Mientras los satélites de la NASA monitorean desde el espacio el retroceso de los glaciares andinos y los tripulantes de la misión Artemis nos muestran imágenes impactantes del planeta azul, desde los albores de la luna, en las montañas de Risaralda el agua sigue siendo un milagro que brota de la tierra para alimentar a miles. Este 22 de abril de 2026, el Día Internacional de la Madre Tierra nos encuentra bajo el lema ‘Nuestro poder, nuestra Tierra’, una consigna que resuena con fuerza en Colombia, el segundo país más biodiverso del mundo.
La tecnología espacial se ha convertido en el primer frente de defensa. Según la científica climática de la NASA, Erika Podest, la observación terrestre es prioritaria para entender cómo las actividades humanas transforman el planeta.»Estos datos nos permiten entender la Tierra en acción y documentar cómo las actividades humanas y los cambios globales transforman el planeta a lo largo del tiempo», afirma Podest.
Desde el espacio, la NASA rastrea desde incendios forestales hasta la cubierta nival de los Andes, que funciona como un termómetro crítico. La reducción de la nieve andina es una señal de alerta directa para Sudamérica, pues compromete el agua dulce para millones de personas.A nivel global, la meta para 2030 es triplicar la energía renovable. Esta urgencia tiene un trasfondo social: más de 3,800 millones de personas viven bajo el Mínimo de Energía Moderna. Colombia se suma a este esfuerzo liderando la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa, buscando alternativas económicas para las comunidades que hoy dependen de los combustibles fósiles.
Paz con la naturaleza
Colombia llega a esta conmemoración en un año de transición política y ambiental crítica. Como potencia megadiversa, el país se enfrenta a la ambiciosa meta de reducir la deforestación a menos de 30,000 hectáreas anuales para este 2026, una cifra que implicaría proteger el ciclo hídrico nacional frente a la expansión de economías ilícitas. La seguridad de los defensores del territorio y la implementación del Fondo de Cali —derivado de la COP16— son los pilares de una agenda que busca pasar del discurso a la acción, protegiendo tanto la Amazonía como la vida de quienes la custodian.
Santuario de vida y agua
Risaralda se erige como un modelo de gestión técnica. A través de la Cárder, el departamento ha consolidado el Sistema Departamental de Áreas Protegidas (SIDAP), cuya joya actual es la ampliación del DRMI Cuchilla del San Juan, que ahora custodia cerca de 30,000 hectáreas. Este ecosistema no es solo un refugio de biodiversidad; es la infraestructura natural que surte a 33 acueductos comunitarios. No obstante, la presión es constante: desde la minería ilegal de oro hasta la fragmentación de corredores biológicos como Barbas-Bremen, el territorio lucha por mantener su integridad frente a la expansión humana.
En el ámbito urbano, Pereira lidera con estrategias de resiliencia. El programa ‘Basura Cero’ busca desviar los residuos de los rellenos sanitarios hacia parques tecnológicos de valorización.Innovación: Una inversión de $8,400 millones permite transformar residuos orgánicos de plazas de mercado en fertilizantes mediante biotecnología.Puntos Limpios: Lugares como Corocito y puntos ecológicos en zonas rurales (Arabia, Combia) buscan frenar la llegada de plásticos a las fuentes hídricas.


