Risaralda, le apuesta a la agricultura de conservación

Las personas interesadas en hacer parte de este proyecto pueden contactarse con la Cárder o con las UMATAS de Balboa, Pueblo Rico, Santa Rosa de Cabal y Dosquebradas.

La Corporación Autónoma Regional de Risaralda, Cárder, a través de la agricultura de conservación busca proteger el suelo y el agua de Risaralda, este proyecto se realiza de manera intensiva con los productores agrícolas del departamento, con ellos se trabaja en capacitaciones sobre el tema, entre otras actividades

La ingeniera agrónoma y profesional especializado de la Cárder, Beatriz Elena Silva Tapasco, informó que, en Risaralda este proyecto que implementa la entidad es importante debido a los conflictos severos del suelo a causa de las pendientes altas, por lo que se requiere un trabajo especial.

“En ese sentido, la agricultura de conservación tiene tres principios fundamentales, la labranza mínima, que significa que solamente se haga el laboreo en el sitio donde se va a quedar la semilla o el árbol, las coberturas permanentes quiere decir que el suelo no se desprotege, entonces recomendamos que se haga uso de coberturas vivas o coberturas muertas, para que el suelo esté muy protegido del golpe de la lluvia, que es la ejecución a la erosión y también en épocas de sequía que no se rebaje tanto la humedad del suelo, esas coberturas permanentes son muy importantes para la agricultura en nuestro departamento, y el tercer principio es la rotación de cultivos y asocio con abonos verdes los abonos verdes, que son plantas que se establecen asociados a los cultivos y se utilizan para que aporten nitrógeno y materia orgánica al suelo”.

Actualmente, están iniciando el proceso de capacitación en los municipios de Balboa, Pueblo Rico, Santa Rosa de Cabal y Dosquebradas. Posteriormente, una vez culminado este ciclo, los agricultores que resulten capacitados recibirán insumos para que implementen lo aprendido en su finca, toda vez que el suelo de su predio debe estar protegido y trabajado adecuadamente.

La autoridad ambiental desde hace ocho años trabaja con alrededor de 150 beneficiarios anuales, este año a razón del Covid-19 se trabajó con 90 personas. Al respecto la funcionaria Silva Tapasco, explicó que en este proyecto hay un principio: “es importante que los vecinos conozcan, a veces tenemos unas hectáreas paralelas, lo hemos llamado el efecto espejo, porque los vecinos se entusiasman y los beneficiarios comparten las semillas, comparten los conocimientos, ha sido muy bonito ver como los vecinos de las veredas también aplican lo que están aprendiendo”.

Las personas interesadas en hacer parte de este proyecto de agricultura de conservación pueden contactarse al correo electrónico bsilva@carder.gov.co o con las UMATAS en cada uno de los municipios de Balboa, Pueblo Rico, Santa Rosa de Cabal y Dosquebradas.

Agricultura de conservación

Este tipo de agricultura conserva los recursos naturales, la biodiversidad y la mano de obra. Aumenta el agua del suelo disponible, reduce el estrés por el calor y la sequía, y aumenta la salud del suelo a largo plazo. Se basa en los principios interrelacionados de la mínima alteración mecánica del suelo, la cobertura permanente del suelo con material vegetal vivo o muerto y la diversificación de cultivos mediante rotación o cultivos intercalados. Ayuda a los agricultores a mantener y aumentar los rendimientos y las ganancias, al tiempo que revierte la degradación de la tierra, protege el medio ambiente y responde a los crecientes desafíos del cambio climático.


Para reducir la alteración del suelo, los agricultores practican la labranza cero, lo que permite la siembra directa sin arar o preparar el suelo. El agricultor siembra directamente a través de los residuos superficiales del cultivo anterior. La labranza cero se combina con cultivos intercalados y rotación, es decir, cultivar dos o más cultivos al mismo tiempo en el mismo terreno o cultivar dos cultivos diferentes de manera secuencial. Estos también son los principios básicos de la intensificación sustentable.


El término “agricultura de conservación” se acuñó en la década de 1990, pero la idea de minimizar la alteración del suelo tiene su origen en la década de 1930 durante el Dust Bowl en los Estados Unidos y los agricultores de todo el mundo están adoptando cada vez más la agricultura de conservación.