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martes, septiembre 27, 2022

Los tiempos difíciles del Jazz

Harold Salazar A.

Jazz después de la medianoche, así de forma sugestiva como lo es el título y la música del álbum de Lester Young, también lo son algunos de los pasajes de la vida de este género musical y la de muchos de sus intérpretes que desde sus orígenes pareciera condenado a pasar por tiempos difíciles. Existieron verdaderas cruzadas de exterminio y censura dirigidas a un estilo musical que nace en la cuna de una población marginada, esclavizada, oprimida y de color negro. Al interpretar el jazz en los años finales del siglo XIX y principios del XX, se corría el riesgo de ser encarcelado, torturado, perseguido y obvio marginado.

El jazz es la música que desde la improvisación construye momentos espirituales, nostálgicos y soñadores. Obsequia instantes de profunda alegría, improvisa, armoniza desde la más íntimo del ser, es espontáneo, es un canto de libertad y en sus inicios de protesta, nace desde las condiciones de vida de quien lo produce. Es la música que se construye día a día, se hace sobre la marcha, por eso cada noche se regalaban ritmos diferentes. Para comprenderlo en parte es necesario tener algún conocimiento de sus orígenes, articulado a las pautas sociales y al estado de ánimo, principalmente en el sur de los Estados Unidos.

El jazz contiene en sus primeros pasos un canto mezclado con ritmos y melodías que añoran las antiguas melopeas africanas, lo que nos lleva a imaginarnos sus campos arcaicos cuando sus fiestas desgarradas eran acompañadas de la percusión de los tambores. Se le arrebató al continente africano el espíritu, el alma y la libertad, por medio del tráfico de millones de esclavos que fueron transportados al mundo “civilizado” como mano de obra, cortando todo lazo con sus familias, con sus tierras, costumbres, sueños y tradiciones. Un momento de tragedia humana enmarcada por el horror. Y ese dolor del desprendimiento es lo que permitió a los negros, y sólo ellos, regalarnos esta música.    

El origen del jazz es el producto de la mezcla de una variedad de factores que se consolidaron a través del tiempo. Luisiana (Louisiana) y una amplia zona alrededor del río Mississippi, anexando a Alabama y  Georgia, son estados que primero fueron gobernados por los españoles, luego por franceses y finalmente por los Estados Unidos, adicional a tener a New Orleans -N.O.- como puerto marítimo, que en su momento llegó ser una ciudad cosmopolita, eventos que permitieron integrar diversas etnias y culturas: la europea, la americana, la española y la caribeña, lo que estableció unas condiciones especiales, desde lo social, lo económico y lo cultural.

La esclavitud en toda la región del sur del río Mississippi, era un factor de amplia aceptación. Más de 15 millones de seres humanos fueron extraídos del África y vendidos como esclavos a todo el mundo, en especial a América, para trabajar en las plantaciones de algodón, tabaco, arroz. El llanto y los lamentos eran el pan cotidiano por allá en los años 1700 hasta muy avanzado el siglo 19, los nuevos dioses que les fueron impuestos a los esclavos por el cristianismo no les hicieron olvidar sus tradiciones religiosas, ellos llegaron con la santería, sembrada en sus mentes como forma de explicación al dolor. Después apareció el vudú, —el cual ingresa a los Estados Unidos por medio de los esclavos llegados de las islas caribeñas— representado en bailes como la bamboula y la kalinda, expresiones practicadas en el célebre Congo Square en el centro de N.O. —ver ilustración— El batido de las palmas de sus manos tal vez sea explicado como una forma de reemplazar el sonido de los tambores de su antigua África y las bailes las antiguas danzas. Se integraron elementos religiosos y sociales, lo que derivó con el surgimiento de los spirituals, ritmos religiosos que predominaron durante más de dos siglos; una expresión que involucra la súplica en las canciones del trabajo. Era la forma favorita de los esclavos para entonar sus himnos. Pero a la par de los spirituals, en las zonas rurales del sur de Estados Unidos, se incubó el blues, “…música expresada por un proletariado primero rural y luego urbano al que le va mal en la vida”. (Joachim Berendt, El jazz. P. 201).  El blues en la mayor parte de su expresión es un lamento, un aullido de los esclavos en las plantaciones o el canto solitario en las noches alrededor de un río, de aquí su diferencia con los spirituals. Por eso el blues autentico pertenece a una relación contextual de una época, una región, unas condiciones sociales; razón por la cual algunos autores consideran un contrasentido que el blanco cante blues, pero en su desarrollo histórico se encuentra que el hombre blanco lo hace desde la nostalgia, el sentimentalismo, al final somos seres humanos que nos entrelazamos en un mismo camino de lucha y esperanza. Es el blues que años más tarde el Kux Klux Klan perseguiría sanguinariamente.

