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viernes, julio 1, 2022

Mensaje del Papa Francisco Cuaresma 2019

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?La creaci?n, expectante, est? aguardando la manifestaci?n de los hijos de Dios? (Rm8,19). Desde esta perspectiva querr?a sugerir algunos puntos de reflexi?n, que acompa?en nuestro camino de conversi?n en la pr?xima Cuaresma.

 

1. La redenci?n de la creaci?n. La celebraci?n del Triduo Pascual de la pasi?n, muerte y resurrecci?n de Cristo, culmen del año lit?rgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparaci?n, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf.?Rm?8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

 

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Esp?ritu Santo (cf.?Rm?8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que est? inscrita en su coraz?n y en la naturaleza,?beneficia también a la creaci?n, cooperando en su redenci?n.

Por esto, la creaci?n, desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jes?s disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduraci?n completa en la redenci?n del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos ?esp?ritu, alma y cuerpo?, estos alaban a Dios y, con la oraci?n, la contemplaci?n y el arte hacen part?cipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el ?C?ntico del hermano sol? de san Francisco de As?s. Sin embargo, en este mundo la armon?a generada por la redenci?n est? amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

 

2. La fuerza destructiva del pecado. Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el pr?jimo y las demás criaturas ?y también hacia nosotros mismos?, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.

 

Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los l?mites que nuestra condici?n humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabidur?a se atribuyen a los imp?os, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro. Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrecci?n, est? claro que la l?gica del?todo y ya, del?tener cada vez más?acaba por imponerse.

 

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparici?n entre los hombres interrumpi? la comuni?n con Dios, con los demás y con la creaci?n, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo.

 

El hecho de que se haya roto la comuni?n con Dios también ha da?ado la relaci?n armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que est?n llamados a vivir, de manera que el jard?n se ha transformado en un desierto. Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creaci?n, a sentirse su due?o absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio inter?s, en detrimento de las criaturas y de los demás.

 

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más d?bil. El pecado que anida en el coraz?n del hombre y se manifiesta como avidez, af?n por un bienestar desmedido, desinter?s por el bien de los demás y a menudo también por el propio, lleva a la explotaci?n de la creaci?n, de las personas y del medio ambiente, seg?n la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o despu?s acabar? por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

 

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perd?n. Por esto, la creaci?n tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una ?nueva creaci?n?: ?Si alguno est? en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo?. En efecto, manifest?ndose, también?la creaci?n puede ?celebrar la Pascua?: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva.

 

Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro coraz?n de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversi?n y el perd?n, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

 

Esta ?impaciencia?, esta expectaci?n de la creaci?n encontrar? cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisi?n el ?trabajo? que supone la conversi?n. Toda la creaci?n est? llamada a salir, junto con nosotros, ?de la esclavitud de la corrupci?n para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios?.

 

La Cuaresma es signo sacramental de esta conversi?n, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oraci?n y la limosna. Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentaci?n de ?devorarlo? todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vac?o de nuestro coraz?n. Orar?para saber renunciar a la idolatr?a y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Se?or y de su misericordia. Dar limosna?para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que as? nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar as? la alegr?a del proyecto que Dios ha puesto en la creaci?n y en nuestro coraz?n, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

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