Poemas de elfrida satizábal, narradora ancestral de la Costa Pacífica

Hernando Sierra

Nació en Nariño en 1948 y falleció en Pereira en febrero del 2022. estudio farmacología y desde su juventud empezó a escribir poesía. Participó de encuentro poéticos, entre ellos “encuentro de literatura oral del Pacífico”, narradora ancestral de alfredo Vanin romero.

Perteneció al Grupo de Narradores ancestrales de la costa Pacífica; y desde el 2007 hasta el 2021 estuvo vinculada a los talleres literarios de escritura creativa de la secretaria de cultura de Pereira, adscrita a la red relata, del Ministerio de cultura, las artes y los saberes.

Participó, en las antologías: biografía de los lugares que fuimos; los pájaros conocen el mapa del cielo; y con la colección literaria “Punto de siembra” en donde publicó “Versos romanceros”.

Su poesía engendra la nostalgia y la tristeza, ante la pérdida de la belleza de los lugres que alegraron su infancia y juventud. sus versos, nos trasporte e hipnotiza cuando sus palabras expresan sus amores al mar, a la naturaleza, al cielo infinito, evoca la belleza de parajes en medio de la montaña y en atrevidos viajes a la selva, plasma los versos que brotan de la brisa, los olores y del infinito mundo de colores. su jardín, presente en toda letra que escribe, nos lleva al mundo mágico que rodearon su vida.

Su poesía es un llamado de atención para la toma de conciencia de la belleza de mundo que estamos destruyendo.

La carta

Carta de despedida en su fallecimiento a la poeta Elfrida Zatizábal Febrero 2022

Apenas abrí tus versos, una bocanada de aire tibio me cubrió; el mar, se adentró por toda la estancia, trayendo riquezas ocultas de suelos desconocidos. Allí, encontré al marinero que dejaba un amor en cada puerto; a la niña que quería imitar la belleza de la sirena; a las olas infinitas, que formaron tapetes de arena blanca; a la suave brisa que agitaban los cabellos de nuestras amadas y al refrescante aire que invadía el lugar con mil aromas. ¡Qué maravilla de poemario! ¡Qué magia transmitida!

Maestra, te trajiste los tesoros de tu Pacífico; no necesitaste regresar a tu cuna, para difundir tus riquezas aquí.

Los mares, ríos, selva, montes, riscos y playa ahora también son nuestros; los sentimos en cada sitio; tus letras, convirtieron la tierra, en un mundo soñado. Cuando recito tu poesía, los azules profundos de tus letras se confunden con el color del cielo; el mar, nos lleva y trae en una contemplación interminable, y los manantiales de agua pura y las playas de caracoles completan el hipnotismo de tus escritos.

¡Qué enseñanza maravillosa! Aprendí a conocer tus flores y plantas: lirios, girasoles, gardenias, dalias y jazmines. Crespones, margaritas, geranios, alelís; mirtos, gardenias y capullos de fragantes rosas.

Y qué decir de tu pincelada de colores: gualda, granate, ultra marino, violeta, anaranjado, lapislázuli y azul turquí.

Pero también dejaste al descubierto tus tristezas, y las cantaste cuando no volaron las golondrinas; la deforestación de la selva y los manglares yacientes en inhóspitos suelos;

y en el cansancio del labriego, que clama fuerzas en sus oraciones, para que sus manos levanten el azadón.

Querida Elfrida, tú no te has ido porque aquí permanecen tus versos, la alegría de tus costumbres, el mar y la selva que también se ha quedado con nosotros.

Maestra, fuiste parca con tus palabras, pero con miles de imágenes bellas nos cubriste, Éramos imperfectos, pero ahora tu prosa ha sensibilizado nuestras almas. Adiós “morena”, tu cuerpo de luz perdurará, y tus enseñanzas de amor por la naturaleza, la heredaremos.

Sonido de flauta y notas de acordeón quedan en tu partida en un imborrable recuerdo de un ser maravilloso.

Gracias maestra y buena mar”.

Marinero

Marino de inmensos mares; con altivez el mar os desafía; en navío montando te enalteces y al vaivén de sus olas tú confías. Mira las noches claras, destelladas en sus pensamientos formas corazones, es el corazón de la mujer amada que dejaste antes de zarpar el puerto. Es el barco la hamaca donde duermes; son las olas, las manos que te acuñan, son las aves, el canto que te arrulla y las estrellas, las luces que te alumbran. Mas, deja volar tus pensamientos al llegar el albor de un nuevo día, como el soplo del viento que te acaricia, como vuelan las aves en el mar, como el murmullo de las olas que te escuchan. Dejas estelas en el mar profundo, luego marcas tu rumbo en la rosa de los vientos con la esperanza de llegar a un nuevo puerto

CABELLOS BLANCOS

¿Por qué te asombras? Al ver mis hebras de cabellos negros convertidos en metal, hilos de plata? No ves que el tiempo deja desengaños se deshojan sueños, ilusiones, se marchita el corazón, llega la calma, y solo queda, el recuerdo soñado. La fe se agota, como la savia del árbol mutilado. Las luciérnagas vuelan ya cansadas, donde hubo capullos de fragantes rosas con ellas se van las esperanzas. El tibio mar perdido en las espumas tiene sin embargo picachos blancos. Llega el invierno y empieza arreciar el aire frío, las flores a perder su colorido, moribunda la leña apenas arde, las aves huyen abandonando el nido por eso mis cabellos negros se ha convertido en cabellos blancos.

EN SILENCIO

Se apagó la voz de tu silencio un día; me asomé a la ventana del olvido, vi tu silueta alejarse paso a paso entre la penumbra de la noche te habías ido. Bajé las escaleras velozmente, te llamé en silencio y no escuchaste, te busqué entre la muchedumbre urgente, muy triste fue, cuando vi que te alejaste. Falto de aliento y de vigor escaso, palidecieron tus labios de sonrisa enamorada, se fijaron tus ojos en el ocaso, esos ojos de fúlgida mirada. En las noches melancólicas me hundo en calígines horas de misterio, en la caverna de mi cráneo escucho una voz desde el viejo cementerio.

VERSOS ROMANCEROS

Hoy escribo mis versos cual la sombra de grandes nubarrones y de mares; fuiste escudero de todos mis penares como el cántico sublime de una alondra. Hoy escribo mis versos cual mi sueño con la luz rutilante de una estrella, en las gélidas noches sin querellas fuiste de mi corazón el dueño. Hoy escribo sin reproches para ti ángel perdido de la noche entre mares azulados y risueños. Hoy escribo mis versos sobre caliginosas olas de los mares formando partes de un poema romancero.

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