María Emma Mejía: Las ideologías desplazaron los sueños de integración

Jaime Ortega Carrascal

El multilateralismo está en crisis en el mundo y en América Latina prácticamente terminó, afirma la excanciller colombiana María Emma Mejía, quien considera que los sueños de integración regional fueron desplazados por las ideologías.

Mejía acaba de publicar su libro de memorias “El camino que abrimos”, editado por Penguin bajo el sello Debate, en el que hace un relato de su vida y de los acontecimientos de los cuales fue protagonista o testigo como canciller, ministra de Educación, embajadora de Colombia en España y ante la ONU o consejera presidencial.

“Definitivamente el multilateralismo regional prácticamente se nos acabó, con excepción de la OEA y de la CAN, son muy pocas las instancias de integración (que quedan), que fueron muy fuertes en América Latina”, afirma en una entrevista con Efe sobre su libro, que tiene prólogo del escritor Héctor Abad Faciolince y que presentará en los próximos días en la Feria del Libro de Madrid.

Mejía, que vivió de cerca los esfuerzos de integración regional de los años 90 y comienzos de este siglo, y como secretaria general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) -entre 2011 y 2012- encabezó algunas de esas iniciativas, siente que el escenario ha cambiado y eso se refleja en el desmantelamiento de ese organismo que llegó a estar integrado por 12 países.

“Las ideologías de alguna forma fueron alejando, fueron haciendo sospechosos los mecanismos de integración; Unasur, por ejemplo (…) lamentablemente ha ido muriendo”, dice, y añade que en el contexto mundial también se han “ido perdiendo posibilidades de integración”, algo que se nota en Naciones Unidas, donde hay “confrontaciones muy fuertes, muy duras”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PALOS DE CIEGO

Desde su experiencia como diplomática, Mejía analiza también la política exterior colombiana, de la que afirma en el libro que tiene tantos años de historia y de nombres ilustres, “pero también tantos palos de ciego de nuestro país en su relación con el mundo”.

En ese sentido considera que se vive un periodo “difícil, lo veo complejo”, porque el país por un lado perdió el impulso internacional que tuvo como modelo en resolución de conflictos gracias al acuerdo de paz con las FARC, y por otro, por las dificultades en la relación con Estados Unidos y la ruptura con la Venezuela de Nicolás Maduro.

“La relación con Estados Unidos atravesó momentos muy duros en la campaña (presidencial)” por el alineamiento de un sector del Gobierno colombiano con Donald Trump, afirma, al tiempo que lamenta que con Venezuela se haya roto esa relación de “hermanos siameses” que caracterizó a los dos países.

También lamenta que Colombia haya quedado al margen de los diálogos entre el Gobierno y la oposición venezolana en México y sueña con “que en estos diez meses que le quedan al Gobierno (del presidente Iván Duque) haya un intento de volver a jugar un papel” en la búsqueda de soluciones a la crisis de ese país, pues no ve acertado “creer que todo lo que está ocurriendo de alguna forma sean cortinas de humo (de Maduro) para continuar en el poder”.

Al hablar de las “no relaciones con Venezuela”, recuerda la propuesta de su primer jefe político, el candidato presidencial Luis Carlos Galán, asesinado en agosto de 1989, de hacer “un detente de cuarenta años” en las diferencias limítrofes con el fin de cambiar “la tensa relación diplomática entre los dos países”.

“Yo me sueño con volver a tener la frontera abierta”, dice, aunque opina que no será posible para Colombia volver a tener “el hermano siamés porque eso ya no será igual”.

LA GUERRA PERDIDA

La diplomática aborda también en su libro el problema del narcotráfico y es tajante al afirmar: “La guerra contra las drogas ha fracasado”, y aunque defiende “una nueva mirada” para este problema, se declara “realista” al señalar que “la legalización está muy lejos del escenario internacional” porque es algo que no depende de unos pocos países sino que tiene que ser “un proyecto mundial, multilateral”.

Mejía dedica buena parte de su libro a la educación, Ministerio que dirigió entre 1995 y 1996, defiende que ésta debe ser una prioridad nacional y una política de Estado.

“No vamos a sacar al país de la crisis mientras no haya un compromiso del Estado que brinde a la población opciones y oportunidades. Educación, educación, educación, como lo pregonaron Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán, ambos ministros de Educación en su tiempo”, señala en su libro.

Mejía, que fue en dos ocasiones candidata a la Alcaldía de Bogotá y aspirante a la Vicepresidencia en 1988, afirma que la vida política nacional es una puerta “totalmente cerrada” pero sí deja abierta una ventana a los organismos internacionales.

“Naciones Unidas es algo que siempre me ha gustado y voy a seguir colaborándole en todo lo que el secretario general, a quien acabamos de reelegir por otro periodo de cinco años, quiera o necesite”, concluye.

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