la complicidad de habitantes de Anserma y Cartago, tabaco procesado que era llevado principalmente a las regiones del Chocó y Antioquia donde tenía gran demanda.

– Su libro “485 años. Sopinga y La Virginia. Historia y urbanismo”, cómo lo publicó, contó con ayuda de alguien para su elaboración…

Llegué como invitado al Circulo de las Ranas Cantoras de La Virginia, donde fui acogido y animado a publicar la obra, lo hice con mis propios recursos y con la valiosa colaboración logística del reconocido historiador Julián Chica Cardona y la mirada correctora de varios poetas y escritores como Leonardo Londoño, Adiela Ríos, José Licelder Cardona y el magister en literatura Cristian Ocampo Torres.

– Conduce a los lectores de manera pedagógica y nos invita a convertirlo en un texto de consulta obligatorio para los interesados en la historia de la región. ¿A dónde espera llegar con la obra?

Hasta la fecha la obra ha sido conocida y criticada en Comfenalco de Armenia Quindío  y hace parte de la colección de libros de historia de su biblioteca, Fue entregada para su inclusión en la biblioteca departamental de Risaralda, en la biblioteca del Congreso de la República, en la biblioteca de la Universidad Nacional y en la Cámara Nacional del Libro, en la biblioteca Luis Ángel Arango, además ya fue entregada a la biblioteca del Colegio Bernardo Arias Trujillo, donde varios grupos de estudiantes del grado 11 ya son conocedores de la obra, gracias a la gestión de las docentes Rosa Narváez y Mónica Osorio, la bibliotecaria Gabriela Ángel y el apoyo incondicional de su rector Jairo Salas. La obra está en manos algunos concejales, rectores y coordinadores de colegios y otras personas del municipio.

Lo que espero es tener la oportunidad de llegarle a toda la comunidad del municipio, especialmente a los estudiantes, para que, además de despertar el interés y el sentido de pertenencia por su pueblo, conozcan su historia desde sus orígenes, teniendo como evidencia los documentos históricos y que por parte del Alcalde y nuestros concejales la historia actual sea complementada de manera oficial.

– Usted dirige el Instituto de Electrónica y Computadores en La Virginia y se le reconoce su labor en el municipio. ¿Cómo ha sido este trabajo, cómo empezó?

En los años 80, inicié mis estudios en la informática que para ese entonces llegaba imponiéndose rápidamente, inicialmente, en las instituciones del estado, de tal manera que quienes quisieran capacitarse en el área debían desplazarse a Cartago y Pereira.  Nace entonces el deseo de poner una escuela al servicio de la comunidad, presentando un proyecto ante los entes correspondientes y siendo aprobados en 1993. Nuestros primeros estudiantes fueron personas del municipio, empleados del hospital y los bancos, cubriendo además instituciones de los pueblos vecinos como Quinchía, Balboa, Santuario Apia, Mistrató entre otros. Hasta la fecha se ha aportado capacitación a muchas personas en el área técnica y contable, además de apoyar a niños desde los 3 años de edad, de manera extracurricular con acompañamiento psicopedagógico, al lado de mi esposa y docentes muy calificados en las diferentes áreas ofrecidas.

– ¿Quién es Jorge Calle?

Un hombre que nació en Belalcázar, Caldas, que creció, e hizo empresa en La Virginia donde he vivido siempre.  Inquieto por los avances tecnológicos y educativos de la comunidad, situación que me llevo en algunas etapas de mi vida a ocupar cargos públicos a nivel departamental y municipal, además de la docencia en algunas universidades e institutos de la región, profesión a la cual me dedico de lleno junto a mi esposa.  Amante de mi familia, respetuoso de Dios y de las leyes.

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