 

 

 

 

 

 

 

En 1857, se les negó a los negros su ciudadanía, después surgiría la guerra de Secesión, entre los estados del Norte y los del Sur. Si bien los estados esclavistas del Sur pierden la guerra, la segregación racial continuó. Con la eliminación de la esclavitud, los negros llegan a las ciudades y con ellos sus cantos. En especial se debe hacer referencia a N.O., pues allí se concentró la mayor parte de los nuevos hombres “libres”. Momento histórico que permitió la mezcla de música religiosa, folklórica, las melodías francesas y españolas que se funden con los ritmos africanos. Las danzas de los esclavos de diferentes estados sureños, dan paso a las bandas ambulantes, a la vez que estos esclavos liberados descubren nuevos instrumentos como el piano, que dio soporte al estilo musical conocido como el Ragtime, sus antiguas palanganas de metal dieron espacio a las cornetas y clarinetes. Los finales del siglo XIX en N.O., fueron un hervidero de nuevos ritmos musicales, eran danzantes, se autorizaron los bailes públicos y privados, por ejemplo, el vals, la polka, la mazurca.

Pero N.O, no era solo eso, era la ciudad donde se llegaba con sueños, donde pocos triunfaban y la tristeza conjugada con la nostalgia y el sufrimiento eran el común denominador. El olor pestilente del sudor engendrado en las plantaciones se trasladaba a la cuidad; la dureza de la vida se trataba de olvidar en las tabernas, en los prostíbulos, además, en lo que a búsqueda de placeres mundanos se refiere, la segregación desaparecía, pero solo allí. Los burdeles eran compartidos por blancos y negros, especialmente en el histórico barrio de Storyville, cruce de estrechas calles polvorientas, transitadas por aventureros, colonos; barrio francés conocido como el Jardín del Pecado, donde la música que se comenzaba a configurar se le empezaba a asociar con el jazz. Las noches en ese barrio era un submundo de música, alcohol, prostitución, lujuria; juego, baile, placeres nada lícitos, un mundo que se fundía hasta el amanecer. Pero los negros se negaron a mezclar su música, una forma de resistirse a la cultura blanca dominante. Su capacidad creadora, sus realidades del trabajo en el campo con sus cantos, los spirituals, el blues, cimentaron los orígenes del jazz.

El origen mismo de la palabra jazz está inmersa en diversas teorías que ayudan a entender ese complejo mundo en el que nace. Los esclavos en las plantaciones de algodón para mitigar en algo el desprendimiento de su mundo, soportar en sus largas jornadas la intensidad inclemente del sol, batían sus palmas, entonaban cantos, realizaban movimientos rítmicos con sus cuerpos, a veces caminaban en círculos, pero sus piernas estaban encadenadas por grilletes, esas cadenas de hierro o acero que limitan la libertad y el caminar, grillos que producían sonidos como sas, sas, sas, lento, continuo y doloroso. Ese sonido después se convertiría en jass, pero no es la única teoría alrededor del tema: el olor a Jasmín en los prostíbulos de N.O., o la relacionada con el vocablo galo, “jazaer” que hace referencia a las charlas alegres que se daban en los barrios franceses de la época en N.O.  Existen tan infinitas teorías que se deja a la discreción de cada lector optar por la que considere más creíble.

En la bruma del tiempo entre los finales de 1800 y principios de 1900, se puede establecer como la época en que el jazz se consolida como música, si bien es desarrollada por los negros en sus primeros pasos, tal como se ha mostrado, no se le puede negar la influencia de los migrantes del Caribe, de la música occidental, de la etnia blanca, como sucedió con sus bandas que cruzaban las calles de N.O., enfrentándose a las de los recién liberados esclavos,  en un espacio de inmensa creatividad e intercambio cultural. Esos fueron los primeros tiempos difíciles del jazz. Aún no había terminado su tortuoso camino, la segregación racial, más la asociación de esta música con el color de la piel, la mala fama de Storyville y los pobres, solo intensificó su marginación y persecución.

A través de la historia de los músicos del jazz, se logra evidenciar cuan compleja ha sido la historia de este género musical.  Buddy Bolden “…es el hombre que ha iniciado todo en jazz” decía Mutt Carrey, cornetista de la época. Cuando niño, Buddy fue lustrabotas, luego peluquero, probablemente asistía los domingos a Congo Square, no conocía las notas musicales.

En 1880 crea su primera banda, convirtiéndose en la más famosa de la ciudad, tan solicitada que llegó a tocar en siete lugares diferentes en la misma noche, su potente sonido de corneta llegó a decir alguien, se escuchaba en todo N.O., pero su destino comenzó a declinar cuando comenzó a tocar notas falsas y un día en pleno desfile callejero de un funeral, enloqueció. Durante 24 años vivió en un psiquiátrico, donde algunas veces se asomaba a la ventana, tal vez mirando los campos donde sus antepasados laboraron.  Otro grande de los inicios del jazz fue Joe Oliver a quien se le agregó el título de “King”. Constituyó su primera banda de jazz —la primera en grabar discos— inspiró y enseño a Louis Amstrong. En 1928 comenzó a perder su dentadura, hasta que en 1930 desaparece del ámbito musical; murió trabajando em el servicio de limpieza de una piscina pública. La canción Strange Fruit fue inspirada en una fotografía de los cuerpos de Thomas Shipp y Abram Smith, ambos negros, colgados macabramente de un árbol con la ayuda de una cuerda (“extraños frutos cuelgan de los álamos”), compuesta por Billie Holiday, una mujer símbolo musical de la protesta contra la discriminación.

Holliday grabó más de 350 canciones, reconocidas por su particular parafraseo, un canto sensible, suave, natural, donde siempre habló del amor, del hambre, de la sed de justicia, un reflejo de su vida que contiene una violación a los 9 años. A sus doce años y junto con su madre se dedican a las labores domésticas en un burdel. Acabaron ejerciendo la prostitución y al final de su vida incursionó en el mundo de la drogadicción. Su condición de mujer y ser negra, a pesar de su éxito musical, no la excluyeron de la marginación, humillación y discriminación, fenómenos que derrumbaron su vida. Lester Young, uno de los genios del jazz moderno en sus inicios, el que decía que nunca se podía tocar lo mismo dos noches seguidas, es reclutado por el ejército, que quería que todos fueran iguales, idénticos, con el mismo aspecto, al que le solicitaban que en las marchas militares les diera ritmo a los brazos. Young, un gran genio creador es vejado, humillado, uniformado e interrogado, pues no podía tener en la celda, la foto de una mujer blanca, aunque ella fuera su esposa.

Thomas Mann decía sobre la música: “La considero políticamente sospechosa”, lo mismo opinaban sobre el jazz dos dictadores: Hitler y Stalin. Ambos censuraron y persiguieron el jazz, por ser música extranjera, imperialista, y de un grupo étnico que poco les agraciaba, los negros. La política de Stalin —con mayor énfasis después de la segunda guerra— se caracterizó por una fuerte prohibición del jazz en todas sus expresiones, desde el decomiso de discos o la detención de jóvenes que fueran seguidores de esa “música occidental”. Stalin prohibió el saxofón y sus sonidos pues eran una aberración “capitalista”.

La vida del jazz continuaba siendo compleja en la tierra de sus orígenes. Con la llegada de la Ley seca en los Estados Unidos, desde 1920 hasta 1933, el jazz, sus intérpretes y los sitios donde se escuchaba, fueron perseguidos. La vida dura y ambulante llevó a que muchos inmortales del jazz desaparecieran a edades tempranas. El jazz se tenía que escuchar en sitios clandestinos de las grandes ciudades, donde a su vez fueron surgiendo las bandas musicales que comenzaron a interpretar ritmos bailables, de esta forma nacieron las Big Bands, los cuales debían recorrer largos caminos entre distintas ciudades, dormir y vivir en los mismos buses utilizados para las giras, ateniéndose a los desperfectos de los carros,  probando algo de comida, si la lluvia estaba presente el día del concierto, ningún pago se recibía, algunas veces solo un emparedado era la utilidad recibida después de recorrer más de 800 kilómetros, en tiempos donde las grandes autopistas aún no existían. Pero en el año 1941, llegó otro impuesto para todo local que empleara cantantes, además de las restricciones horarias. Las grandes bandas se desintegraron y dieron paso a un nuevo jazz, el bob jazzístico, pero no el fin de la segregación. En Don’t blame me, Thelonious Monk enseña parte su genio musical, especialmente en el piano, “doblando las teclas como si fueran naipes de una baraja”, (Dyer Geoff). Encarcelado inicialmente por no delatar a su amigo Bud, por posesión de drogas y luego, cuando el recepcionista de un hotel le negara aceptarlo y a venderle agua, la policía lo premia no solo encarcelándolo, sino, golpeándole sus manos, tan fuerte que le hicieron sangrar e inflamarle los nodillos. Pero su genialidad pudo más que el odio.

Y así se pueden narrar historias alrededor de Charlie Parker, Art Pepper, entre otros muchos artistas perseguidos, por su color de piel, pero ellos lograron dejarnos lo mejor de la música que improvisa, que es espontánea, que dignifica la verdadera espiritualidad humana.

Nina Simone, en su disco Mississippi Goddam, inició su período de apoyo a las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos. Transcurría el año de 1965 y Nina, cada día se involucraba más en sus campañas en favor de la libertad y la igualdad racial, pero a las disqueras poco les interesaba esa lucha y dejaron de apoyarla. Su viaje a África para comprender sus raíces, y finalmente su regreso a París, permitieron identificarla con ese grupo de mujeres que después de la marginación y humillación, cesaron en su capacidad creadora, a la vez que el encanto de su vida artística se desmorono.

Todavía hoy el jazz sigue vivo y en permanente evolución. Los nuevos tiempos han llevado al jazz a grupos selectos de personas, y por lo general en ambientes cerrados. Hoy se escucha a Elías Eliane, Katie Meluk, Diana Krall, Cecile Mclorin, Kamasi Washington, Aaron Diehl, Mary Halvorson, entre otros muchos. Un jazz que se resiste a morir a pesar de los momentos difíciles, que se reinventa, su forma sincopada, estética, nostálgica, seguirá reglándonos esos tiempos para soñar, no solamente después de medianoche.

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