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sábado, diciembre 3, 2022

Madre Sierra, segunda novela de Martín Fierro

Los habitantes de Palomino, un pueblo en la falda de la montaña, se han habituado tanto a la guerra que incluso juegan con naturalidad a adivinar quién morirá primero.

n Alberto Rivera

Poco antes de morir, en las afueras de Róterdam, Mafred Janssen le encargó a su hija un último deseo: enterrar sus cenizas en la Sierra Nevada de Santa Marta —donde había vivido— y sembrar allá una ceiba. Esta misión cambiará el destino de Marysa, quien debe regresar a Colombia; pero también de Jacinto, un campesino que la ayudará a cumplir su propósito.

Para lograrlo, tendrán que enfrentar los peligros de la montaña y obtener el permiso de las Mamas. Madre Sierra es la historia de una región fracturada por el dolor, la violencia, el narcotráfico, grupos armados y disputas por el control territorial.

Los habitantes de Palomino, un pueblo en la falda de la montaña, se han habituado tanto a la guerra que incluso juegan con naturalidad a adivinar quién morirá primero. En la montaña se funden el canto de los pájaros, los árboles, el sendero, las piedras, el espíritu del jaguar y tradiciones sagradas. Cual espejo nocturno que irradia la bóveda del cosmos, la montaña también significa un reencuentro y una redención hacia lo infinito, la continuación de muchas vidas entrelazadas.

¿Quién es Mafred Janssen quien pide que entierren sus cenizas en la Sierra Nevada de Santa Marta?

Un jipi holandés que conoció la Sierra Nevada de Santa Marta, y tal como le ha sucedido a muchos extranjeros y también a muchos colombianos, se enamoró de ella y pasó largas temporadas viviendo allá desde la década del setenta.

Marysa, su hija, debe regresar a Colombia ante ese pedido. ¿Qué piensa ella de este país y la aventura que le espera?

Marysa ya tenía una conexión fuerte con Colombia y con la Sierra Nevada de Santa Marta gracias a sus padres. Pero esta vez debe regresar con la misión de enterrar las cenizas de su papá, Mafred Janssen, en la parte alta de la Sierra. Le espera un viaje exigente desde el punto de vista físico y emocional, porque además del duelo por la muerte de su papá, trae un desamor a cuestas. Su caminata por la Sierra Nevada junto a Jacinto Daza, el guía que la acompaña, es el eje principal de la novela. Y esa caminata, desde luego, no será ajena a los peligros que acechan en la montaña.

¿Palomino, un pueblo ubicado en la falda de la montaña, qué brindará a Marysa en su recorrido?

El contexto de la novela, ubicado a mediados de la década del 2000, da cuenta de un Palomino que intenta volver a la normalidad luego de que los grupos paramilitares que dominan la zona se acogen a la Ley de Justicia y Paz y firman un acuerdo con el Gobierno para desmovilizarse. No obstante, la tensión por la violencia vivida en los municipios y veredas ubicados en la falda de la Sierra es constante, y es en ese entorno difícil que Marysa intentará cumplir la promesa que le hizo a su padre antes de morir, que es ser enterrado junto al río Cuices, y ahí, donde él descanse, sembrar un árbol de ceiba a su memoria.

Violencia, narcotráfico, grupos armados y disputas por el control territorial va a hallar la protagonista en la obra. ¿Cómo lidiar con esto en sus páginas?

Es importante decirle a los lectores que esta no es una novela sobre el conflicto armado, pero sí tiene como telón de fondo el contexto de violencia que se vivió en la Sierra cuando grupos de paramilitares se disputaban el control de la vertiente norte. Esa violencia dejó miles de muertos y desplazados, y constituye uno de los capítulos más dolorosos y sangrientos que haya vivido el Caribe colombiano. Ojalá que nunca a repetirse.

Los habitantes “juegan” a adivinar quién morirá primero en medio de esa violencia que se vive. ¿Cómo lo hacen y qué logran?

Los personajes asentados en Palomino intentan recomponer sus vidas aprovechando que la violencia les da «un respiro». Retoman sus negocios, abren las escuelas, reactivan el turismo, etc. Pero no se confían del todo porque temen que pueda regresar. Viven como miles de colombianos, en una constante zozobra sobre su futuro, intentando no claudicar ante la adversidad o la desesperanza. Algunos han perdido familiares o amigos cercanos.

La montaña es reencuentro y redención. ¿Marysa qué halla de cada una de ellas?

La montaña es un desafío enorme para Marysa, quien llega quebrada por la muerte de su papá, con un desamor doliéndole mucho, y con la incertidumbre de no saber si podrá enterrar las cenizas de Mafred Janssen en lo alto de la Sierra, pues para lograrlo necesita la autorización de una Mama muy importante. ¿Lo logrará? Dejemos que el lector lo descubra por sí mismo…

Hay muchas vidas entrelazadas en la obra y cada una nos lleva a enfrentar los peligros de la montaña…

Así es. Todos los personajes caminan por la Sierra en función de sus propios objetivos: unos buscan la sanación; otros desligarse de un pasado violento; otros encontrarse con la sabiduría de los koguis y con la fuerza sanadora de la montaña. No es una aventura fácil pero están ahí para enfrentarla.

¿Cómo se da el permiso de los Mamas?

Los Mamas, como autoridades espirituales, políticas y administrativas de la Sierra, y como «hombres de conocimiento», indagan según sus costumbres qué debe hacerse en estos casos. Yo escribí, desde la ficción literaria, una versión acerca de cómo se comportarían en tales circunstancias, pero creo que esta es una pregunta que bien valdría la pena trasladarles a ellos.

¿Qué obra está preparando en este momento?

Una antología de entrevistas y textos sobre música. Llevo más de 20 años dedicado al periodismo musical, como colaborador de El Tiempo y El Malpensante, entre otros medios.

¿Ha servido tu vida periodística para escribir tus libros?

Absolutamente. Sin el trabajo de reportería, sin investigación y sin viajes, esta novela no hubiera sido posible. Fue un proceso exigente, que tomó más de 6 años. La Sierra era un universo completamente ajeno para mí.

El autor

Juan Martín Fierro Abogado y politólogo con estudios de posgrado en Derecho de la Cultura. Se inició como periodista en revista Semana, y es colaborador de El Tiempo desde hace más de veinte años. Publicó La música en mis ojos (Arango Editores), su primera novela, en 1997; y la biografía Sofronín Martínez: el ángel de Pasacaballos (C&A Editorial) en 2015. Madre Sierra es su segunda novela. Actualmente prepara una antología de entrevistas y textos sobre música.

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