22.4 C
Pereira
lunes, diciembre 5, 2022

Ronda bajo el sol

Nelly A. de Ossa

La vida y la Dama Velada son hermanas inseparables, para nombrarlas debe existir mucho amor y mucha compasión que se funden en tres: Laquis, Laquesis y Cloto que forman el sagrado Arcano.

A Monseñor Vives Troches
LAQUIS I
La tierra circuída de muertos
vomita sangre y cadáveres.
Súbitamente se extingue la vida
átase el fuego en las tinieblas,
arde un río de espanto y dolor
cual voraz infierno sobre la tierra.
Vida que fue alucinación –de pronto-
no encontramos la menor luz
sólo tinieblas glaciales, solo estoy,
muertos, rodeado de muertos…
¿Cómo escapar al velado arcano?
¿Cómo escapar al valle de la muerte?
¿Cómo escapar a la fría dimensión?
Sentimos horror,
nos parece ahogarnos,
enfurecidos, espantados
¡queremos huir! – recordamos el
cielo vacío donde nace la noche-.
Reina la sombra, la muerte
como en el cielo, como en la tierra,
como en los sueños,
como en nuestro reino interno,
donde como topos
nos llenamos de espanto y de miedo,
y no queremos morir, no, morir no…

 

 

 

 

 

A Monseñor Tulio Duque Gutiérrez
LAQUESIS II
Avanzando en la existencia del tiempo,
la dama velada destruye el mundo,
aniquilándolo en la llama, en el infortunio
dejándonos ver su deificante poder.
Muchos le ayudan diciendo:
es terrible castigo,
y dejan de tenerle miedo…
La muerte entra en el común,
se la siente como salvación
hermosa a pesar de la guadaña
que firme empuña su mano.
Algo extraordinario sentimos
como si ella fuese rosa de amor
aunque sea verdugo constante
gritando ¡vida! y nuevas
alboradas para extinguir.
La mayestática dama blanca
nos impone razón y guía
–somos sus seguidores-
hombres dioses que vivimos
bajo el conjuro de la sangre
confiando en ella le decimos:
Madre omnipotente es tu tarea
desde el principio de las edades
hilar, hilar, hilar y cortar…
cumple con tu fin… los siglos
pasan, generaciones aparecen
y desaparecen; sólo tú permaneces;
los ves alejarse uno tras otros;
¡eres la única que perdura!.

Al padre Nelson Giraldo Mejía
CLOTO III
Madre, diosa omnipotente,
Sigues el camino de la vida
No hay senda que no haya sido tejido
Con tu rueca, has sacrificado tantos
para los dioses y para los infiernos,
Culpables e inocentes, arrancas de raíz
pueblos enteros, destruyes ciudades,
exterminas reinos y voces impacientes
pueblos enteros entregas al olvido.
Para los salvadores y profetas
Encendiste la hoguera de los heréticos
Hundiendo la vida en noche y tinieblas
-todo por salvarnos a nosotros-
Condenada a servir lo haces con lealtad,
siglos de sangre se vuelcan sobre ti
tu alma es hecha de sangre – por nosotros-
Tus ojos se nublan cuando gimen las multitudes,
desesperada el dolor humano aplastas
y ciegas furiosamente todo lo avasallas,
nuestra sangre la ciega, es una ciega,
y nosotros somos su prisión
de la que nunca podrá escapar,
no puede contemplar la belleza del Universo;
lleva sobre su espalda todo el dolor
y la culpa de ser y del no ser;
claman contra ella sin dejarla en paz;
tiene que soportar nuestro destino;
¿Quién arrancará de sus hombros el peso
de las maldiciones y le hará descansar
en la paz de la muerte? –nadie-
Porque nadie puede sufrir lo que ella sufre
-es un secreto absoluto- ¿Quién la ama?
Solo ella la puede amar –LA VIDA-
“Parnaso Literario Eje Cafetero”

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -