Mauricio García

Gossa

Un extraordinario trabajador del arte es este artista que viene desde hace muchos años atrás, dejándonos ver una serie de obras que van desde la pintura, el dibujo, la escultura y el barranquismo, actividad que ha encontrado en él, un extraordinario innovador.

No es simplemente, como lo han hecho muchos nóveles artistas, el hecho de construir figuras comunes y corrientes sobre los barrancos, donde se concretan animales y figuras de hombres y mujeres de extrañas e insólitas formas, lo que este artista ha hecho en las inmensas paredes de los terrenos ondulados que caracterizan la geografía quindiana, pues ha demostrado que lo suyo, se sale de ya muy generalizado.

Ahora, y he ahí su condición de artista diferente, este creador ha demostrado con sus más recientes trabajos en las tierras de Filandia, donde sumándole color a sus obras, y haciendo una serie de composiciones impresionantemente llenas de contenido, marca diferencia con los demás que están en el mismo campo, de manera contundente.

Se trata de un “Yipao”  a todo color que se convertirá en un objeto de visita para turistas tanto nacionales como internacionales y de hecho, ya es objeto de notas de prensa, radio y televisión.

  

¿CÓMO UN WILLYS SE CONVIERTE EN “EL YIPAO”?

Los primeros Willys tomaron esa denominación por parte de la compañía Willys-Overland, quienes para la segunda guerra Mundial se dieron a la tarea de fabricar un todoterreno, por solicitud del Ejército de los Estados Unidos. Los soldados Marines empezaron a llamarlo  “jeep” por las siglas GP, que pronunciadas en el idioma inglés era yi-pi, referencia que les dio uso general  por General Purpose, y por lo cual este sobrenombre o apodo se convirtió en la marca que con la actualidad se conoce.

Este carro tipo campero hasta el momento presente, ha ido creciendo en su cantidad y calidad hasta desembocar en el Wrangler,  tipo marine más grande hasta hoy.

Cuando a Pereira llegaron estos vehículos, hicieron el reemplazo de los llamados automóviles “Colepato” que prestaban el servicio de transporte por las vías destapadas de más de una municipalidad y se les llamo los carros bambuqueros que cubrían todas las rutas para pasajeros y equipaje campesinos desde las veredas y caseríos al pueblo como se le decía a Pereira.
La agencia de los willys que tuvo su almacén de exhibición en primera instancia en la calle 21 con carrera 13 los trajo de dos colores incialmente: rojo y verde y se les conoció como los modelos 52 y 54,  que pasaron a convertirse en el carro más lindo y apreciado por la sociedad del momento, dejando de lado a los  llamados  Henry Jota que eran con barra de cambios al timón, mientras que estos jeeps traían barra al piso y un cambio de fuerza llamado el trepador o  la doble.

Su costo inicial fue $45.000 y su tanque de gasolina tenía cabida para 10 galones de contenido. Con su trasegar en medio del mercado y su tráfico continuo  fue colmando expectativas por su capacidad de carga y su tamaño que aunque pequeño lo convirtió en la mula de cuatro ruedas, necesario para sacar de las fincas todo el producto de café y otros. Los primeros vehículos de esta naturaleza fueron carpados lo que permitió que su cargamento fuese posible incrementarse.

Con este trabajo el joven artista Mauricio García, rinde un homenaje a este medio de transporte que es muy nuestro, como su obra.

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