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jueves, diciembre 1, 2022

Noches de Hungría

Gabriel Posada.

Por 1988 la ciudad aún contaba con una cantina cada media cuadra, el fox, el tango y la ranchera exhalaban por cada una de sus puertas un fuerte sonido a nostalgia, afuera, la humedad resaltaba el olor a boñiga de antaño. Regresé al teatro Comfamiliar con el cine club universitario -ya Chucho Calle se había retirado, al igual que Fernando Maldonado, Henry Sánchez y Sonia Pachón- sólo quedaba Germán Ossa y junto a él lo sostuvimos tres años más. Anduve de vitrina en vitrina promocionando las películas que programábamos; me echaba al bolso 30 o 40 pases de cortesía e invitaba a quien nos dejara colocar un afiche en sus vidrios o carteleras, las más preciadas eran las de la Fuente de soda Bolívar en la calle 20 con carrera 7ª. y una cerca al lago Uribe, en el edificio Risaralda, donde me dejaban ubicar el poster de la película a cambio de 6 boletas de cortesía. Paralelamente acompañaba el proceso del Corredor del Nápoles y ese año Cine Colombia estrenó en nuestro país la película “Salsa”, un novelón norteamericano dirigido por el israelí Boaz Davidson, protagonizada por Robi Rosa (hoy el gran Draco Rosa), película que tenía como ingrediente novedoso, el hecho de que en su banda sonora aparecía resaltado el tema “Cali pachanguero” del grupo Niche.

El éxito en taquilla se presagiaba y desde Bogotá se ideó una campaña publicitaria de hacer grafitis con la caligrafía que anunciaba la película: “pronto: SALSA”, “SALSA, la película”, me contrataron para hacer esa campaña con el aval del Secretario de Gobierno de la Alcaldía, pero sin su permiso escrito. Me lancé en la clandestinidad de la noche a grafitiar la ciudad, me acompañó un amigo que me cargaba los tarros de spray rojo y negro para las “pintas”. Después de recorrer las calles de Pereira desde el Parque La libertad hacia abajo, al llegar a la carrera 7ª. con calle 34 donde estaban construyendo el edificio “Conjunto residencial Castillos del Mural” (referencia al mural en mosaico realizado por Lucy Tejada a la antigua fábrica de gaseosas Postobón), rodeada la construcción de tejas de zinc oxidadas y llenas de publicidad de todo tipo, al agacharme con el spray rojo chorreando, yo que aprieto el spray y sobre mi nuca un pistolero me pone su arma tratándome de “guerrillero hijueputa”, mi compañero de andanzas en ese entonces estudiante de Derecho -Jhon Jairo Jiménez Jiménez- de inmediato ejerció su primera defensa sin titularse en el “teatro de los acontecimientos” y me quitó de encima al tombo de civil que andaba de caza esa noche. No pasó a mayores el susto, pero nuestra indignación y rabia la sosegamos de cantina en cantina y de trago en trago, subiendo la séptima, haciendo estaciones en “el Argentino”, en “la Luna”, en “Puerto Rico” en “El Colonial”, en “El Reno” y terminamos en el “Séptimo Cielo” en la 14 con 8ª. entonados y encontrando refugio en las Noches de Hungría.

La Noche Rosa de la Droga
El cine a media noche en Pereira no lo creamos en el Nápoles con la apertura de nuestras exposiciones, ya existía y fueron famosos los viernes del terror del Teatro Consota, Stephan King y John Carpenter fueron los invitados de honor en estas sesiones masivas de sangre y miedo, de llenos totales y un público exacerbado, popular y mal intencionado, lo convirtieron en un problema público y se retiró su programación para dar paso a la sosegada audiencia de bohemios e intelectuales con el cine arte de los viernes, allí vimos “Carmen” de Bizet, dirigida por Francesco Rossi, “Otello” y “La Traviata” de Franco Zeferelli, y a la salida armábamos “vaca” la poeta Nelly Arias, Viviana Botero, Jhon Jairo Jiménez, y veíamos amanecer a Pereira después de visitar las discotecas de los alrededores: “El Ticuna”, “El Zarape” y la “Munka Munka”.

Cuando Artistas Unidos distribuyó en Colombia la película “The Wall” de Alan Parker en 1984, se promocionó en Pereira como “La Noche Rosa de la Droga” y su estreno llegó una media noche al teatro Caldas. Animados por ver a Pink Floyd nos fuimos en barra algunos contertulios de la taberna Avril, Avril, Avril. El lleno fue impresionante, especialmente del humo aromatizado que ambientó el teatro y ambientó el comienzo de la película por ese pasillo gris con que empieza y el scratch de la canción The Little boy that Santa Claus forgot (El niño que olvidó Santa Claus) de Vera Lynn para meternos en esa aspiradora en el plano inicial donde la limpiadora anónima la acciona y nos presenta al protagonista y su profunda reflexión ante las consecuencias de un padre ausente. Después de semejante viaje maravilloso en música y sonido, imagen, arte y política, sobre las 2 de la mañana salimos del cine, ahumados y bebidos junto a unos amigos que en gavilla y dementes tomaron rumbo a la plaza de Bolívar, parecían salidos de “La Naranja Mecánica” de Stanley Kubrick, los drugos pereiranos: Oscar Garcés, Gimoraes (Gilberto Morales el dibujante), Abel Restrepo y el “Químico” …- Alex Delargue, Pete, Georgie y Dim-… La ciudad rugió de miedo.

Esta tradición de ver cine a media noche la continué en el año 1997 en el Consota, dando ciclos de cine erótico: “El amante de lady Chatterley” con la icónica actriz Silvia Kristel; “La Teta y La Luna”, “Las edades de Lulú “y “Jamón Jamón” de Bigas Luna; “Calígula”, “La Llave”, “Miranda”, “Los burdeles de Paprika” de Tinto Brass; “Matador” de Almodóvar, etc. etc. hasta que unos arreglos de cambio de alcantarillado y pavimento agrietaron la carrera 9ª. por varias semanas y hasta ahí el cine a media noche duró en Pereira.

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