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miércoles, junio 29, 2022

Poemas de Jorge Julio Echeverri Botero

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Jorge julio Echeverri Botero (Salamina, 1949) es abogado de la Universidad de Caldas. Ha publicado los libros “Romero de la sierra” (1992), “Poemas para el solar” (1997), “Y dejar en la caída una palabra (2002).

Ganó en 1990 el Concurso Nacional de Poesía del Servicio Civil, para empleados oficiales, y dos concursos convocados por el Ministerio de Hacienda (1989- 1990). Sus primeros poemas los publicó en la revista de la Universidad de Caldas en sus tiempos de estudiante de derecho. Es sobrino del reconocido poeta salamineño Daniel Echeverri Mejía, autor de “Elegía a la muerte de una abeja”. Reside en Calarcá, donde se jubiló como Notario Segundo. Su nombre figura en varias antologías, y un estudio sobre ella aparece en el libro “Nombres en las letras de Caldas”, del escritor José Miguel Alzate.

HACIA EL NORTE
“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” (Cesare Pavese)

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
tu mirada de asombro
sobre las blancas ruinas,
la pequeña estatura
de un esguince en el gesto
tratando de esconderse
en un faro sin luz.

Vendrá un caballo negro
volando con tus alas
y no veré tu cara
reflejada en el agua
y no estará tu boca
para sellar el sobre
y no tendré tus manos
para agitarme al viento
como si fuera
la última bandera que se rinde

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
para que yo confíe
y mirándome en ellos
la siga hasta el silencio
sin preguntar a dónde.

Vendrá una procesión
de estultos y leprosos
exhibiendo el cadáver de una hormiga.

Posarás tu mirada
en el mismo horizonte
y el gallo de la aurora
no cantará ese día,
mas habrá pan en el horno
y lumbre en la sentina,
escarcha en las ventanas
de todos los diciembres…
Y una sombra de más
en cada sombra;
ese postrer pecado
en la mejilla
y un coágulo de sangre en la pupila.

Vendrá la muerte
y tendrá tus ojos
y yo me iré tras ellos
hacia el norte.

*****
NOTICIA DEL PRÓJIMO
Mi prójimo es seco y vacío
como un hombre de paja.
Su mirada parece un telegrama
sólo me recuerda su eterna lejanía.
Camina un poco frente a mí
y se esfuma, o mejor,
se desdobla en diez sombras iguales
que se juntan luego
en una calle ciega
en medio de rumores
y zumbidos.
Siempre tiene un rostro nuevo
una joroba
una cojera
una herida nueva,
para que no lo reconozca.
Pero siempre es igual,
seco y vacío
como un hombre de paja.

Lo he sorprendido a veces
tratando de poblar mis pesadillas.
Tal vez por eso es que le temo.
Temo que al descubrirme
se convierta en mi enemigo
y decida espiarme
y ponerme en su mira
y borrarme de su pesadilla.
Cuando sospeche
que yo también soy seco y vacío
como un hombre de paja.

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