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domingo, junio 26, 2022

¿Por qué le buscamos?

Es tendencia

El eje roto del alma

Todas las lágrimas

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Decía Eric Fromm que la sociedad contemporánea ha crecido, no junto al templo, al castillo, o la fábrica, sino alrededor del supermercado. La revolución del siglo XVIII la llevaron a cabo los ciudadanos, mientras que las de hoy las agitamos los consumidores.

¿Qué desea usted? ¿Electrodomésticos, automóviles, trajes, abonos, herramientas, obras de arte, cosméticos, anticonceptivos, muebles de todos estilos, pasajes a crédito, discos compactos, diversiones, influencias, intrigas…?

Quizás pensamos que la Iglesia de Cristo es un factor más de esa sociedad de consumo, que nos opaca la mente y apaga los nobles ideales. Como si añadiéramos al listado anterior: Se ofrecen sacramentos, tranquilidad del alma, relaciones amistosas, equilibrio moral, fidelidad conyugal, dignidad humana, pasajes para el cielo… Todo de óptima calidad, a bajos precios, indiscutible garantía… Se atiende también a domicilio.

En el discurso sobre el Pan de Vida, que nos trae san Juan, el Señor les reprocha a sus discípulos: Ustedes me buscan, no por lo que soy, sino por las cosas que puedo dar, por el pan que les repartí en el desierto hasta saciarlos.

Nuestras actitudes hacia el Señor y la vida cristiana son también con frecuencia utilitarias. Somos cristianos cuando esto nos produce ventajas, no por amistad por Jesucristo.
A la hora del esfuerzo, la religión se nos queda en teoría y obramos como los paganos. A veces ni siquiera como ellos.

Podríamos pensar: ¿Hemos estudiado a fondo el Evangelio? ¿Qué sabemos, fuera de algunas noticias de prensa, sobre la vida de los cristianos?
Cuando la Iglesia se esfuerza por enseñarnos y promovernos, verbigracia ante el bautismo, la confirmación, la primera comunión de nuestros hijos, comentamos con amargura que el colegio o la parroquia se han vuelto demasiado exigentes. Que «ahora todo lo complican».

Para el matrimonio buscamos el cursillo más corto, porque «para eso no tenemos tiempo». Tal vez buscamos el matrimonio religioso porque da cierto lustre social. Lo demás no es bien elegante.
Exigimos que la Iglesia nos preste todos sus servicios, sin revisar cuál es nuestro aporte económico a nuestra comunidad cristiana. Cuál nuestra presencia en las actividades pastorales. Cuál nuestra cercanía al sacerdote.
¿No es todo esto tener a la Iglesia como un supermercado?

El Evangelio de hoy termina con una bella frase que explica a fondo qué es la Iglesia:
«Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará nunca sed». Cristo es para nosotros, a través de la Iglesia, la despensa y la fuente, pero es necesario que vayamos a Él. No basta creer en Jesucristo, hay algo más hondo y prometedor: Creerle a Jesucristo y atenerse a las consecuencias.

Para estar informado

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