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Pereira
sábado, noviembre 26, 2022

¿Quién es culpable?

Cuento ganador del concurso patrocinado por la Librería Roma en el colegio Deogracias Cardona de Pereira. Ella tiene 15 años, perteneciente al grado 10. Los jurados fueron Alan González y Mauricio Peñaranda. Una escritora demasiado joven que representa el arte y el talento de Pereira y no tardará en deslumbrar.

 

Michel Natalia Cardona Giraldo

-¿Lo has llamado?

  -No contesta- dice Raquel con  ojos llorosos. No puede creer que su prometido la haya dejado plantada en la puerta de la iglesia el día de su boda. No entiende qué pasa: llevaban  años esperando ese momento. No puede pensar que algo le ha sucedido a Simón, no sabe siquiera qué pensar.

  Pasa un poco más de una hora,  los invitados murmuran, con una mirada que solo juzga y no comprende. Raquel está en un escalón de la entrada de la iglesia con todo su rímel regado en sus mejillas, su amiga Ámbar consolándola, su madre, a su lado, abrazándola y su papá lo único que quiere es encontrar a Simón y molerlo a golpes.

  -¡Llegó!- dice Mari, otra amiga de Raquel.

Raquel se levanta y ve a su prometido acercarse, tambaleándose de un lado a otro  con una botella de vodka en la mano. En ese momento Raquel no sabe qué hacer, su enojo no la deja pensar bien.

  Simón se acerca a ella y quiere darle un beso, pero Raquel se aparta y levanta la mano para aventarle una cachetada, pero se detiene con la mano en el aire y aprieta sus labios. No lo hará. Se prometió no hacer las mismas cosas que  su pareja anterior. Así que le lanza una mirada de completa decepción  y le escupe los pies para luego irse con Ámbar y sus padres al apartamento.

Raquel se despierta al otro día en su cuarto, Ámbar está a su lado mirando las redes sociales, Raquel se acerca y se da cuenta de lo que su amiga está viendo: Fotos del día anterior, personas haciendo burla y llamando a Raquel “Cachuda”, “La plantada”…  Raquel siente cómo su corazón se vuelve a partir en pedazos. O sea: para las personas no es suficiente lo que le hizo Simón, ellos también se tienen que burlar y hacerla sentir aún peor. Empieza a pensar de verdad que ser buena persona no vale la pena. Llora de nuevo en el hombro de Ámbar. Su amiga no sabe qué hacer, no tiene palabras, está igual de decepcionada y triste que Raquel.

  Mari llega al apartamento, Raquel duerme y Ámbar prepara comida, ya que no han comido nada desde el día anterior.

  Empiezan a hablar de lo sucedido, pues desde que salieron de la iglesia no saben nada  de Simón, no saben si está vivo o muerto. Mari se porta de un modo muy extraño: nerviosa e histérica, como si ocultara algo, pero Ámbar no le pone mucha atención, piensa que está así por todo lo que pasó.

  -Holas- sale Raquel del cuarto
  -Holaaa- saludan sus dos amigas y van a abrazarla
  -¿Cómo estás?- pregunta Mari
  -Ya te imaginarás cómo- responde Raquel.

  -La verdad, yo pienso que estás siendo un poco dramática, tal vez Simón solo tuvo una despedida de soltero y por eso llegó así, además no estaba tan borracho…

  -¿Qué…? -gritó Ámbar-. De saber que ibas a decir ese tipo de cosas no te hubiera dejado ni entrar.
  -Mari, el hecho de que tú te soportes ese tipo de actitudes de tu esposo no significa que todas lo tengamos que hacer, merecemos respeto. Además, Simón y yo habíamos acordado  que no se iba a hacer ninguna despedida de soltera y soltero.

  -Que feo que me hables así, Raquel, no te lo dije por mal.

  -Lo siento, solo digo la verdad.

   En adelante todo el ambiente se torna  incómodo, pero aun así, Mari sigue en el apartamento, no cruzan miradas ni palabras.

  Llega la hora de irse y Ámbar y Raquel se despiden de Mari como normalmente lo hacen. Realmente están acostumbradas a que haga ese tipo de comentarios totalmente fuera de lugar.

  Raquel no deja de llorar, se pregunta dónde estará Simón, por qué ha hecho esto, qué le ha pasado, él no era así.

