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jueves, octubre 6, 2022

Maruja Vieira: 100 años en olor de poesía

Una mujer que fue capaz de ganarse un espacio en los círculos literarios donde debatían los grandes poetas colombianos, como el Café Automático, a donde fue invitada por León de Greiff.

José Miguel Alzate

Nació en Manizales el 22 de diciembre de 1922. Es decir, dentro de cuatro meses arriba a la edad de cien años. Para una mujer que ha vivido un siglo en olor de poesía, tiene un significado especial celebrar una edad a la que pocos seres humanos llegan. Y que llegue a esta cima en completo disfrute de sus capacidades mentales, sin sentir mermado su brillo intelectual, consciente de lo que su nombre representa en la poesía colombiana, es un triunfo de la vida. Maruja Vieira, la mujer que ahora está recibiendo el reconocimiento de los colombianos por lo que su voz poética significa, irrumpió en el panorama poético con un libro revelador: Campanario de lluvia, publicado en 1947. Este libro situó su nombre entre las grandes voces de la poesía nacional.
La poesía llegó a su alma por herencia. Formada en un hogar donde las disciplinas intelectuales tenían un espacio privilegiado, quedó marcada para desarrollar una vocación literaria que la ubicaría en los primeros planos de la poética nacional. Su madre, Mercedes White Uribe, que como dice Oscar Domínguez “se enamoró a primera vista de un apuesto coronel conservador”, tenía inclinación por la poesía, y una sensibilidad exquisita por las buenas lecturas. Maruja Vieira debió abrevar en la casa de su tío abuelo, el general Rafael Uribe Uribe, el manjar de la literatura. Esto le permitió, a la edad de veintiún años, acercarse a Pablo Neruda. Al conocerla, el inmenso poeta chileno le sugirió que en vez de firmarse como María lo hiciera con el nombre que en Chile les daban a las Marías: Maruja.
¿Por qué razón puede decirse que esta inmensa poeta nacida en Manizales ha vivido cien años en olor de poesía? Porque nació en un hogar donde este género literario ocupaba un lugar preeminente, no solo porque su madre cultivara la poesía, sino porque contrajo matrimonio con otro gran poeta colombiano, José María Vivas Balcázar, de cuya unión nació otra poeta, su hija María Mercedes Vivas, que heredó de ellos su vocación por la palabra. Según Maruja Vieira, de su esposo se enamoró por la lectura de un poema. Es decir, fue el hilo de Ariadna que unió sus vidas. Con él se conoció en una velada cultural en Cali. Y fue amor a primera vista. Los unió su pasión por escribir poesía, ese complementarse en un arte que los convertiría en figuras reconocidas, ese querer convertir sus existencias en un surtidor de versos.

Obra literaria
La obra literaria de Maruja Vieira, una mujer que fue capaz de ganarse un espacio en los círculos literarios donde debatían los grandes poetas colombianos, como el Café Automático, a donde fue invitada por León de Greiff, está contenida en quince libros que enseñan su calidad poética, su lenguaje orquestal, sus metáforas espléndidas y sus símiles brillantes. Su poesía tiene ecos lejanos de Juana de Ibarbourou y una sentida influencia de Alfonsina Storni, mujeres que la marcaron en la búsqueda de su propia voz. Para Cristo Rafael Figueroa, “su poesía, forjada desde lo vivido, no es ejercicio retórico, divertimento erudito o recreación evasiva: es su manera de ser y de estar en y con el mundo”. Ignacio Ramírez, por su parte, dijo que renovó las formas liricas de expresión, dejando atrás el lenguaje superfluo.
En la poesía de esta creadora de belleza se advierte la armonía con que pasa de un tema romántico, donde aflora toda su sensibilidad como mujer, a un tema intelectual, donde expresa su preocupación por la suerte de los libros. Su poesía está nimbada de palabras bellas, de alegría espiritual, de referencias al paisaje y de emoción interior. Cuando se pregunta: “¿Qué importa el número de páginas de un libro,/ la extensión de los versos de un poema?”, ella misma nos da la respuesta: “¿Le contamos al mar sus olas,/ a la rosa sus pétalos,/ sus caminos al viento?”. En el poema “Tus cartas” Maruja Vieira expresa su alegría en el alma: “Sólo tengo tus cartas, pero tener tus cartas es dulce en esta niebla. Es como andar contigo por las calles y decirte: este parque me vio jugar de niña”.
Uno de los más bellos poemas escritos por Maruja Vieira es “Cuento del mar”. Aquí el lenguaje tiene tonalidades que llevan al lector a sorprenderse con su fuerza expresiva, con su preciso manejo de la palabra, con la belleza de las figuras literarias. Veámoslo: “Sangre de marineros/ que me viene a cantar/ en las venas dormidas/ con voz de inmensidad./ En este poema quiere expresar, en lenguaje claro, lo que le despierta en el alma ese viento que sopla sobre las olas, ese azul del cielo que parece confundirse en la distancia con el mar, esos marineros que como dijo Neruda “Dejan una promesa, no vuelven nunca más”. Ella los llama “marineros errantes/ que perdieron el mar”. Como le canta al mar, con asombro ante su belleza, Maruja Vieira lo hace sobre Manizales, la ciudad donde vino al mundo.

 

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