Desde julio de 2023, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) ha fortalecido su presencia en el Eje Cafetero con un despliegue territorial que abarca Risaralda, Quindío y el norte del Valle del Cauca.
Así lo explicó Diana Ortiz, coordinadora regional de la entidad, quien lidera las acciones humanitarias y extrajudiciales en esta zona del país.
Inicialmente, el equipo tenía cobertura en Caldas, Risaralda y Quindío; sin embargo, tras la consolidación de planes regionales de búsqueda entre 2024 y 2025, la estructura se reorganizó. Actualmente, Caldas cuenta con un equipo independiente, mientras Ortiz dirige los procesos en Risaralda y Quindío.
Las investigaciones han permitido identificar patrones de desaparición forzada que conectan el occidente de Risaralda con el norte del Valle del Cauca, especialmente entre mediados de los años noventa y mediados de los 2000, periodo en el que hubo cambios en los actores armados y en las dinámicas de control territorial.
“Es necesario analizar estos fenómenos como una sola región, debido a las dinámicas compartidas del conflicto”, señaló la funcionaria.
En Risaralda, la UBPD trabaja con dos planes regionales de búsqueda: uno enfocado en el occidente del departamento, con vínculos hacia el Chocó y el norte del Valle, y otro en el área metropolitana de Pereira. En Quindío también se adelanta un plan específico.
Según cifras preliminares, el universo de personas desaparecidas en Risaralda asciende a entre 1.700 y 2.000 casos registrados en el contexto del conflicto armado antes del 1 de diciembre de 2016. No obstante, solo alrededor de 300 familias han presentado solicitudes formales de búsqueda ante la entidad.
Esto evidencia que cerca de 1.400 casos aún no cuentan con una solicitud activa, ya sea por desconocimiento de la entidad o por falta de acercamiento de los familiares.
En cuanto a resultados, la Unidad ha recuperado 54 cuerpos en Risaralda y Quindío, de los cuales 24 han sido identificados o cuentan con orientación de identidad, lo que representa un avance cercano al 50%.
Ortiz destacó que la desaparición forzada es uno de los hechos más dolorosos del conflicto, ya que genera un duelo inconcluso en las familias. “Es una espera permanente. Siempre existe la esperanza de que quien toque la puerta sea su ser querido”, afirmó.
La mayoría de las personas desaparecidas son hombres, mientras que cerca del 80% de quienes los buscan son mujeres. En Risaralda, se estima que hay alrededor de 400 personas buscadoras, de las cuales el 85% son mujeres.
Mujeres buscadoras
Como parte de su estrategia de acercamiento a la comunidad, la UBPD ha implementado iniciativas pedagógicas como la galería ‘Mujeres buscadoras’, una exposición fotográfica que visibiliza a familiares —principalmente madres, esposas e hijas— que continúan en la búsqueda de sus seres queridos.
La entidad, creada tras la firma del Acuerdo de Paz, cumple un mandato humanitario y extrajudicial: busca a todas las personas desaparecidas sin distinción de su rol en el conflicto, garantizando confidencialidad a quienes aporten información.
“Esto permite que personas que antes no hablaban por temor a procesos judiciales puedan contribuir con datos clave para avanzar en las investigaciones”, explicó Ortiz.
Las acciones de búsqueda incluyen tanto la intervención en cementerios como la exploración de zonas rurales donde se presume la existencia de inhumaciones clandestinas.
La UBPD continúa ampliando su presencia en los municipios del Eje Cafetero, con el objetivo de fortalecer la participación ciudadana y avanzar en la localización de las personas desaparecidas en el marco del conflicto armado.
Ruta de búsqueda
La coordinadora de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, Diana Ortiz, explicó que estos procesos no siempre terminan con la recuperación de un cuerpo. En algunos casos, también se logran reencuentros con personas vivas, incluso después de décadas sin contacto. A nivel nacional, la entidad ha superado los 500 reencuentros.
Según Ortiz, el proceso inicia cuando un familiar presenta la solicitud de búsqueda, ya sea de manera presencial, telefónica o virtual. A partir de ese momento, se abre un diálogo con la familia para recopilar información clave como edad, ocupación, lugar y fecha de desaparición, lo que permite contextualizar cada caso.
La coordinadora señaló que la Unidad analiza estos datos para identificar patrones que puedan relacionar varios casos y así avanzar en la investigación humanitaria. Además, tiene la facultad de solicitar información a entidades como la Fiscalía, Medicina Legal y la Jurisdicción Especial para la Paz, sin restricciones.
Otro paso fundamental, explicó Ortiz, es la toma de muestras genéticas a los familiares, las cuales se integran a un banco nacional. Esto permite cruzar información con cuerpos recuperados en cualquier región del país, teniendo en cuenta que una persona desaparecida en un lugar puede ser hallada en otro.
Finalmente, la directora destacó estrategias como la “búsqueda a la inversa”, que permite encontrar familias de cuerpos ya identificados, y las acciones para ubicar personas que podrían estar vivas. Todo este trabajo es realizado por equipos de investigadores y forenses, con un enfoque humanitario orientado a la verdad y la dignificación de las víctimas.
En cifras
Personas dadas por desaparecidas
Colombia: 136.010
Solicitudes recibidas: 36.731
Entregas dignas: 677
Risaralda: 1.426
Solicitudes de búsqueda: 281
Entregas dignas: 10
Quindío: 663
Solicitudes de búsqueda: 133
Entregas dignas: 7
Norte del Valle del Cauca: 161
Solicitudes de búsqueda: 112
Entregas dignas: 3