  Decide llamarlo, no va a ser una conversación larga, solo le preguntará si está bien.  Ámbar está  frente a Raquel mientras su amiga llama a su ex. Cuando este por fin contesta, nota la cara de decepción y descontento de su amiga. Simón sigue bajo los efectos del alcohol, se escucha una fuerte música de fondo y ni siquiera se entiende lo que él dice. Raquel decide colgar, no vale la pena perder el tiempo.

Mari llega llorando a su casa, se siente tan culpable, tan miserable… Ve a Simón echado en su sofá, con una botella de vodka en la mano y el teléfono en la otra apoyado en la oreja y repitiendo constantemente: “¡Raquel, Raquel, Raquel!”. Supone de inmediato que él la ha llamado y corre a agarrar el celular y lo estrella contra el suelo. No sabe  por qué lo hace. Últimamente se deja llevar por sus impulsos.

  Simón en medio de su viaje y borrachera, mira fijamente a los ojos a Mari.

  -Todo esto es culpa tuya  le dice con las palabras enredadas y la  voz más gruesa de lo normal.

   Mari corre a su cuarto y se pone a llorar como nunca, no sabe qué ha hecho, se siente la persona más horrible del mundo.

  De repente escucha la puerta de la entrada,  baja de la cama y se pone sus chanclas de casa, se dirige lentamente hacía la puerta,  mira quién es y queda en shock.  Cuando se da cuenta que son Ámbar y Raquel, no haya qué hacer, no puede dejarlas entrar por nada del mundo: Simón está ahí.

  Decide no abrir, pero sus amigas empiezan a llamarla al celular. Entra en pánico. Opta por salir, abre la puerta a medias. Ámbar y Raquel la descubren, se ve destruida, tiene los ojos hinchados.

-Mari, perdón, perdón si te hice sentir mal con lo que te dije, estaba supremamente destruida- se apresura a decir Raquel al ver a su amiga así, pues piensa que su estado se debe a esa pequeña discusión que han tenido.

  -Te quisimos traer tus dulces favoritos, en recompensa. Vemos pelis y pedimos pizza, así también le subimos el ánimo a Raquel- dice Ámbar.

  -Oigan, tranquilas, no estoy enojada ni nada por el estilo, me parece súper bien el plan, pero qué les parece si lo hacemos en uno de sus apartamentos, es que el mío esta súper desorganizado.

  -¿Y eso qué?, los de nosotras están igual- dice Ámbar mientras empuja la puerta y con ella a Mari, y entran al apartamento.

Mari se voltea   asustada y  mira hacia el sofá.  Simón ya no está ahí.

  -¿Estás bien?- pregunta Raquel. Mari despabila y se concentra en su amiga, pero está muy asustada. Tiene que averiguar dónde está Simón y decirle que por nada del mundo se deje ver.

  -Sí, ¿tú lo estás?

-Sí, claro, vamos.

  -Espera un momento, voy al baño.

  -¡Cuántas botellas de vodka, Mari!- dice Ámbar. Mari la mira y  sonríe, tratando de disimular, y sigue su camino hacía “el baño”.
  Encuentra a Simón en el closet, no puede entender cómo estando tan ebrio pudo pararse e ir tan rápido a esconderse, pero bueno, se lo agradece. Decide darle  una pastilla para dormir, para que no se mueva de allí y no haga ruido, y vuelve con sus amigas.

Se ponen a ver películas,  comen pizza, crispetas, gomitas y después empiezan a escuchar música popular y resultan bebiendo las botellas de vodka que estaban regadas por la sala.
  Se duermen súper tarde, ebrias, Raquel y Mari sentadas en el sofá y Ámbar en el suelo.

-¿Qué haces aquí?- escucha Mari a lo lejos, tratando de despertar.  Siente que la sujetan de la blusa y la estrujan. Es Raquel la que la tiene agarrada. Al fondo está Simón con una cara de preocupación total.

  -¿Qué hace Simón acá, Mari?, contéstame…

-Eh, emm, uh, no s…

  -Sí, tienes que saber, es tu jodida casa, Mariana…
  -Raquel, déjame explicarte- murmuró Simón.

  -¿Qué me quieres explicar?, ¿Qué no llegaste a la boda por estar cuerniandome con una de mis amigas?

-Raquel, por Dios, soy tu amiga. ¡Cómo crees que me voy a meter con tu esposo!

  -Pues al parecer son tan miserables los dos que lo hicieron,  y me hicieron  sufrir como nunca, ¿Saben?

  -Raquel, no puedes ser tan cínica de decir eso cuando tú me fuiste infiel un día antes de nuestra boda…

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