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sábado, agosto 13, 2022

“Pelos de diablo”, de Triunfo Arciniegas

Jimmy Humberto Fortuna Vargas*

En esta obra breve, dividida en tres actos y acompañada por una “Propuesta de puesta en escena”, el diablo no es configurado como habitualmente ha sido en el ámbito artístico; de hecho, está más cercano a la manera como se retrata en una de las novelas más representativas del premio nobel portugués: El Evangelio según Jesucristo. En la obra de Arciniegas, según sus propias palabras: “No se trata de la concepción religiosa del diablo, no se trata del pecado, sino de la fiesta y el carnaval”.

En el primer acto de este texto dramático, ilustrado por Alekos con una serie de imágenes que visualmente hacen pensar en el reino infantil, don Gerardo García, más conocido como el Papá diablo, entabla un diálogo habitual entre padre e hijo, con Diablito, es decir, con Federico García, su retoñito, no sin antes recordarle la importancia de no juntarse “con la gentuza”, pues hay que “mantener el prestigio, el honor, la tradición”. De hecho, de esta escena parte el hilo conductor de toda la obra, en la que un “satanizado” hijo del diablo debe lidiar con el pasado de su padre y con los imaginarios presentes en cada uno de los personajes que lo acompañan, en medio de su ascenso y el homenaje que recibirá «por sus nobles servicios, por su valentía, por su caballerosidad», debido a que ha podido lograr lo imposible: darle vuelta a esa mácula que, como personaje trágico griego, cargaba sin proponérselo ni tener ninguna responsabilidad.

Desde el inicio de Pelos de diablo se establece esa conexión con el título, a través de expresiones como esta: «Para colmo de males, alguien dijo que los pelos de diablo eran de buena suerte. Le cayeron todos y lo dejaron pelón». Esto es símbolo de su herencia, parte de los elementos que de una u otra forma lo conectan, no solo con su padre, sino también con su abuelo. Por ello, Federico experimenta una realidad cruel y dura respecto a las palabras de su creador, pues, con tristeza y humildad descubre, en el tercer acto, que “Mis pelos no sirvieron para nada y casi me matan cuando me hicieron el reclamo”.

Como héroe que es, Diablito tendrá que experimentar un reto difícil: enfrentar a su padre para que respete sus decisiones, pues para su progenitor «olemos a diablo. Ese es nuestro secreto», debido a que su nueva opción de vida, como “todo un caballero”, no tiene cabida en su hogar, pues el infierno es su casa y no tiene derecho ni a ser feliz ni a sonreír.

Con Pelos de diablo, Triunfo Arciniegas demuestra la maestría que posee para darle un giro mágico a las historias y modificar esos imaginarios que el mundo del arte ha establecido para ciertos personajes. En este caso, al mostrar a un diablo que se aleja de su legado al ser “feliz y travieso”.

* Libros y Letras.

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